¡El envejecimiento va a llegar!

El título de esta entrada podría ser un reclamo humorístico, pero no lo es. Se trata de una realidad que ya está presente en los países más desarrollados y que acabará por alcanzar a todo el mundo en unas pocas décadas.

Una visión general nos muestra, hoy, un mundo muy diverso:

 

 

Conviven en la actualidad un continente muy joven, África, donde la media de edad de la población es inferior a los 20 años, con Europa, donde ya supera claramente los 40.

Los problemas derivados de esta realidad, como son la falta de cotizantes y la quiebra de los sistemas públicos de pensiones, la sobrecarga de los servicios, públicos o privados, de atención a los mayores, la proliferación de enfermedades crónicas, y otros menos visibles pero incluso de mayor calado, como la escasez de innovación y el exceso de conservadurismo social, no son utopías sino dolorosas realidades.

La dualidad que se observa puede ser, de momento, una bendición, porque el exponencial crecimiento de la población africana se ve compensado por el ligero descenso de la población propia de los países desarrollados y el bajón que se está produciendo en otros lugares de Asia. De esta forma, el empuje migratorio de los países “jóvenes” puede contribuir a mantener los logros sociales de los países más avanzados, mientras, al mismo tiempo, esos mismos países van alcanzando un mayor nivel de desarrollo.

Así, el problema global, que todavía es hoy el excesivo crecimiento de la población, podría encontrar en las próximas dos o tres décadas un equilibrio que compense los distintos ritmos de unos países y de otros.

A largo plazo, sin embargo, la “juventud del mundo” se agota.

 

 

Dentro de cuarenta años, gran parte de los países europeos, e incluso algún gigante asiático como China, verán cómo su población es, en promedio, mayor de 50 años. Para el año 2100… es posible que ese mismo hecho se dé en casi todos los países del mundo. ¿Qué haremos entonces?

El problema puede parecer aún muy lejano, pero si volvemos la vista hacia nuestra propia casa, resulta que, en pequeña escala, ya lo tenemos aquí:

 

Las comunidades españolas más envejecidas no son, por casualidad, las que menos dinamismo presentan ni las que, de ser Estados independientes, más dificultades tendrían para sostener un modelo de Estado de Bienestar viable.

Cómo detener este proceso, si es que hay que detenerlo, y cómo afrontar una realidad que nos va a cambiar por completo, cuando en el futuro ya ni siquiera será posible echar mano de una inmigración joven (porque en los países de origen ya no sobrarán tampoco los menores de treinta años), es un asunto del que poco se habla pero que será esencial para nuestra supervivencia.

@josesalver

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Tabarnia.

Por eso mismo hay que fomentar las polticas de natalidad hacia los autoctonos, restringir ayudas a la inmigratorio africana, bajar impuestos, reducir burocracia, estado……etc, cosa que los politicos la mayoria de ellos no estan x la labor, y manejan a las masas mediante las televisiones principales, como quieren.