¿Qué sucesos nos alegran o nos amargan la vida?

Las webs especializadas en política, en sociedad, en relaciones internacionales, etc, etc, hace muchas evaluaciones sobre los efectos que tal o cual suceso tienen en nuestras vidas. Pero hay otra historia, más personal, más íntima, que se nos suele escapar y que puede afectarnos mucho más.

Más allá de que nos cabree o nos ilusione, la eventual independencia de Cataluña, por ejemplo, afecta mucho menos a nuestra vida real que ese noviazgo que acabamos de empezar o ese trabajo del que nos han despedido.

Este estudio de Our World in Data nos habla de cómo nos sentimos tras algunos de los hechos más relevantes que se presentan en la vida de las personas, y da mucho que pensar. El “0” de la barra vertical denota el sentimiento de las personas, positivo si está por encima de esa cota y negativo si está por debajo. El “0” de la barra horizontal es el momento del evento, quedando a la izquierda los años anteriores y a la derecha los posteriores.

 

Lo primero que cabe destacar es que hay pocas diferencias en las experiencias de hombres y mujeres. A ambos parecen afectarles por igual (o de forma parecida), parecidos hechos. Aún así hay diferencias.

Lo que peor parecemos llevar es, sin duda, la caída en el desempleo. Varios años antes de que ocurra, parecemos “presentirlo”, y para cuando la situación nos alcanza, lo pasamos mal y prolongadamente mal. Peor, incluso, las mujeres que los hombres.

El despido, sin embargo es algo nos parece afectar poco o algo de lo que, al menos, parece que nos recuperamos con rapidez. Da la sensación de que sus efectos se limitan a unos pocos meses, así que en gráficos a largo plazo apenas nos afecta. En definitiva, lo que nos duele no es tanto que nos echen como que no nos vuelvan a contratar: lógico.

El matrimonio, por su parte, nos causa un subidón repentino (aunque no especialmente intenso, y solo un poco más en las mujeres que en los hombres) que se pasa pronto. Prontísimo. A largo plazo, las mujeres son, incluso, quienes más se decepcionan con él.

Los niños, por su parte, te cambian la vida, pero no para hacerte sentir mucho mejor (ni mucho peor). La expectativa de su llegada parece ser levemente positiva para los padres, mientras que las noches sin dormir y los pañales que cambiar dejan un tufo… levemente negativo. Poco que reseñar.

En cuanto al divorcio, los años previos a que se produzcan son ( casi) un infierno para los hombres, mientras que son casi neutrales para las mujeres. Los años siguientes son buenos para todos: tienen un claro aire de “liberación”.

Por último, lo que realmente nos afecta, lo que nos descoloca repentinamente y nos sume en un profundo pozo es la ausencia de la pareja. Los “viudos” soportan una profunda depresión en el año en que su compañero/a desaparece, que viene precedida de un año previo ya claramente negativo (sin duda por los casos de enfermedad o sufrimiento que a veces acompañan a estas situaciones). Hombres y mujeres necesitan unos tres años para recuperarse del mazazo. Pero, cuando lo hacen, alcanzan pronto niveles de satisfacción superiores a los anteriores a la pérdida. Y esta es, quizás, las mayor lección que podemos sacar: el ser humano tiene una enorme capacidad para sobrevivir y sobreponerse. Casi cualquier cosa que le suceda, salvo la muerte, puede ser motivo, a la larga, para remontar y vivir una experiencia mejorada.

 

@josesalver

 

 

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