¿Quién nos acompaña durante el ciclo de la vida?

Nuestra vida pasa por fases muy distintas. En ocasiones nos parece que todo es un caos informe y que no hay una lógica que presida lo que hacemos, pero no es así.

Hoy os traemos un gráfico (basado en datos de la sociedad americana, pero perfectamente aplicable a la nuestra) que demuestra que, más allá de las variaciones individuales que sin duda hay, la vida de todos nosotros suele estar marcada por fases muy claras que inciden en nuestras relaciones con terceros.

¿Quién nos acompaña en nuestro caminar por la vida?

Hasta los doce años de edad, aproximadamente, la mayor presencia a nuestro lado es la de los padres y hermanos. Pero entre los doce y los veinte años pasamos más tiempo con los amigos que con ninguna otra persona.

Los veinte años, año arriba año abajo, resultan claves. A partir de ese momento los familiares pasan a una posición secundaria, pero… pero los amigos también. De hecho, para el resto de nuestras vidas, los amigos nos ocuparán menos que nuestros propios padres y hermanos: da la sensación de que las obligaciones (el cuidado o la preocupación por los mayores) aún en una sociedad tan dada al desapego como la norteamericana, se imponen en la edad adulta sobre el tiempo dedicado a la amistad.

Al mismo tiempo, al llegar a la veintena, los compañeros de trabajo pasan a ser nuestra compañía más habitual, en reñida competencia con la pareja. Ambos grupos serían los reyes de nuestra atención si no fuera porque… porque entre los 25 y los 50 años aparece de pronto (y luego decae casi tan rápidamente) otro grupo de personas: nuestros hijos. A partir de entonces los hijos serán nuestra principal ocupación, incluso más que la propia pareja o el trabajo que nos da de comer.

Hay que tener en cuenta que esta estadística refleja un promedio, es decir, engloba a todos los norteamericanos, ya estén solteros o casados, tengan o no hijos… lo cual supone que, para el caso de quienes SÍ tienen hijos, las horas dedicadas a ellos son superiores a las que figuran en el gráfico, puesto que los solteros tienen la suerte (o la desgracia, según se mire) de no tener que dedicarle

Resumiendo: podemos concluir que entre los 25 y los 50 años, la mayor presencia en la vida de los que tienen pareja e hijos son ambos (y más los hijos que la pareja), por encima de los compañeros de trabajo.

Para quienes no tienen pareja y/o hijos son los compañeros de trabajo, más que los amigos, los que dominan con claridad.

La llegada de la jubilación nos reconcilia (o nos ata) a nuestra pareja, que pasará entonces a ser nuestra principal compañía. También permite (muy modestamente) recuperar algo de tiempo para las amistades.

Pero el ciclo de la vida es implacable y la soledad acaba por imponerse. Las ansiadas “horas para uno mismo” que muchas personas echan de menos durante la juventud, se convierten en una presencia constante, siempre crecientes y casi siempre indeseadas, en los últimos años de nuestra vida.

@josesalver

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