A juzgar por cómo se van dilatando los tiempos, algunos tienen la sensación de que serás el presidente del gobierno de España para el resto de nuestra vida.  Pero no tienen razón: tu tiempo se está acabando. Has aguantado hasta ahora, y lo has hecho estoica y tercamente, pero todo tiene un límite y tus límites se están acercando.

Por experiencia sabemos que las segundas legislaturas de los presidentes en España son las peores. Salvo la excepción de Felipe González, en quien se dieron determinadas circunstancias especiales, nadie ha conseguido superar los ocho años al frente del gobierno. Normalmente la primera legislatura es una época de toma de contacto, en la que los votantes aún recuerdan mucho (y con desagrado) la experiencia del gobierno anterior. Eso concede al nuevo presidente un colchón que suele bastar para ganar las siguientes elecciones. Pero es entonces, en la segunda legislatura, cuando empiezan los problemas de verdad. El presidente ya no es nuevo ni puede mirar hacia atrás para echar culpas, porque las culpas ahora recaen en él.

Tú, Mariano, estás casi en la mitad de la segunda legislatura (el paréntesis entre el 20-D y el 26-J es una anomalía que no cuenta) y va a empezar a pasarte. Toda tu presidencia, de cara a la opinión pública española, se puede resumir en tres palabras: la economía, la corrupción y el miedo; la cara, la cruz, y el fiel de la balanza.

Tu apuesta durante todos estos años ha consistido, simplemente, en ocultar la corrupción presumiendo con la economía. El gobierno gestiona muy bien; el gobierno es tan distinto de los anteriores (léase Zapatero), que la economía mejora gracias a él y a sus esfuerzos. Si el gobierno sigue gobernando, todo continuará mejorando; si el gobierno cambia, todo volverá a ir mal. La fuerza de tu discurso ha sido enorme durante estos años. El recuerdo (nefasto) que gran parte de la sociedad española tiene de la gestión del presidente Zapatero es tal, que la sola idea de que algo parecido pueda volver a nuestro país hace concentrarse a los votantes en torno al Partido Popular. Por el camino, además,  Dios vino a ver al PP, porque pudo explotar, junto a sus éxitos económicos, el tradicional miedo «a los rojos» encarnado ahora en la persona de Pablo Iglesias. Con estos ingredientes, o sea, el argumento económico unido a unas gotitas de miedo a Podemos, una gran parte de la sociedad no ha necesitado más para continuar votando al PP sin sentirse incómoda por los casos de corrupción.

Pero todo esto se está acabando. La opinión pública evoluciona, y los argumentos que resultan válidos para llegar a un gobierno o para conservarlo al principio, suelen acabar acabar volviéndose contraproducentes cuando el tiempo pasa.

En concreto, el espantajo de Podemos ya no asusta a casi nadie, salvo a unos cuantos ancianos que se encuentran en lento pero inexorable declive vegetativo. En su lugar, un nuevo PSOE, más fuerte, no mete el miedo suficiente como para aglutinar votos a favor del PP. Pero en el Partido Popular muchos no se están dando cuenta de este giro de la opinión pública y perserveran en lo que fue un acierto electoral pero ahora resulta un error estratégico: pasarse el día hablando de Venezuela y lo de malos malísimos que son los populistas/podemitas/comunistas (y los independentistas). Hay todo un batallón de prensa dedicado a airear estas ideas día tras día, para deleite de ancianitos de derechas y aburrimiento de indecisos. Y serán los indecisos, cuyo voto está en el aire, y no los ancianitos, cuyo voto no va a cambiar, quienes decidirán el resultado de las siguientes elecciones. Presentarse como la vacuna contra Podemos, mensaje que tanto benefició al PP en su momento, ya no vale. Empeñarse a estas alturas en seguir inoculando al votante dosis del virus llamado miedo ya no fortalece a tu partido, Mariano, sino que lo debilita.

¿Y qué hay del segundo gran sumatorio de votos para el PP, la economía?

La economía nacional continua mejorando, incluso a mayor velocidad que antes. Pero igual que pasaba con el argumento anti-podemita,  esta mejora es una munición que se agota.  En primer lugar, porque el recuerdo de «los desastres de Zapatero» resulta cada vez más lejano en la mente de muchos votantes. Pasa palabra. Y lo que es peor para ti: las buenas noticias económicas, ahora, tras tres años buenos seguidos, se dan ya por descontadas, así que no suman votos nuevos. En cambio, cualquier giro económico a peor que se pudiera producir, sería responsabilidad tuya, Mariano, a los ojos de la opinión pública. Un solo tropiezo en materia económica, una pequeña mala racha,  hará que muchos abandonen la idea de que solo tú mantendrás nuestros dineros a salvo. Y eso es lo que exactamente va a pasar, antes o después: algo se torcerá en materia económica, algún viento comenzará a soplar en contra, Mariano, y la sociedad entera te hará responsable. Apúntatelo, porque te va a pasar.

Si a lo largo de los próximos dos años la economía pierde algo de su fortaleza actual, todo el castillo de naipes se te vendrá abajo con estrépito. Las críticas serán furibundas. Entonces, la mera aparición de algunos casos más de corrupción, o el simple eco que los tribunales nos devuelvan de casos antiguos, o algún otro problema mal gestionado, que siempre los hay, harán el resto. Es más, el mero transcurso del tiempo conspirará contra ti, con un electorado cansado que buscará en la nueva legislatura un nuevo gobierno.

Ni una afortunada salida del problema catalán (si es que consigues tal cosa), ni ningún otro logro que pretendas exhibir, evitará el cansancio del elector, una vez llegue el séptimo o el octavo año de tu gobierno. Las alabanzas serán cada vez más caras y las críticas más ácidas. Tu partido se irá dejando por el camino uno o varios de millones de votos y no sería raro que quedase al borde de perder los cien escaños en el Congreso. Hace meses que los indicios están ahí, en las encuestas y en mucho más que las encuestas, pero los afectados, como siempre, vais a ser los últimos en enteraros. El PP perderá las elecciones y el Partido Socialista las ganará, si todo sigue igual, en 2020.

El voto del miedo ya no mete miedo a nadie, y la mejora económica está tan asumida que ya no suma, sino que comenzará  restar en cuanto no sea tan vigorosa. Así que si sigues al frente perderás las próximas elecciones. Fijo.

Solo cabe, en mi opinión, una salida mejor para tu partido; perder pronto el gobierno para ganarlo después, por la vía rápida.

Puede que resulte interesante para el Partido Popular, estratégicamente hablando, que Sánchez se lance, pronto y a tumba abierta, a presentar una moción de censura contra ti y que la gane. En ese caso, un débil gobierno socialista, hipotecado por compromisos difícilmente asumibles con Podemos y los nacionalistas, puede ofrecer tales muestras de debilidad que acabará cayendo pronto, desprestigiado y dividido. Entonces, ante unas nuevas elecciones generales, el Partido Popular podrá volver cómodamente al gobierno, presentándose ante los votantes, de nuevo, como el «salvador». Sería a principios o mediados de 2019.

Pero si tal cosa ocurriera, el candidato no serás tú. El partido, discreta pero contundentemente, se encargará de que así sea, aunque ahora, anestesiados por la inercia y los largos años de tu presidencia, nos parezca inimaginable una cosa así.

 

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