Digámoslo clarito desde el principio: este hombre parece bastante limitado. No destaca ni por su inteligencia natural, ni por su visión estratégica, ni por disponer de una vasta cultura política. Es uno de tantos, que tuvo suerte y estuvo en los lugares oportunos en los momentos justos. Por eso ha llegado hasta aquí, nada más.

Además ha tenido suerte hasta cuando le ha faltado. El hecho de que el 1 de octubre de 2016 le echaran de la Secretaría General ha acabado por revelarse como un golpe de fortuna. Le ha venido de perlas a él y a su propio partido, porque ahora, un año después, aquellos tumultos le otorgan una legitimidad y una autoridad ante la sociedad que ni en el mejor de sus sueños hubiera podido imaginar. Las carambolas le han favorecido, y ni Maquiavelo hubiera diseñado un plan tan enrevesado y que le llevara tan lejos en tan poco tiempo y con tan poco coste.

Lo cierto es que aquí estamos, con un Podemos que se ha empeñado en anclarse en la izquierda profunda, dejándole a él todo un enorme campo libre para reinar. Y con un PSOE antiguo, a lo Felipe González & Susana Díaz, que al echarle en 2016, le facilitó el  regreso triunfal para 2017 y de paso le puso en bandeja una identificación ideológica nítida, en la izquierda, que jamás hubiera conseguido de haber ocurrido las cosas de otra manera.

Digamos otra cosa también muy clara: a la mayoría de la gente, a los votantes que deciden en las elecciones, les da igual la historia, la coherencia o la capacidad intelectual de sus políticos. Votan por impulsos, por sensaciones, guiados por emociones que vienen y van. Decir esto puede parecer poco respetuoso hacia los electores, pero es una verdad tan grande como una catedral de grande. El votante medio es olvidadizo, tozudo y voluble; le importa mucho más sentirse bien consigo mismo al depositar el papelito en la urna que todas las razones y las coherencias del mundo. Así que el ciudadano ordinario que se siente de izquierdas lo que ve  ahora es a un hombre que fue machacado por el antiguo aparato del PSOE, un aparato que es percibido como de derechas.  Es un hombre desplazado, alguien que regresa para hacer justicia e imponer el orden natural de las cosas: el de un PSOE de izquierdas.

Esta imagen es tan poderosa y está tan extendida, que la oportunidad que se le abre a Pedro Sánchez para el 2018 es difícil de exagerar. Casi cualquier cosa que ocurra en los próximos meses puede aprovecharla para hacer crecer a su PSOE. Por ejemplo, el referendum catalán, o el no referendum, o lo que vaya a pasar, es la primera oportunidad: de lo malo que nos pase siempre se le podrá echar la culpa, por un lado, a Rajoy o a Rivera, y, por el otro, a sus opuestos Puigdemont o Junqueras. Así que el PSC, y de paso todo el PSOE, pueden salir muy fortalecidos sin apenas mojarse más de lo necesario.

Sánchez tendrá entonces una oportunidad de oro para, utilizando a los chicos de Podemos, que andan un poco de capa caída y se van a prestar a lo que sea, y a los airados nacionalistas, que intentarán mantener vivo el derecho a decidir,  emprender el asalto a la Moncloa. Haciendo gala de sus estratosféricas dotes para la negociacion (esas en las que estaba enfrascado en septiembre de 2016, y que  truncaron de golpe los dinosaurios del PSOE), podrá, a partir del otoño, con su nueva legitimidad a cuestas, aprovechar los rescoldos que queden tras el 1-O para plantear una moción de censura y ganarla.

Así se las ponían a Fernando VII, o a Felipe II, o a quien fuera que se las pusieran. Lo cierto es que Sánchez tiene todas las cartas en la mano, ahora mismo, para resultar el gran triunfador de 2018.  Simplemente con dejar pasar un par de meses más y aprovechar entonces las coyunturas que van a quemar a otros, su PSOE, que está asentado gracias a él en el amplio terreno de la izquierda, puede además darle el sorpasso al PP en dos o tres Metroscopias seguidas. El acabóse, oiga.

Con ese bagaje el hombre se nos plantará en el Congreso de los Diputados, vestido con traje y corbata, una moción de censura en la mano y la victoria asegurada. Ya verán.

Bueno, pues ya verán cómo acaba por fastidiarla. Se liará la manta a la cabeza, saldrá por peteneras, prometerá lo que luego no podrá cumplir o pretenderá nombrar ministro de administraciones públicas a uno de ERC que lo que querrá será dinamitarlas. Vaya usted a saber. Porque quod natura non dat, Salmantica non praestat, latinajo que significa que el que nace corto muere corto y por el camino no hará otra cosa más que empeorar en su cortedad.

Del mismo modo que Forrest Gump se hizo rico, famoso, salió por la tele, dio la mano a presidentes y hasta tuvo un hijo, Pedro Sánchez está llamado, por esas cosas de la vida que se llaman casualidad y suerte loca, a alcanzar grandes metas para luego no saber qué hacer con ellas.

Al tiempo.

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