El domingo 8 de febrero de 2026 concentra varias citas electorales en distintos puntos del mundo. Desde Asia hasta la Península Ibérica, cuatro procesos electorales de gran relevancia política medirán fuerzas, reconfigurarán equilibrios institucionales y ofrecerán señales sobre las tendencias ideológicas dominantes en sus respectivos territorios. Japón y Tailandia celebran elecciones legislativas, Portugal elige presidente y la comunidad autónoma de Aragón renueva sus Cortes. Cada votación responde a dinámicas internas distintas, pero todas comparten un trasfondo común: la tensión entre continuidad y cambio en un contexto internacional marcado por la incertidumbre económica y geopolítica.
Japón: estabilidad frente a desgaste del oficialismo
Japón celebra elecciones legislativas en un momento delicado para el bloque gobernante. El histórico dominio del conservador Partido Liberal Democrático (PLD) ha entrado en una fase de desgaste progresivo tras años de liderazgo casi ininterrumpido. Aunque la formación sigue siendo la fuerza estructural del sistema político japonés, la inflación importada, el envejecimiento demográfico y la presión sobre el sistema de pensiones han erosionado su apoyo en sectores urbanos y jóvenes.
La oposición, tradicionalmente fragmentada, intenta capitalizar este cansancio social. Sin embargo, su capacidad para articular una alternativa de gobierno creíble sigue siendo la gran incógnita. En Japón, las elecciones rara vez se deciden por vuelcos ideológicos bruscos, sino por desplazamientos graduales del electorado. La clave de la jornada estará en la participación: un aumento significativo podría favorecer a fuerzas reformistas; una movilización baja reforzaria el statu quo.
Más allá de la aritmética parlamentaria, la votación servirá como termómetro del perfil de la nueva Primera Ministra, así como sobre el papel de Japón en Asia-Pacífico, su política de defensa y su relación con Estados Unidos y China.
Tailandia: reformismo bajo vigilancia institucional
Las legislativas tailandesas se desarrollan en un contexto político marcado por la tensión entre el impulso reformista y el peso de las estructuras tradicionales de poder. Tras años de ciclos de protestas, intervenciones judiciales y tutelas militares indirectas, el electorado vuelve a pronunciarse sobre el rumbo del país.
El principal eje del debate gira en torno a la modernización institucional y la relación entre el poder civil y la influencia histórica del Ejército y la monarquía. Las fuerzas reformistas han moderado su discurso para evitar confrontaciones legales que en el pasado desembocaron en disoluciones partidistas. Este giro estratégico busca ampliar su base electoral sin activar mecanismos de bloqueo institucional.
El resultado no solo definirá la composición del Parlamento, sino también la viabilidad de reformas constitucionales largamente debatidas. Tailandia representa uno de los casos más visibles de democracia tensionada del sudeste asiático, y la jornada electoral será observada con atención por la comunidad internacional.
Portugal: presidenciales con lectura estratégica
Portugal celebra la segunda vuelta de sus elecciones presidenciales en un escenario donde la figura del jefe del Estado mantiene un peso simbólico y arbitral clave dentro del sistema semipresidencial. Aunque el poder ejecutivo recae principalmente en el gobierno, la presidencia desempeña un papel decisivo en momentos de crisis política.
La campaña ha girado en torno a la estabilidad institucional, la cohesión social y la gestión económica tras años de reajustes presupuestarios y transformación del modelo productivo. El electorado portugués suele valorar perfiles moderados y de consenso para la jefatura del Estado, lo que convierte estas elecciones en un ejercicio de equilibrio entre continuidad y renovación y permitirá ver cómo reacciona el electorado conservador en la disyuntiva de elección entre Seguro (PS) y Ventura (Chega!).
Aragón: laboratorio autonómico
Las elecciones autonómicas en Aragón tienen un peso que trasciende su dimensión regional. Históricamente, la comunidad ha funcionado como un laboratorio de tendencias políticas españolas, reflejando equilibrios entre bloques ideológicos y dinámicas de pactos.
La campaña ha estado marcada por debates sobre despoblación rural, infraestructuras, política hídrica y desarrollo industrial y, sobre todo, por la política nacional. El candidato popular aspira a mejorar sus resultados y no depender de un Vox al alza, mientras la candidata socialista espera ‘salvar los muebles’ para evitar un efecto arrastre tras Extremadura. Aragón encarna muchas de las tensiones territoriales de la España interior: envejecimiento poblacional, desigualdad entre áreas urbanas y rurales, y competencia por inversiones estratégicas.
La fragmentación del sistema de partidos obliga a considerar escenarios de coalición. Más que una victoria clara de una fuerza concreta, lo que está en juego es la arquitectura del próximo gobierno autonómico y su capacidad para articular acuerdos estables.

























































































































































































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