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El voto dual en Alemania se refiere al comportamiento divergente de los electores según el tipo de la elección. Es frecuente que un mismo ciudadano vote por partidos distintos en comicios federales (Bundestag) frente a elecciones estatales (Landtag) o municipales. Esto se traduce en diferencias notables en los patrones de votación entre los niveles nacional, regional y local. A continuación, analizamos este fenómeno, describiendo sus variaciones, su evolución histórica y ejemplos concretos en diversos Länder y grandes ciudades (con especial énfasis en Hamburgo, Berlín, Múnich y Stuttgart), para finalmente explorar las posibles causas políticas, sociológicas y estructurales detrás de estas diferencias.
Variaciones según el nivel de la elección
En Alemania, las elecciones federales suelen presentar mayor participación y una concentración del voto en los grandes partidos nacionales, mientras que en elecciones estatales y municipales se observa una fragmentación mayor del voto. La participación típica en comicios nacionales ronda el 75-80% del electorado, notablemente superior a muchas elecciones regionales o locales. Por ejemplo, en Hamburgo la participación en las elecciones federales de 2025 alcanzó el 77,8%, tres puntos más que en 2021 , mientras que en las elecciones estatales de hoy ha sido ligeramente inferior. Esta diferencia de participación implica que las elecciones subnacionales suelen movilizar menos votantes, a menudo los más politizados o aquellos con interés en asuntos locales.
Además, en elecciones municipales pueden votar colectivos que no participan en las federales (por ejemplo, ciudadanos de la UE residentes en Alemania y, en algunos estados, jóvenes de 16 y 17 años), lo que altera la composición del electorado. En Hamburgo, por ejemplo, la edad mínima para votar en comicios estatales y distritales es 16 años , mientras que en las federales es 18, lo que puede generar un electorado local ligeramente más joven y con prioridades distintas.
En elecciones federales, tradicionalmente dos grandes partidos (Unión Demócrata Cristiana y Socialdemócrata) dominaban el panorama, alcanzando en décadas pasadas sumas de voto superiores al 80%. Sin embargo, esa era parece haber quedado atrás: “la época de los grandes partidos del pueblo, que a veces superaban el 50%, ha pasado”, señalaba en 2025 un portavoz electoral en Hamburgo . Hoy el voto está más repartido: en las federales de febrero de 2025 ningún partido superó el 30% nacionalmente , con un aumento notable de fuerzas como la derecha populista AfD (20,8% en 2025, el doble que en 2021) y la aparición de nuevos actores (como la alianza escindida de la izquierda de Sahra Wagenknecht, BSW) . En cambio, en elecciones locales es común ver proliferación de listas vecinales o partidos minoritarios que obtienen representación debido a umbrales más bajos o ausencia de barreras electorales. Por ejemplo, en el Parlamento regional de Hamburgo 2020 entraron hasta seis fuerzas (SPD, Verdes, CDU, Linke, AfD y FDP) , y en los ayuntamientos es aún más habitual la presencia de partidos pequeños (ecologistas locales, plataformas independientes, etc.) que difícilmente logran escaños en el Bundestag.
Otro patrón es que los resultados por partido suelen variar de un nivel a otro. Los grandes partidos pueden rendir mejor o peor según el ámbito: figuras locales carismáticas o las coyunturas nacionales influyen mucho. Así, un partido puede ganar cómodamente un gobierno regional pero quedar por detrás en ese mismo territorio en la elección federal. Por ejemplo, Los Verdes gobiernan desde 2011 el estado de Baden-Württemberg con amplio apoyo regional, pero en las federales de 2021 en dicho Land obtuvieron solo 17,2% de los votos, lejos de la CDU (24,8%) . Inversamente, la conservadora CSU suele arrasar en las elecciones estatales de Baviera, pero en las federales su hegemonía se reduce ligeramente al compartirse el voto con liberales u otros partidos. Asimismo, es frecuente que los extremos políticos obtengan resultados distintos: la AfD (derecha radical) y Die Linke (izquierda) han logrado ser primeras fuerzas en algunos Länder del este en elecciones regionales, algo que no se ha reflejado con igual fuerza en elecciones nacionales . En general, los partidos de extrema derecha o con discurso antisistema tienden a tener mejor desempeño en elecciones “de segundo orden” (regionales, europeas o locales), donde los votantes expresan descontento sin arriesgar la formación del gobierno federal. Por su parte, en grandes urbes los partidos progresistas (socialdemócratas, ecologistas, izquierda) suelen cosechar más votos en municipales que en el promedio nacional, mientras que los conservadores y la AfD encuentran más dificultades en el electorado urbano educado.
Comparaciones históricas y tendencias
Históricamente, el fenómeno del voto dual en Alemania se ha acentuado con el tiempo. En los primeros decenios de la posguerra, los alineamientos partidistas eran más estables: muchos votantes mantenían lealtad al mismo partido en todos los niveles. Las elecciones estatales solían considerarse “micro-referéndums” sobre políticas regionales específicas, con menor intención de castigar o premiar al gobierno federal. Sin embargo, con el surgimiento de nuevos partidos desde los años 1980 (Verdes, posteriormente la izquierda poscomunista, y más recientemente AfD), y con la creciente volatilidad del electorado, las divergencias entre elecciones se hicieron más notorias. Hoy se aplica en parte la teoría de las “elecciones de segundo orden”, según la cual los comicios subnacionales sirven para expresar descontento intermedio: el electorado suele castigar a los partidos que gobiernan a nivel federal cuando vota en unas autonómicas a mitad de mandato . Por ejemplo, en octubre de 2023, las elecciones regionales de Hesse y Baviera supusieron un claro voto de castigo contra la “coalición semáforo” federal: los partidos del gobierno central (SPD, Verdes y FDP) “perdieron puntos” en ambas regiones , mientras la oposición conservadora y la ultraderecha aumentaron su apoyo. Esas dos regiones, tradicionalmente bastiones de la derecha, revalidaron gobiernos de la CDU/CSU, pero la noticia fue el desplome histórico del SPD y los Liberales en ellas (el SPD quedó en torno al 15% en Hesse y cayó por debajo del 10% en Baviera, y el FDP salió del parlamento bávaro) . De forma similar, durante el gobierno de Angela Merkel (2005-2021) se observaron ciclos donde el partido en el poder federal encadenaba derrotas en elecciones estatales de mitad de periodo, solo para recuperar apoyo en la siguiente general, y viceversa.
Las grandes ciudades han mostrado históricamente comportamientos particulares. En las décadas de 1970-90, muchas urbes industriales (Berlín Oeste, la Cuenca del Ruhr, Hamburgo, Bremen) eran feudos socialdemócratas tanto en elecciones federales como locales, mientras Baviera y zonas rurales votaban monolíticamente a la CDU/CSU en todo ámbito. Pero en los últimos años, las metrópolis se han vuelto políticamente más plurales y volátiles. Los votantes urbanos reparten más su voto: pueden elegir a un alcalde de un partido pero apoyar a otro para la Cancillería. La fragmentación y la presencia de coaliciones variadas en ayuntamientos es ahora la norma – por ejemplo, el Ayuntamiento de Berlín entre 2001 y 2021 estuvo gobernado sucesivamente por coaliciones SPD-PDS/Linke, luego SPD-CDU y más tarde SPD-Verdes-Linke, reflejando los cambiantes equilibrios locales. Mientras tanto, a nivel federal en Berlín el SPD solía ser el partido más votado, pero sin mayorías absolutas.
Otro aspecto histórico es que ciertas figuras o partidos regionales fuertes pueden mantener apoyo en su ámbito a pesar de las tendencias nacionales. Un caso clásico es la CSU bávara, que gobernó Baviera con mayoría absoluta por décadas obteniendo allí mucho más apoyo en las elecciones de Landtag que lo que la coalición CDU/CSU obtenía en Baviera para el Bundestag. También, líderes carismáticos como los Ministerpräsidenten (gobernadores) pueden gozar de un “bonus” electoral local: p. ej., Winfried Kretschmann (Verde) en Baden-Württemberg ha atraído votos de centristas y conservadores, llevando a su partido a victorias regionales inéditas, aunque esos mismos electores quizás voten CDU en las nacionales.
En resumen, la comparación histórica muestra que el voto dual ha pasado de ser la excepción a casi la regla en Alemania: hoy es común que los resultados de unas elecciones estatales no “calquen” los federales, sino que presenten diferencias significativas, reflejando tanto la situación política federal del momento como dinámicas propias de cada Land.
Casos de estudio: Hamburgo, Berlín, Múnich y Stuttgart
Hamburgo: La ciudad-estado de Hamburgo es un ejemplo emblemático de voto dual. Hamburgo ha sido tradicionalmente un bastión socialdemócrata a nivel local – el SPD gobierna la ciudad casi ininterrumpidamente desde la posguerra – pero en elecciones federales su electorado muestra matices distintos. En las elecciones estatales de Hamburgo de hoy, el SPD ha obenido una victoria holgada con el 33% de los votos, confirmándose como primera fuerza por delante de Los Verdes (19%). La elección ha supuesto un respiro para la maltrecha socialdemocracia nacional. Ya en 2020 Hamburgo “rompió la cadena de derrotas electorales del partido en el resto del país” al mantener el SPD su bastión y duplicar Los Verdes su resultado. Por aquel entonces La ultraderecha AfD apenas alcanzó un 5,3%, retrocediendo y quedando al borde del umbral mínimo , y la CDU sufrió una derrota histórica con solo 11,2% – su peor resultado regional desde 1951, quedando en un distante tercer puesto.
En las elecciones federales, incluso Hamburgo refleja el pluralismo y la erosión de los grandes partidos: en la anticipada votación de febrero de 2025, el SPD volvió a ser el partido más votado en la ciudad, pero con apenas 22,7% de los sufragios, seguido muy de cerca por la CDU (20,7%) y los Verdes (19,3%) . Es decir, el mismo Hamburgo que cinco años antes daba casi 40% al SPD en lo local, ahora repartió su voto federal en tercios entre SPD, CDU y Verdes, además de un fuerte repunte de la izquierda radical (Die Linke subió a 14,4%) y de la AfD (10,9%). Este contraste ilustra cómo los hamburgeses distinguen entre unas elecciones y otras: valoran al SPD para el gobierno de su ciudad (por liderazgo local, afinidad histórica y gestión municipal), pero en la arena nacional están más dispuestos a optar por alternativas más a la moda del momento (en 2025, por ejemplo, muchos exvotantes del SPD migraron a la lista de izquierda de Wagenknecht o a la CDU en rechazo al gobierno federal). Aun así, la hegemonía local del SPD en Hamburgo se mantiene.
Berlín: La capital alemana, siendo también un Land, ofrece otro ejemplo interesante. Berlín tiene un electorado muy urbano, tradicionalmente inclinado a la centroizquierda, pero con episodios recientes de virajes notables a nivel local. En la elección estatal de Berlín de 2021 (coincidente con la federal de ese año), el SPD fue el más votado con ~21% y logró retener la alcaldía formando coalición con Verdes e izquierda. Sin embargo, tras irregularidades que obligaron a repetir los comicios, en la repetición de febrero de 2023 los berlineses protagonizaron un vuelco: la CDU emergió primera con 28,2%, creciendo más de 10 puntos respecto a 2021, mientras que el SPD cayó a 18,4% – su peor resultado en la capital en más de un siglo – quedando prácticamente empatado con Los Verdes (18,4%, apenas 53 votos menos) . Este giro permitió que, por primera vez desde 1999, la alcaldía de Berlín pasara a manos democristianas (gobierno CDU-SPD). Lo llamativo es que, a nivel federal, Berlín no ha virado tanto hacia la derecha: en las elecciones generales de 2021 el SPD ganó en la ciudad (aprox. 23% de voto lista) y en 2025, si bien el desplome socialdemócrata se sintió también en la capital, Los Verdes y Die Linke mantuvieron gran parte de su apoyo. Es decir, el electorado berlinés diferenció entre castigar al SPD local (por la gestión percibida como deficiente en temas como vivienda, transporte y administración electoral) y al mismo tiempo seguir votando mayoritariamente opciones de izquierda o progresistas en el Parlamento federal. Berlín también ilustra la pluralidad urbana: en 2023 cinco partidos obtuvieron representación en el Abgeordnetenhaus (parlamento regional), incluido AfD con ~9% y la FDP que quedó fuera por poco . Pero en unas municipales de distrito o en elecciones europeas, los resultados pueden variar nuevamente. En suma, Berlín muestra un voto dual donde los motivos locales (gestión de la ciudad) pueden pesar para alterar la preferencia que esos mismos votantes expresan en elecciones nacionales.
Múnich: La mayor ciudad de Baviera es un caso paradigmático de comportamiento dual, ya que convive un gobierno municipal de centroizquierda con un entorno regional fuertemente conservador. Históricamente Múnich fue gobernada por alcaldes socialdemócratas durante décadas (hasta 2023), incluso mientras Baviera entera elegía mayorías absolutas de la CSU. En las elecciones al ayuntamiento de Múnich de marzo 2020, Los Verdes fueron el partido más votado con 29,2% y 23 concejales (un crecimiento de +12 puntos respecto a 2014), la CSU quedó segunda con 24,7% y 20 ediles, y el SPD tercero con 21,9% y 18 ediles . Pese a caer al tercer lugar en votos de lista, el popular alcalde socialdemócrata Dieter Reiter obtuvo el 47,9% en la primera vuelta de la elección directa, revalidando su cargo en segunda vuelta . Estos resultados locales contrastan fuertemente con las elecciones estatales de Baviera de 2018, apenas un año y medio antes: en la ciudad de Múnich, el Partido Verde también logró un notable 31% entonces, pero el SPD se desplomó a 12,6% en voto de lista para el parlamento bávaro , muy por detrás de la CSU (que rondó 25% en la ciudad) . Es decir, muchos muniqueses que en la autonómica de 2018 abandonaron al SPD (probablemente optando por Los Verdes u otros) siguieron respaldando al mismo partido en 2020 para la política municipal, permitiendo que el SPD retuviera la alcaldía con holgura. Asimismo, la AfD obtuvo en Múnich apenas ~6% en la elección local de 2020 , similar a su 6-8% en la ciudad en elecciones nacionales, mientras que a nivel regional bávaro había llegado al 10-12%. Múnich demuestra cómo el contexto importa: los temas municipales (transporte público, medio ambiente, vivienda) beneficiaron a Verdes y SPD en la urbe, pese a que en el clima regional/nacional el voto se orientaba más hacia la CSU u opciones anti-establishment. En 2023, finalmente, la alcaldía muniquesa pasó a la CSU (tras retirar Reiter su candidatura, ganó un independiente apoyado por la derecha), lo que evidencia que el voto urbano tampoco es monolítico y puede cambiar cuando cambian las figuras o coaliciones locales.
Stuttgart: La ciudad de Stuttgart, capital de Baden-Württemberg, refleja otro matiz del voto dual: es un centro urbano tradicionalmente de centro-derecha por su sociología acomodada, pero pionero en dar poder a Los Verdes localmente. En 2011, Baden-Württemberg sorprendió al país al elegir el primer ministro-presidente verde (Kretschmann), y poco después Stuttgart se convirtió en 2012 en la primera gran ciudad alemana con un alcalde verde, Fritz Kuhn . Este triunfo ecologista en “la ciudad del automóvil” (sede de Mercedes y Porsche) mostró un voto local enfocado en cambio urbano y sostenibilidad. Bajo Kuhn, los Verdes lideraron el consistorio stuttgartiano durante 8 años. Sin embargo, la CDU seguía siendo fuerte: en 2020 recuperó la alcaldía con Frank Nopper, demostrando que los votantes podían alternar su preferencia local según candidatos y contextos. A nivel regional, Stuttgart aporta un gran caudal de votos verdes para las elecciones estatales (los distritos de la ciudad dieron a Grüne más del 30% en 2021), pero en elecciones federales la ciudad se reparte más equilibradamente. Por ejemplo, en las federales de 2021 las circunscripciones de Stuttgart dieron victorias directas tanto a candidatos verdes como a democristianos y socialdemócratas , y en voto de lista la CDU fue ligeramente primera en el global de la ciudad. Esto indica que en Stuttgart muchos votantes conservadores aceptaron un alcalde verde (por su gestión pragmática), sin por ello dejar de votar CDU a la hora de elegir el Bundestag. En resumen, Stuttgart evidencia un voto dual motivado por la persona (Kretschmann o Kuhn atrajeron electores más allá de su partido) y por la distinción entre política municipal/regional y federal: incluso en un Land gobernado por Los Verdes, la CDU logró en las generales seguir obteniendo la mayor proporción de votos en Baden-Württemberg , reflejando que parte del electorado hace un cálculo distinto según lo que esté en juego.
Posibles explicaciones del voto dual
Varios factores ayudan a explicar por qué los alemanes votan de manera diferente en elecciones federales frente a estatales o municipales:
- Factores políticos y estratégicos: Muchos analistas interpretan las elecciones regionales como un plebiscito sobre el gobierno federal de turno. Cuando estas se celebran a mitad de legislatura nacional, es común ver votos de protesta o castigo hacia los partidos que gobiernan en Berlín . Los electores pueden equilibrar poderes, dando su apoyo en lo regional a la oposición para enviar un mensaje sin necesariamente desbancar al gobierno central. Esta estrategia consciente alimenta el voto dual. Asimismo, en municipales cuentan mucho las figuras personales: un alcalde bien valorado puede recibir votos de ciudadanos que, a nivel nacional, nunca votarían a su partido. Por ejemplo, Dieter Reiter (SPD en Múnich) o Winfried Kretschmann (Verde en Baden-Württemberg) han gozado de un arrastre personal que trasciende siglas, llevándose el voto “prestado” de simpatizantes de otros partidos gracias a su desempeño o carisma local. Esto genera discrepancias: esos votantes “prestados” luego regresan a su partido preferido en las generales. También influyen las coaliciones: un elector de derechas descontento con la CDU local por gobernar con el SPD o Verdes podría castigarla votando a un partido más a la derecha en lo regional, sin por ello querer que ese partido gobierne Alemania. La capacidad de distinguir estos niveles muestra una sofisticación del votante alemán medio, que evalúa diferentes temas según la elección.
- Factores sociológicos: La composición demográfica y las cleavages urbano-rural explican parte del fenómeno. Las grandes ciudades tienden a ser más jóvenes, diversas y progresistas, con preocupaciones focalizadas (alquileres, transporte, medio ambiente) que impulsan a partidos como Verdes, SPD o Izquierda en lo local. En cambio, en elecciones federales la agenda se centra en economía, seguridad, migración, donde partidos conservadores o de protesta pueden recabar más apoyo incluso entre urbanos. Además, ciertos grupos que votan en municipales (p. ej. ciudadanos de la UE residentes, que suelen ser profesionales europeos en ciudades) no pueden votar en las federales, lo que amplifica el sesgo progresista en lo local. Al contrario, en algunas regiones rurales el electorado puede permanecer fiel a un partido en nacionales (p. ej. CDU) pero en elecciones municipales apoyar a candidatos independientes o listas vecinales que perciben más cercanas a sus intereses cotidianos. También cuenta la diferente intensidad de la identificación partidista: las nuevas generaciones presentan menos apego fijo a un solo partido y más disposición a cambiar el voto según la elección. Así, un joven urbano puede ver atractivo votar a un partido minoritario ecologista en las municipales (donde cada voto cuenta para el concejo), pero en las federales prefiere apoyar a una opción mayor con posibilidades reales de gobierno nacional.
- Factores estructurales e institucionales: El calendario electoral escalonado en Alemania propicia comparaciones constantes y “efecto arrastre” limitado. Las elecciones federales son cada cuatro años, pero cada año hay varias elecciones estatales en diferentes Länder, y las municipales tienen calendarios propios según el estado. Esta asincronía significa que el clima político en cada contienda puede ser distinto. Un ejemplo: Hamburgo votó su parlamento regional en 2020 bajo unas circunstancias (atentado de Hanau días antes, auge de Verdes, etc.) que llevaron a cierto resultado , mientras que la elección federal inmediata anterior (2017) o posterior (2021) respondieron a dinámicas nacionales diferentes (candidatos a canciller, crisis migratoria, pandemia, etc.). Además, las reglas electorales varían: las municipales en muchos estados no tienen barrera del 5%, permitiendo la entrada de varias fuerzas (lo que dispersa más el voto), mientras que en Bundestag rige un umbral del 5% nacional. Esto puede hacer que un elector se “permita” votar por un partido pequeño localmente sabiendo que su voz será representada en el concejo, pero en la federal evite ese partido por riesgo de voto perdido si no supera el 5%. Asimismo, en algunos estados las elecciones locales o regionales coinciden con las federales (como ocurrió en Berlín 2021), lo cual tiende a alinear más los resultados por la influencia de la campaña nacional, mientras que elecciones separadas tienden a girar más en torno a asuntos propios. Finalmente, cuestiones técnicas como la edad de voto (16 en ciertos comicios locales/estatales vs 18 en federales) y la ciudadanía (extranjeros comunitarios votan en municipales, no en Land/Bundestag) crean diferencias en el cuerpo electoral que explican variaciones en el comportamiento agregado.
Conclusiones
El voto dual en Alemania refleja la madurez y complejidad del electorado alemán. Lejos de votar mecánicamente por un mismo partido en todo escenario, muchos ciudadanos distinguen entre la política que desean a nivel de su municipio o estado y la que prefieren a nivel país. Factores coyunturales (economía, crisis, popularidad del gobierno federal) pesan más en las elecciones nacionales, mientras que en lo local importan la gestión concreta y los candidatos. Así, se pueden observar situaciones como un Hamburgo socialdemócrata local pero fragmentado en lo federal, un Berlín que gira a la derecha localmente sin dejar de ser de izquierda a nivel nacional, o una Múnich donde conviven un ayuntamiento progresista con un Land conservador. Estas diferencias históricas y actuales evidencian que el voto no es monolítico y que los alemanes utilizan su sufragio de forma diferenciada para equilibrar el poder y expresar opiniones matizadas. En última instancia, el fenómeno del voto dual contribuye a un sistema político flexible, donde ningún partido puede darse por seguro el apoyo en todos los niveles y debe atender tanto las grandes cuestiones nacionales como las necesidades y sensibilidades locales para conservar la confianza de los votantes.
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