La Cámara de Diputados argentina aprobó en una sesión marcada por la tensión política la reforma laboral impulsada por el Gobierno de Javier Milei. El proyecto salió adelante con 135 votos a favor y 115 en contra, gracias al respaldo del oficialismo y de una amplia red de aliados parlamentarios. Sin embargo, la eliminación del artículo 44 (que modificaba el régimen de licencias médicas por enfermedad o accidente) obliga a que el texto regrese al Senado para una nueva revisión.
La votación supone un triunfo legislativo para el Ejecutivo, que defendió la reforma como una herramienta para flexibilizar el mercado laboral y reducir costes empresariales. Pero también deja al descubierto las dificultades del Gobierno para mantener cohesionada su mayoría circunstancial, ya que la retirada del artículo más controvertido fue fruto de negociaciones de última hora con bloques aliados y de la presión social.
Un debate áspero y una votación ajustada
La sesión en Diputados se desarrolló en un clima de fuerte confrontación política. El oficialismo logró el quórum con apoyo de fuerzas dialoguistas y bloques provinciales, entre ellos sectores del PRO, la UCR y otros espacios menores que acompañaron tanto el inicio del debate como la votación final.
Del otro lado, Unión por la Patria y la izquierda rechazaron el proyecto en bloque, denunciando que la reforma implica un retroceso en derechos laborales y cuestionando el procedimiento parlamentario utilizado durante la votación. La tensión llegó a tal punto que se registraron cruces verbales y protestas dentro del recinto.
En términos políticos, el resultado refleja tres grandes alineamientos:
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Oficialismo y aliados: La Libertad Avanza y bloques afines defendieron la iniciativa como una modernización necesaria para incentivar el empleo formal.
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Oposición peronista y de izquierda: votaron en contra argumentando que la norma precariza las condiciones laborales.
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Bloques intermedios y provinciales: jugaron un papel decisivo al permitir el quórum y aportar votos clave para la aprobación.
El artículo 44: la concesión que cambió el rumbo
La eliminación del artículo 44 fue el punto de inflexión de la negociación. El texto original contemplaba recortes salariales durante licencias médicas, algo que generó rechazo incluso dentro de sectores aliados del Gobierno y encendió la protesta sindical.
Finalmente, el Ejecutivo aceptó retirar ese punto para asegurar los votos necesarios. La decisión fue celebrada por los sindicatos como una victoria parcial, aunque mantienen su rechazo global a la reforma.
Qué cambia con la reforma
El proyecto introduce más de 200 modificaciones en la legislación laboral. Entre los aspectos más debatidos destacan:
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Flexibilización de la jornada laboral, con esquemas que pueden extenderse hasta 12 horas.
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Cambios en las indemnizaciones por despido.
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Nuevos mecanismos de organización del tiempo de trabajo.
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Limitaciones al derecho de huelga en determinados sectores.
El Gobierno sostiene que estos cambios buscan reducir la informalidad y facilitar la contratación. La oposición y las centrales sindicales, en cambio, consideran que la norma favorece a los empleadores en detrimento de los trabajadores.
Reacción de los agentes sociales
La aprobación coincidió con una huelga general convocada por la Confederación General del Trabajo (CGT), apoyada también por la CTA, que denuncian que la reforma es “precarizadora” y antisindical. El paro afectó servicios públicos y transporte, reflejando el alto nivel de conflictividad social que rodea el debate.
Desde el ámbito empresarial, las posiciones fueron más matizadas. Sectores patronales respaldaron el espíritu general de la reforma (especialmente en lo relativo a reducción de costes y simplificación normativa) aunque algunos dirigentes señalaron que sin crecimiento económico las modificaciones no se traducirán automáticamente en más empleo formal.
Próximo paso: regreso al Senado
Al haber sido modificado en Diputados, el proyecto deberá volver al Senado para su aprobación definitiva. Allí el oficialismo espera ratificar rápidamente el texto, aunque el debate promete seguir siendo intenso dada la polarización política y la presión sindical en la calle.
Mientras tanto, el Gobierno celebra el resultado como un paso clave en su agenda reformista, mientras la oposición anticipa nuevas batallas legislativas y posibles impugnaciones judiciales.
La reforma laboral, lejos de cerrar el conflicto, abre una nueva etapa en la disputa política argentina: la que enfrenta la promesa de desregulación económica del oficialismo con una tradición sindical históricamente fuerte y movilizada.

























































































































































































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