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    Arrimadas se pasa a la política nacional

    electomania.es -

    Los partidos políticos están en las semanas decisivas antes de las elecciones del 28 de abril. Aunque parezca que no ocurre nada, todo se mueve, ahora, entre bambalinas, porque el 15 de marzo deben haberse formalizado ya las coaliciones que vayan a presentarse a las elecciones, y ese hecho será el pistoletazo de salida de la auténtica carrera electoral.

    Quienes tienen el viento de cara intentan aprovecharlo para ganar altura. Sus líderes están fuertes o, al menos, disfrutan de un relato sólido al que se disponen a sacar partido:

    Pedro Sánchez tiene todo a favor. La foto de Colón será una de las dos patas esenciales de su campaña, pues le permite presentarse ante la opinión pública como el único que puede parar a la «extrema derecha». De esta forma espera recoger el voto de ese 40% de los antiguos votantes de Ciudadanos que no soportan la idea de tener que apoyarse, finalmente, en Vox.

    La segunda pata en la que se apoyará Sánchez son las medidas sociales, implementadas si hace falta mediante Decretos-ley. Así intentará apropiarse del discurso de «la izquierda» y arrebatárselo a Unidos Podemos, muy débil por sus malas expectativas y sus divisiones internas. En círculos socialistas se cree que, siguiendo esta estrategia, es perfectamente posible arrebatar a Ciudadanos tres o cuatro puntos más de aquí a las elecciones, y otros tantos a Podemos, para acabar superando el 30% de los votos y alcanzar niveles parecidos a los de Rajoy en 2016.

    Por su parte, Casado ha optado por una línea dura, con la que pretende achicar espacios a Vox. Con un Ciudadanos en horas bajas, el líder del Partido Popular se está concentrando en lanzar un discurso nítidamente conservador que movilice en su favor a quienes se ilusionaron con la aparición de Abascal en Andalucía. Si lo consigue, con un Vox por debajo del 10% de los votos y un Ciudadanos desorientado, Casado se fija como objetivo llegar como mínimo al 25% de los votos para liderar una alternativa a la andaluza, a la que un Rivera extremadamente débil no podría negarse.


    Enfrente tiene a Santiago Abascal, cuya estrategia es «de libro»: profundizar en los motivos de indignación que fueron su semillero de votos en diciembre, y atacar al flanco más débil por el que puede seguir ganando votos: la supuesta indefinición de Ciudadanos. Con ello aspira a disponer de varias decenas de diputados, con un horizonte óptimo de unos 50, y ser imprescindible para cualquier mayoría de gobierno.

    La estrategia de campaña de Rivera, en cambio, resulta muy delicada y de entrada tiene todas las de perder.  Con el PSOE empujando hacia un lado, y PP y Vox hacia el otro, tiene difícil no perder votos hacia ambos. Una campaña polarizada donde sus mensajes se diluyan y reciba ataques desde los dos frentes por motivos contradictorios pero con igual acusación («veleta»), es muy difícil de neutralizar. La idea que se baraja en el partido, al parecer, consiste en intentar desviar el foco hacia otros aspectos de la campaña para conseguir eludir ese círculo vicioso: el primer paso se dará hoy, presentando a Inés Arrimadas como cartel electoral (junto a Rivera) para el Congreso de los Diputados. En definitiva, o Ciudadanos consigue que los electores encuentren atractivo su mensaje por sí mismo, para intentar un sorpasso al Partido Popular que se antoja difícil, o estos dos meses que quedan hasta el 28 de abril se le harán muy largos, porque el voto útil puede acabar laminándolo.


    Por último, Unidos Podemos vivirá hasta el 15 de marzo unas semanas cruciales. Saben que no están haciendo honor a su nombre: ni parecen unidos, ni pueden gran cosa. Los frentes abiertos son muchos. Por un lado, se puede dar por definitivamente perdida la confluencia con Compromís en la Comunidad Valenciana, y resulta complicado que se logre una candidatura unitaria en Galicia, donde diferentes visiones pugnan por el control, y han perdido la marca «En Marea». En Cataluña, la marca tradicional (En Comú Podem) parece que se puede a conservar, pero hay muchas dudas sobre las fugas hacia opciones nacionalistas de una parte de quienes dieron origen a la confluencia hace cuatro años. Por otro lado, después de que en varias comunidades Izquierda Unida se pronunciase por ir a las elecciones por separado, la dirección nacional de esta formación va a consultar a las bases para conocer su opinión, y hasta entonces no sabremos cómo se articula la relación entre Podemos e IU. Por último, la marca Mas Madrid, si bien no se presentará a las elecciones generales, tiene que dar forma antes de esa fecha a la candidatura autonómica y municipal, y el resultado final de las discretas negociaciones que se están llevando a cabo con Podemos, afectará al decisivo voto de los madrileños, que eligen nada menos que 37 diputados al Congreso.

    Si los de Iglesias consiguen cuadrar los problemas y ofrecer una alternativa clara, quizás consigan remontar y sorprender en estas elecciones. Pero si las dudas se prolongan en el tiempo, los votantes potenciales de Unidos Podemos puede tener la tentación de optar por el PSOE como el único voto útil capaz de frenar a la derecha, quedando con porcentajes de voto bajos y poco poder de decisión tras las elecciones del 28-A.

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