Con el 97,00% de las mesas escrutadas, Abelardo de la Espriella mantiene la ventaja en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia, pero por debajo del umbral del 50%. El candidato del movimiento Defensores de la Patria suma el 49,84% de los votos frente al 48,51% del senador Iván Cepeda, del Pacto Histórico. La diferencia se ha reducido a 1,33 puntos y a 335.000 sufragios, en una noche electoral marcada por el recorte progresivo del candidato de la izquierda.
Cepeda sigue acortando, pero el tiempo se agota
Los boletines sucesivos de la Registraduría confirman una tendencia clara: a cada actualización del escrutinio, la diferencia entre ambos candidatos se reduce. Sin embargo, con solo un 3% de las mesas pendientes, el margen para una remontada de Cepeda se estrecha.
En los últimos siete puntos porcentuales de escrutinio, De la Espriella ha cedido 0,26 puntos —del 50,10% al 49,84%— mientras que Cepeda ha sumado 0,26 puntos —del 48,25% al 48,51%—. La velocidad del recorte se mantiene, pero el número de votos restantes para ejecutarlo es ya muy reducido.
Cómo se reparten los votos
Cerca de 25 millones de colombianos han sido ya contabilizados en este escrutinio. El siguiente gráfico muestra el reparto del voto válido con el 97,00% de las mesas informadas.
Evolución del escrutinio
La trayectoria de los dos candidatos a lo largo de la noche dibuja una tendencia sostenida de recorte por parte de Cepeda, aunque a un ritmo que matemáticamente resulta ya insuficiente para alcanzar a De la Espriella en las mesas restantes.
Para que Cepeda pudiera dar la vuelta al resultado, necesitaría obtener cerca del 91% de los votos de las mesas pendientes, un escenario estadísticamente inviable salvo que el 3% restante corresponda en su práctica totalidad a circunscripciones extremadamente afines al Pacto Histórico.
El voto oculto de la izquierda emerge en las urnas
El comportamiento del escrutinio confirma una de las hipótesis manejadas por los analistas durante la última semana de campaña: la existencia de un voto oculto de la izquierda que las encuestas no estaban captando. Cepeda ha logrado movilizar a un electorado muy superior al que cualquier sondeo le atribuía y, aunque la victoria parece quedarle ya fuera de alcance, su resultado supone una proeza electoral para el progresismo colombiano.
El candidato del Pacto Histórico ha mejorado de forma muy notable su resultado de la primera vuelta, en la que obtuvo el 40,88%. Suma así casi ocho puntos entre las dos vueltas, lo que sugiere una transferencia mayoritaria del voto de los candidatos progresistas y de centro-izquierda eliminados el 31 de mayo, y probablemente también una participación mayor en los bastiones tradicionales del petrismo.
De la Espriella, por su parte, ha pasado del 43,77% al 49,84%, sumando algo más de seis puntos. La transferencia de los votos del uribismo y de los candidatos de la derecha tradicional eliminados en primera vuelta —entre ellos Paloma Valencia, del Centro Democrático— ha funcionado, pero no con la holgura que la campaña de Defensores de la Patria esperaba.
Qué queda por escrutar
Resta por contabilizar aproximadamente el 3,00% de las mesas, lo que en términos absolutos se sitúa en torno a 750.000 votos pendientes. La distribución territorial de esas mesas será decisiva para definir el porcentaje final, pero salvo un vuelco estadísticamente imposible la victoria parece ya en manos de De la Espriella.
El voto en el exterior y el de los departamentos del Pacífico, el sur amazónico y zonas históricamente afines al Pacto Histórico podrían seguir limando la diferencia hasta el cierre, pero ya solo influirán en el margen final, no en el ganador.
Un país dividido en dos mitades casi exactas
Independientemente de la confirmación final del vencedor, el dato político de la jornada es la fractura del electorado colombiano en dos bloques de tamaño prácticamente equivalente. Cerca de 25 millones de votos escrutados hasta el momento se reparten en una proporción cercana al 50-50 entre dos proyectos antagónicos.
El próximo presidente, sea quien sea, gobernará un país profundamente dividido y con un mandato estrecho, en un Congreso fragmentado y con un calendario internacional marcado por la presión de la Administración Trump, las relaciones con Venezuela y la implementación pendiente del Acuerdo de Paz de 2016.
Próximos pasos
La Registraduría Nacional del Estado Civil continuará publicando boletines hasta cubrir la totalidad de las mesas. El Consejo Nacional Electoral es el organismo encargado del escrutinio definitivo, y el presidente Gustavo Petro ya advirtió que solo acatará los resultados oficiales una vez certificados por los jueces electorales.
Ambas campañas han llamado en las últimas horas a la calma y al respeto del resultado. La toma de posesión del nuevo mandatario está prevista para el 7 de agosto de 2026, fecha en la que comenzará el periodo presidencial 2026-2030.
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