Groenlandia ha pasado de ser una periferia casi invisible dentro de la integración europea a convertirse en uno de los pocos territorios que ha abandonado la Comunidad, manteniendo al mismo tiempo una relación estratégica con la Unión Europea marcada por la pesca, los recursos naturales y la autonomía política. Sus referendos de 1982 y 2008 son hitos que explican cómo la cuestión europea ha estado entrelazada con la construcción nacional groenlandesa y su camino hacia un autogobierno cada vez más amplio.
De colonia danesa a miembro de la CEE
Tras siglos como colonia y luego como condado integrado en el Reino de Dinamarca, Groenlandia entró en las entonces Comunidades Europeas el 1 de enero de 1973, no por decisión propia, sino como consecuencia directa de la adhesión danesa. En el referéndum danés de 1972, alrededor del 70% de los votantes groenlandeses se posicionó contra la entrada, anticipando una relación tensa con el proyecto comunitario.
La negociación de adhesión incluyó concesiones específicas para proteger la pesca, eje de la economía local, como periodos transitorios de diez años y excepciones en la política pesquera común. Pese a ello, el descontento creció al percibirse que los grandes beneficiados de las cuotas pesqueras eran flotas de otros Estados miembros, alimentando un sentimiento de imposición externa.
El referéndum de salida de 1982
La introducción del Home Rule (autogobierno) en 1979 y el ascenso del partido Siumut, de perfil claramente euroescéptico, reabrieron el debate sobre la permanencia en la Comunidad. El Parlamento groenlandés acordó convocar un referéndum consultivo para decidir si seguir en la CEE o abandonar el proyecto de integración.
El 23 de febrero de 1982, un 53% de los votantes apoyó la retirada de las Comunidades Europeas, en una consulta con carácter formalmente consultivo pero asumida como mandato político tanto por Nuuk como por Copenhague. El resultado reflejaba la combinación de rechazo a la política pesquera común, la percepción de lejanía de Bruselas y el deseo de reforzar la capacidad de decisión propia sobre los recursos marítimos.
El Tratado de Groenlandia y el nuevo estatus
Para hacer efectiva la salida se negoció el llamado Tratado de Groenlandia, adoptado en 1984, que introdujo en la práctica un mecanismo ad hoc de retirada de las Comunidades antes de que existiera una cláusula general como la del posterior artículo 50 del Tratado de la UE. El 1 de febrero de 1985, Groenlandia abandonó oficialmente la CEE, la Comunidad Europea del Carbón y del Acero y Euratom, convirtiéndose en el primer territorio que se desvinculaba del proceso de integración europea.
Desde entonces, Groenlandia pasó a ser un País y Territorio de Ultramar (PTU/OCT) asociado a la Comunidad y, más tarde, a la Unión, lo que garantizaba acceso arancelario preferente al mercado europeo para los productos pesqueros a cambio de acuerdos de pesca y cooperación financiera. Este estatus le permitió conservar una relación económica estrecha con Europa, al tiempo que enfatizaba su condición diferenciada y su creciente control sobre los recursos naturales.
El referéndum de autogobierno de 2008
La evolución política interna siguió apuntando hacia una mayor autonomía, vinculada también al control de nuevos sectores estratégicos como los hidrocarburos o los minerales críticos. En este contexto se pactó con Dinamarca un nuevo Acta de Autogobierno, sometida a referéndum el 25 de noviembre de 2008.
En la consulta de 2008, el 76,2% de los votantes respaldó el nuevo régimen de autogobierno, con una participación cercana al 72%, ampliando las competencias de Groenlandia en unas treinta áreas, incluyendo policía, tribunales, guardia costera y partes de la política exterior.
La ley de Autogobierno, en vigor desde 2009, reconoció a los groenlandeses como un pueblo con derecho a la autodeterminación según el derecho internacional y estableció un reparto específico de los ingresos procedentes del potencial petróleo, al tiempo que proclamó el groenlandés como único idioma oficial.
Groenlandia, la UE y la cuestión de la independencia
Pese a la salida formal de la CEE, la relación con la UE se ha mantenido intensa mediante acuerdos de pesca, cooperación al desarrollo y programas específicos sobre clima, investigación y explotación sostenible de recursos. Bruselas ve a Groenlandia como un socio clave en el Ártico, tanto por su posición geoestratégica como por la relevancia de sus minerales críticos en el marco de la transición energética europea.
Al mismo tiempo, la ampliación del autogobierno ha alimentado el debate sobre una posible independencia plena de Dinamarca, lo que reabriría la cuestión de un eventual nuevo vínculo con la UE, ya sea como tercer Estado, como territorio asociado o incluso como futuro miembro. En este sentido, los referendos de 1982 y 2008 no solo marcan la historia de la relación con Europa, sino que ilustran cómo Groenlandia ha utilizado la cuestión europea como palanca para reforzar su identidad nacional y su soberanía sobre los recursos árticos.

























































































































































































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