Los antecedentes: una República en tensión (1931–1936)
La Segunda República se había proclamado el 14 de abril de 1931, tras la marcha al exilio de Alfonso XIII. Su primer lustro alternó mayorías de distinto signo —el bienio reformista (1931–1933) y el radical-cedista (1933–1935)— en un contexto de fuerte polarización, conflictividad laboral, la insurrección de octubre de 1934 y una creciente fractura entre izquierda, centro y derecha.
En las elecciones del 16 de febrero de 1936 se impuso la coalición del Frente Popular. La primavera trajo una escalada de violencia política. El detonante inmediato llegó en julio: el 12 de julio fue asesinado el teniente José Castillo, y en represalia, la madrugada del 13 de julio, el líder monárquico José Calvo Sotelo. La conspiración militar, que llevaba semanas gestada, precipitó su calendario.
El estallido: 17–18 de julio de 1936
El levantamiento comenzó el 17 de julio de 1936 en el protectorado de Marruecos y se extendió a la Península el día 18. Emilio Mola había coordinado la trama como «director»; Francisco Franco tomó el mando del Ejército de África; Gonzalo Queipo de Llano se hizo con Sevilla; y José Sanjurjo, previsto como jefe del alzamiento, murió el 20 de julio en un accidente aéreo.
El golpe no triunfó por completo ni fracasó del todo. Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao siguieron bajo control del Gobierno, mientras los sublevados dominaron buena parte de Castilla, León, Galicia, Navarra, Aragón occidental y parte de Andalucía. Esa división incompleta convirtió el intento de golpe en una guerra. Dimitió Casares Quiroga y, tras el breve intento de Martínez Barrio, el Gobierno de José Giral optó por repartir armas a las milicias.
España partida en dos
Bando republicano
Madrid, Cataluña, Levante, la cornisa cantábrica y las grandes zonas industriales y mineras. Sostenía la legalidad de la República.
Bando sublevado
Marruecos, Canarias, gran parte de Castilla y León, Galicia, Navarra, Aragón occidental y focos en Andalucía. Contaba con el grueso del Ejército de África.
1936 · La marcha sobre Madrid y la internacionalización
Con apoyo de aviones de transporte alemanes e italianos, el Ejército de África cruzó el Estrecho y avanzó por Extremadura. El 14 de agosto tomó Badajoz, con una dura represión cuyo alcance exacto aún se debate. El 27–28 de septiembre las tropas de Franco liberaron el Alcázar de Toledo, asediado por milicianos, en una operación de gran valor propagandístico.
El 1 de octubre de 1936, en Burgos, Franco fue proclamado Generalísimo y Jefe del Estado del bando sublevado. En noviembre, las columnas nacionales alcanzaron Madrid: la defensa de la capital —bajo el lema «No pasarán»— frenó el asalto directo, y el Gobierno de Largo Caballero se trasladó a Valencia el 6 de noviembre.
El conflicto se internacionalizó pronto: llegaron la Legión Cóndor alemana y el CTV italiano en apoyo de los sublevados, mientras la URSS suministraba material a la República y se organizaban las Brigadas Internacionales, en combate en Madrid desde noviembre. Las retaguardias vivieron episodios de violencia contra civiles: entre noviembre y diciembre, las sacas de Paracuellos en zona republicana, del mismo modo que en zona sublevada se ejerció una represión sistemática. El Comité de No Intervención, impulsado por Francia y el Reino Unido, se reveló ineficaz.
La dimensión internacional
Alemania (Legión Cóndor) e Italia (CTV) apoyaron a los sublevados con aviación, blindados y tropas; Portugal también prestó respaldo. La República recibió material soviético —pagado en parte con las reservas de oro del Banco de España— y el concurso de las Brigadas Internacionales. Francia y el Reino Unido optaron por la no intervención oficial. Las cifras de material y combatientes varían según las fuentes.
1937 · La guerra se prolonga: del Jarama a la caída del Norte
Fracasado el asalto frontal a Madrid, los sublevados intentaron rodearla. La batalla del Jarama (febrero) y la batalla de Guadalajara (marzo) perseguían ese cerco; en Guadalajara, las tropas italianas sufrieron un revés notable. Antes, el 8 de febrero había caído Málaga, con un éxodo civil masivo por la carretera de Almería.
En primavera, la ofensiva se concentró en el frente Norte. El 26 de abril de 1937, la Legión Cóndor bombardeó Guernica, hecho de enorme repercusión internacional. Poco antes, el 19 de abril, el Decreto de Unificación había fundido a falangistas y carlistas en un partido único (FET y de las JONS).
En la retaguardia republicana, los Hechos de Mayo de Barcelona enfrentaron a familias del propio bando y marginaron al POUM y a sectores anarquistas; poco después, Juan Negrín sustituyó a Largo Caballero. El avance sobre el Cantábrico fue imparable: Bilbao cayó el 19 de junio, Santander el 26 de agosto y, tras la resistencia de Asturias —con Oviedo, en manos sublevadas, sitiada por las milicias—, Gijón cayó el 21 de octubre, cerrando el frente Norte y su tejido industrial y minero.
Para aliviar la presión sobre el Norte, la República lanzó ofensivas propias: Brunete (julio) y Belchite (agosto–septiembre), de escaso rendimiento estratégico y alto desgaste. El año se cerró con el inicio, el 15 de diciembre, de la ofensiva republicana sobre Teruel.
1938 · El punto de inflexión: del Mediterráneo al Ebro
Las tropas republicanas conquistaron Teruel el 8 de enero de 1938, pero el bando sublevado la recuperó el 22 de febrero. Después, la ofensiva de Aragón (marzo) abrió el camino al mar: el 15 de abril de 1938, las fuerzas nacionales alcanzaron el Mediterráneo en Vinaròs, partiendo en dos la zona republicana y aislando Cataluña.
En busca de una salida negociada, Negrín presentó a finales de abril sus Trece Puntos. En el terreno militar, la República jugó su última gran carta con la batalla del Ebro (25 de julio – 16 de noviembre de 1938), la más larga y sangrienta de la contienda. Tras un avance inicial, la superioridad material del bando sublevado terminó por imponerse, con enorme coste humano.
Ese otoño, la República anunció la retirada de las Brigadas Internacionales, despedidas en Barcelona. El contexto europeo —con el Acuerdo de Múnich y la política de apaciguamiento— redujo aún más las expectativas de mediación.
1939 · El desenlace: Cataluña, el exilio y el final
Agotada la República tras el Ebro, el bando sublevado lanzó la ofensiva sobre Cataluña el 23 de diciembre de 1938. Barcelona cayó el 26 de enero de 1939 con escasa resistencia. En las semanas siguientes se produjo la Retirada: cientos de miles de personas cruzaron los Pirineos hacia Francia, donde muchas fueron internadas en campos.
El 27 de febrero de 1939, Francia y el Reino Unido reconocieron al Gobierno de Franco; ese mismo día dimitió el presidente Manuel Azaña. En la zona centro-sur, todavía republicana, el 5 de marzo el coronel Casado encabezó un golpe contra Negrín y formó un Consejo Nacional de Defensa para negociar el fin de la guerra, lo que derivó en enfrentamientos internos.
Sin capacidad de resistencia ni de negociación, el frente se desplomó. Madrid fue ocupada el 28 de marzo y, en los días siguientes, también Valencia, Alicante y los últimos reductos. El 1 de abril de 1939, un último parte de guerra firmado por Franco daba por concluida la contienda, abriendo un periodo de dictadura que se prolongaría hasta 1975.
El coste humano y el legado
Las estimaciones sobre el número de víctimas varían entre los historiadores y siguen siendo objeto de investigación. A los muertos en combate se sumaron la represión en ambas retaguardias durante la guerra, la represión de posguerra y un exilio que dispersó a cientos de miles de personas por Europa y América, con hondas consecuencias económicas, culturales y demográficas.
Noventa años después, la Guerra Civil sigue siendo objeto de estudio histórico y de debate público. Este repaso ha buscado ordenar los hechos en su secuencia, como base para comprender un periodo que marcó el siglo XX español.

























































































































































































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