Esta campaña electoral va a ser un hervidero del que, en cualquier momento, puede surgir un hecho singular que marque todo lo demás. Es lo que se llama un “cisne negro”. Ya hemos hablado de ellos. Los cisnes negros pueden ser de cualquier tipo, y no tienen por qué ser negativos. Con ellos nunca se sabe. Lo que son es raros: su característica es la imprevisibilidad y el hecho de que lo cambian todo.

El 25 de noviembre estuvo a punto de ocurrir algo así. Mariano Rajoy, sacando tiempo del que no tiene para acudir a debates, se acercó a una cadena de radio para comentar un partido de fútbol. Se llevó a su hijo, también forofo, con la intención de mostrar cercanía ante la audiencia. Pudo salirle muy caro.

El programa transcurrió más o menos como cabe esperar, y proporcionó a Rajoy los frutos que deseaba. Pero en determinado momento el entrevistador dio la palabra al hijo de Rajoy. El niño, con desparpajo, dijo una gracieta que sonaba simpática y oportuna. Su padre, al que la tensión latente traicionaba, soltó una carcajada acompañada de un gesto forzado. Nada grave. Pero a continuación el niño se vino arriba y pronunció una frase políticamente menos correcta. Casi un insulto. En ese momento, el padre liberó algo más de la tensión acumulada, y le dio dos leves collejas al niño.

 

https://www.youtube.com/watch?v=Xhc4AhvlMOE

 

No ha pasado nada. El gesto es demasiado sutil para que haga daño electoralmente al candidato. Como mucho servirá para confirmar los sentimientos que todos tenían ya sobre él: los votantes más cercanos a Rajoy verán una simpática manifestación de autoridad, mientras los más lejanos se lo echarán en cara sin demasiados aspavientos. Cada cual ve reforzada su opinión. Saldo nulo.

Pero el incidente da que pensar. Si el gesto hubiese sido algo más explícito, un poco más fuerte, si la colleja se hubiera podido “oir”, aunque fuera levemente, a través de los micrófonos, a estas alturas Rajoy estaría desacreditado, y la oleada desatada contra él sería tal que tendría graves consecuencias electorales.

Y todo por un exceso de tensión, por una exposición mediática brutal a la que se están viendo arrastrados los candidatos por culpa de las elecciones más reñidas de la historia.

Nos encontramos en el filo de la navaja. En estos momentos cualquier error resultará fatal. Los candidatos están demasiado nerviosos, asumen riesgos excesivos y adoptan posturas antinaturales, precisamente para aparentar naturalidad. En situaciones como esta, los errores graves llegan. Algo realmente serio, que arruine la carrera de cualquiera, puede ocurrir en cualquier momento. Quedan veinte días, aún. No digan que no avisamos.

 

@josesalver

 

 

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