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    EMSondeosNuestras conclusiones sobre el "escándalo" del CIS

    Nuestras conclusiones sobre el «escándalo» del CIS

    electomania.es -

    Ayer se hablaba de la extraña cocina del CIS recientemente publicado, que a todos nos llamaban la atención.

    En estas últimas horas las evidencias se han ido acumulando, así que en electomania.es nos hemos puesto a trabajar para estudiar lo ocurrido y sacar conclusiones. 

    Estas conclusiones son:

    • El CIS (que desde ahora no será trimestral sino mensual) ha acortado los plazos que tradicionalmente había entre la toma de datos y su publicación. Han pasado de unos 25-30 días a 15 días. Esta era una demanda habitual y debemos felicitarnos por ella.
    • El CIS ha modificado algunas partes del cuestionario sin seguir formulando a la vez, aunque sea de forma transitoria, las partes modificadas. De esta forma se produce un salto entre unos criterios y otros que no se puede homogeneizar de ninguna forma. Se interrumpe así la serie histórica, perdiendo una de las grandes ventajas que el CIS siempre ha tenido frente a otros estudios.
    • No se modifican, en cambio, criterios muy discutidos, como por ejemplo el empeño en evaluar la orientación ideológica de los encuestados en una escala del 1 al 10, en lugar de hacerlo con otra del 0 al 10. De esta forma, el CIS sigue manteniendo una distorsión en el punto central de la escala, que introduce confusión en los entrevistados y hace que estos valores no respondan a la realidad social.
    • El CIS no ha modificado la cocina. Simplemente ha renunciado a ella. Tradicionalmente se han tenido en cuenta diversos factores a la hora de convertir la intención de voto directamente manifestada por los entrevistados en una estimación de voto. A eso se le llama «cocina», y sirve para  imputar correctamente las respuestas de los indecisos, las ocultaciones, los silencios, las mentiras… Por supuesto la cocina que cada cual aplique es discutible, pero lo que jamás se había puesto en tela de juicio hasta ahora era que la propia cocina fuera necesaria.
    • El CIS se limita a aplicar un coeficiente lineal a la intención directa de voto (y simpatía) para trasformarla en estimación de voto. La operativa, básicamente, parece que ha consistido en multiplicar la primera por 1,6228 para alcanzar la segunda (con un margen de variación de apenas una o dos décimas). La correlación entre IDV y estimación de voto es de un 99,9973%. Es decir, ambas cifras son, en realidad, la misma.
    • Renunciar a la cocina significa que los partidos que están en alza o en un momento «más presentable» socialmente,  aparecen sobrevalorados artificialmente, mientras que los partidos que sufren más voto oculto, que han pasado por varapalos recientes o que resultan coyunturalmente menos visibles o menos gratos, son infravalorados. Los casos más obvios son los de PSOE y ERC, muy sobrevalorados por el CIS, y el del PP, muy infravalorado. Ocurre también en el curioso balance entre Bildu y PNV, en el que la mayor propensión a responder del electorado del primero, lleva al CIS a pronosticar un sorpasso que no está dentro de ninguna lógica.
    • Para que sus datos no resulten del todo incoherentes, el CIS se ve obligado a eliminar de la estimación el voto en blanco (obtendría según sus nuevos criterios casi un 6% de apoyos, algo sencillamente increíble) rompiendo aquí también la serie histórica.


    Nuestra conclusión, por tanto, es que el CIS ha hecho dejación de sus funciones, ha renunciado a presentar resultados mínimamente fiables y ha optado por presentar datos crudos que, como tales, no significan nada.

    Si lo que se pretendía era no recibir críticas por una cocina determinada, lo que se debe hacer no es renunciar a ella, sino hacerla mejor. Pero la necesidad de que los sondeos sean «cocinados» (con unos criterios objetivos y razonados, eso sí) es tan obvia que no merece la pena perder ni un segundo en discutirla.

    Así pues, consideramos probado que este último CIS no cumple con los estándares mínimos que se deben imponer a un instituto público cuya financiación corre a cargo de todos los ciudadanos. 

    A continuación hemos hecho el trabajo al que el CIS ha renunciado (intentando seguir para ello sus mismos criterios habituales) y presentamos una estimación de voto que nos parece mucho más adecuada para los datos que el propio CIS ha manejado:


    Como es lógico, la extrapolación a primer partido por provincia que hicimos a la vista de los datos iniciales nada tiene que ver con la que obtendríamos ahora. Sería esta:


    Las diferencias son muy numerosas y están a la vista. Ciudadanos y Unidos Podemos recuperarían incluso alguna primera posición, aunque el más beneficiado sería el Partido Popular, que aún podría aspirar a ganar las elecciones (en escaños).

    Como resumen, cabría esperar que el CIS volviera pronto al sentido común y que, al menos, tenga a su frente a alguien que crea en lo que hace. De lo contrario, los resultados, para nuestra desgracia, seguirán estando a la vista.

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