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Posibles trasvases de votos en el último mes. Afectos, odios e indiferencias

electomania.es -

Ya sabemos que Metroscopia no  gusta a muchos (aunque últimamente se han moderado mucho las críticas a esta encuestadora, porque misteriosamente sus datos coinciden con los de todas las demás empresas), pero con vuestro permiso hoy vamos a utilizar uno de sus gráficos. Lo hemos modificado un poco porque la versión original era menos comprensible que la que traemos aquí. El gráfico es este:

 

grafico

Otros estudios parecidos ofrecen resultados similares, así que vamos a tomarnos en serio las cifras. Lo que nos muestran las cifras es una fotografía en negativo: a quién no están dispuestos a votar los españoles, en ninguna circunstancia. Para ello, toma como base el partido al que votaron el 20-D, o sea, hace tan solo seis meses.

Lo que salta a la vista en primer lugar es una aparente paradoja: los partidos más odiados son también los más votados. Parece haber una relación ¡¡directa!! entre el número de personas que dicen que jamás votarían a determinado partido y el número de personas que dicen que SÍ van a votarlo. A primera vista esto suena a chifladura, pero es así.

Comparemos estos datos con el del último Electopromedio de encuestas del 28 de mayo:

 

Sin título5

 

Casi un 60% del censo declara que jamás votaría al PP, pero alrededor de un 30% de quienes vayan a las urnas (21% del censo) acabará por votarlo. En el otro extremo, poco más un 10% de los electores jamás votaría a Ciudadanos, pero solo un 15% de quienes van a votar parece dispuesto a escoger su papeleta e introducirla en la urna.

Si combinamos ambos datos, sumando odios y afectos, obtenemos un índice combinado, que bautizaremos como “índice de indiferencia”:

Sin título37
Supuesto un porcentaje de participación del 70%

 

Sin título33
Supuesta una participación electoral del 70%

 

Simplificando, podemos decir que el PP no deja indiferente a casi nadie. Un ochenta por ciento de la población o lo ama o lo odia, aunque los segundos son casi el triple que los primeros (59% del censo lo rechaza, frente a un  21%  del censo que lo votará). A Unidos Podemos le pasa algo parecido, con dos veces y media más personas rechazándolo que votándolo. Sorprendentemente, dado el clima de polarización existente, aún queda un 38% de la población que respecto a UP está a medio camino.

Por el contrario, socialistas y ciudanitas suscitan aproximadamente tantos apoyos como rechazos, pero también despiertan muchísima más indiferencia.

Estos datos confirman algo que todos intuíamos: si durante el mes que falta hasta las elecciones, el clima de polarización se mantiene, el Partido Popular y Unidos Podemos serán los beneficiados, porque afianzarán sus votos y podrán pescar algo más entre los electores de los partidos intermedios.

No obstante, también permite sacar una segunda conclusión: el Partido Popular está al límite de su crecimiento potencial (solo un 20% del censo total, sin odiarlo, no llega aún a votarlo), mientras que UP puede crecer mucho más aún, porque dispone de un margen hipotético máximo de un 38% de posibles votantes adicionales. Por lo tanto, el clima de polarización, al contrario del prejuicio que quien escribe estas líneas tenía antes de analizar los datos, beneficiará más a Unidos Podemos que al PP.

La segunda conclusión general es que si el PSOE y/o Ciudadanos consiguen sortear el peligro de la polarización, disponen de un terreno abonado para el crecimiento. Cómo puedan hacerlo es algo que en este momento se me escapa, pero la posibilidad está ahi, esperando a quien sepa aprovecharla. No conviene darlos por descartados demasiado pronto.

¿Y cuáles son los caladeros de votos donde unos y otros pueden pescar?

El Partido Popular lo tiene realmente difícil. Un vistazo a los odios que suscita deja claro que solo puede conseguir algo de voto adicional a costa de Ciudadanos. Pero quienes votaron el 20-D  a Ciudadanos están en este momento bastante más cercanos al PSOE que al PP. Hay un porcentaje importante de ellos que jamás votaría al PP, y eso no les ocurre con los socialistas. Por lo tanto, partiendo de ese 30% que hoy por hoy le conceden las encuestas, el Partido Popular podría arrancar un par de puntos más, quizás tres, gracias a Ciudadanos, porque la mayoría de los votantes de Rivera, ante la disyuntiva de tener que escoger entre Rajoy y Sánchez, elegirían a Sánchez.

Ciudadanos tiene un problema, y se llama indiferencia. Pocos rechazan a este partido (solo hay un porcentaje significativo de rechazo entre los votantes de Podemos, y ni aún así es mayoritario), pero pocos lo adoran. Muchos lo votarían, pero para la mayoría eso no es más que una hipótesis improbable. Por tanto, puede desangrarse a favor del PSOE y en menor medida del PP si no da los pasos adecuados en este mes. A cambio, puede captar muchos votos tanto a derecha e izquierda, incluidos antiguos votantes de Podemos,  si consigue dar un vuelco a su campaña.

La situación del PSOE es parecida a la de Ciudadanos. Ha dejado de ser un partido de referencia, cediendo ese testigo a Podemos. De esta forma, si comete errores en campaña, o si sus electores más tradicionales dejan de verle como partido ganador, corre un gran riesgo de perder votos a favor de Ciudadanos, y, en menor medida, de Podemos. Esto último puede parecer sorprendente, pero es muy importante: casi la mitad (un 40%) de los votantes socialistas del 20-D jamás votaría a Podemos. Las sumas aritméticas teñidas de cuentos de la lechera, que a veces se hacen desde el partido morado, sumando sin más los votos socialistas a los suyos, pueden resultar profundamente erróneas. Hay cerca de tres millones de votantes socialistas que podrán acabar absteniéndose o votando a Ciudadanos, pero que nunca votarán a UP ni aún cuando esta coalición aparezca como opción ganadora.

Por último, en cuanto a Unidos Podemos, antes de escribir este artículo mi convicción era que estaba tocando techo alrededor del 25% de los votos. Sin embargo, a la vista de los datos combinados expuestos más arriba, creo que aún tiene potencial de crecimiento, siempre que consiga desarmar completamente al Partido Socialista. Si el sorpasso que algunas encuestas vaticinan acaba calando en la opinión pública, y si una campaña electoral polarizada tiene lugar, podrá ganar votos suficientes para acercarse, aunque nunca alcanzar, el 30% de los votos. Su estrategia, a la vista de los datos, debería ser enfrentarse públicamente al Partido Popular como si este fuera su enemigo exclusivo, sabiendo, no obstante, que su auténtico rival es el Partido Socialista.  Por el contrario, si yerra el tiro, podría perder votos a favor del PSOE e incluso de Ciudadanos.

En resumen, el PP tiene un escasísimo potencial adicional de crecimiento, y su riesgo de caída desde los niveles actuales es superior.

Ciudadanos y PSOE tienen mucho más que ganar pero mucho más que perder. La campaña para ellos será esencial. La volatilidad de su voto será extrema y sus líderes se la juegan más que los otros dos.

UP es como el espejo hacia la izquierda del PP, en cuanto a posibilidades y a riesgos. Parte de una posición inicial claramente inferior, puede subir algo más que el PP y bajar algo menos. Tiene casi seguro el 20% de los votos y puede aspirar a mucho más, pero al situarse en un extremo del espectro, si no sabe acordar con el partido socialista el día después de las elecciones, quedará momentáneamente relegado. UP solo tiene una opción; el PSOE tiene dos.

 

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