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Según ABC, dirigentes del PP están valorando una coalición con Ciudadanos.

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Atónitos nos hemos quedado todos al ver la portada del diario ABC en el día de hoy, ya lunes. En ella se hace mención a que varios dirigentes del PP piden en Génova que de repetirse elecciones vayan en coalición con Ciudadanos.

Parece ser que en Génova creen que una unión PP-Ciudadanos rondaría los 170 escaños, consiguiendo una mayoría absoluta que les permita seguir con las reformas que se han quedado en el tintero, y que haría frente a una hipotética unión de la izquierda Podemos-IU-Otros.

De producirse esta unión, dicen que Rivera sería Vicepresidente, aunque habría que ver si desde la formación naranja quieren arriesgarse a coaligarse con un partido como el PP en este momento, algo que podría pasar factura al PSOE al polarizar aún más la campaña.

La portada en cuestión:

abcPPCs

#20 de febrero. Ganan Trump y Clinton

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En Nevada, Hillary Clinton ganó las primarias demócratas a Sanders, por estrecho margen. En la carrera general conserva una ventaja grande, aunque aún no decisiva, sobre el candidato “socialista”.

En Carolina del Sur, Trump consiguió un cómodo triunfo republicano, tal y como estaba previsto. Rubio y Cruz, sin embargo, alcanzaron resultados incluso mejores que los vaticinados en las encuestas y ya le pisan los talones. A nivel nacional los tres candidatos pueden estar igualándose. Bush queda descartado como candidato.

 

nevada

 

Próximas citas: 23 de febrero, republicanos en Nevada. 27 de febrero, demócratas en Carolina del Sur.

nev

 

dem

Sigma-dos: se mantiene la suma de los bloques derecha/izquierda.

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Sondeo de Sigma-dos para el diario El Mundo:

PP 27,8% (119)
PSOE 23,1% (93)
Podemos 18,8% (60)
Ciudadanos 15,3% (50)
UP 4

BARÓMETRO INVYMARK PARA LA SEXTA NOCHE

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PP 26.4% (-1.4)
PSOE 21.8% (+0.7)
PODEMOS 20.7% (-0.9)
CIUDADANOS 16.2% (+0.9)
UP 4.2% (+0.4)

Euroescepticismo: ¿por qué se permite a Reino Unido ‘chantajear’ a Europa?

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Reino Unido celebrará un referéndum el próximo 23 de Junio para decidir si continúa en la UE o, por contra, se materializa el llamado #Brexit. Muchos de vosotros os preguntaréis si este referéndum ha sido aceptado por los países miembros de la unión: la respuesta es sí, y de buen grado.

No, en esta ocasión no escucharéis algo como “La Unión Europea pertenece a todos los miembros de la Unión y en caso de celebrarse un referéndum debería ser en todo el territorio, una “nación” no puede decidir por sí misma disgregarse”, estas opiniones parecen válidas únicamente si hablamos de Cataluña, Euskadi y regiones similares. Evidentemente no se pueden comparar ambos casos directamente pues la UE es una cosa y una secesión dentro de un país otra bien distinta, pero sorprende ver a Mariano Rajoy encantado de que los ciudadanos británicos decidan su propio futuro.

Al margen de este asunto, es sorprendente ver como los países aceptan de buen grado que un estado miembro tenga privilegios que el resto no tienen, que pueda cargarse la filosofía y las normas de la unión discriminando a los inmigrantes con respecto a los británicos.

Choca ver como un David Cameron exultante (que por otra parte tiene un papel complicado en su país) es capaz de forzar a Francia, Alemania o España a que acepten sus condiciones para que Cameron pase de pedir el NO a Europa a liderar una campaña por el sí, sin ningún tipo de garantía extra. Es un win-win para Reino Unido.

Es inaceptable que se exija al resto de países la entrada en la moneda única, mientras en Londres siguen acuñando libras que inundan sus varios paraísos fiscales. Todos lo saben, nadie dice nada. A nadie le sorprende que en pleno centro londinense exista un paraíso fiscal camuflado, la City, que supone un buen motor para la economía británica. Es el precio que pagamos por tener con nosotros al hermano pequeño de EEUU, su gran aliado.

¿Puede Reino Unido “chantajear” a la UE? Ya hemos visto que sí, incluyendo grandes dosis de paripé político en una maratoniana jornada que cada país aprovechará para intentar venderla como un éxito. Yo me pregunto dónde queda esa UE solidaria que debía caminar hacia una integración total, donde se reclamaba una política fiscal común y que ahora ha saltado por los aires.

Los estados miembros deberían plantearse un ultimátum a UK: si se queda, que acepte las normas, que asuma el euro y acepte una integración al estilo de EEUU, país que tanto les gusta. En caso contrario, ¿tiene sentido mantenerles dentro de la Unión? Es más, ¿sigue teniendo sentido la Unión Europea? Probablemente hoy sea el primer día del fin de la UE tal como la conocemos.

GIPEyOP: empate técnico PSOE-Podemos. Los Ciudadanos prefieren pacto a elecciones.

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Estimación para Generales:

PP 27,1%
PSOE 22,3%
Podemos 22,3%
Ciudadanos 14,9%
UP 3,2%
ERC 2,4%
DiL 2,4%
PNV 1,2%
Bildu 0,7%

Pacto vs Nuevas elecciones:
(entre paréntesis partidos cuyos votantes prefieren un pacto, todos superan el 50%, ordenados de mayor a menor apoyo al pacto)

Prefieren pacto 66% (PSOE-Ciudadanos-UP-Podemos-PP-Otros)
Repetir elecciones 30%

Si se repitieran elecciones…

PP (aumentaría 47,4%)
PSOE (disminuiría 62%)
Podemos (aumentaría 56,8%)
Ciudadanos (disminuiría 39,7% vs aumentaría 32,7%)
UP (se mantendría 39,7% vs aumentaria 37,3%)

Un nuevo Gobierno deberia liderarlo…

PSOE 48,5% (votantes del PSOE: 94,3%. votantes de UP: 81,3%. votantes de 80,4%.

Si el Gobierno es liderado por PSOE, ¿con quién deberia pactar?
1) PSOE-Podemos-UP (52%)
2) PSOE-Podemos-Ciudadanos
3) PSOE-Ciudadanos

Entre votantes del PSOE:
1) PSOE-Podemos-Ciudadanos (30,3%)
2) PSOE-Podemos-UP (29,7%)
3) PSOE en solitario (26,7%)

PP 31,2% (votantes del PP: 92,2%. votantes de Cs: 40,4%)

Si el Gobierno es liderado por PP, ¿con quién deberia pactar?
1) PP-PSOE-Ciudadanos (56%)
2) PP-Ciudadanos
3) PP-PSOE
4) PP en solitario

Entre votantes del PSOE:
1) PP-PSOE-Ciudadanos (54,8%)
2) PP-Ciudadanos
3) PP en solitario
4) PP-PSOE

Indecisos
PSOE-Podemos-UP (42%)
PP-PSOE-Ciudadanos
PSOE-Ciudadanos

De alcanzarse un pacto, ¿Cuanto durará la próxima legislatura?

Menos de seis meses: 4,4%
De seis meses a un año: 12,5%
De uno a dos años: 31,8% (entre votantes PP: 30,4%, PSOE: 27,8%, Podemos: 28,6%, Ciudadanos: 39,9%)
De dos a tres años: 26,5%
Más de tres años: 24,9%

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Documento completo: http://www.uv.es/pavia/Encuesta_GIPEyOP_Pactos_y_Gobernabilidad.pdf

¿Hace falta una ley de prensa en España?

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El 3 de julio de 2014, es decir, en la prehistoria, Pablo Iglesias afirmaba que los medios de comunicación tenían que someterse a  “un control público”, al menos en parte, para evitar que casi todos “estén en poder de los mismos”, que suelen ser “multimillonarios”.

Mucho ha llovido desde entonces, pero en este tema ha sido para mal. Proliferan las críticas sobre la parcialidad de los medios, sobre diversos raseros en el tratamiento de las noticias, encuestas manipuladas con intenciones concretas, etc, etc. Y casi siempre hay un mar de fondo: quien critica opina que hay que atajar estos desmanes, cortar por lo sano tanto abuso.

Enumeremos primero algunos excesos de la prensa, de menor a mayor gravedad:

  1. Artículos de opinión sesgados o parciales.
  2. Selección interesada de las noticias. Búsqueda sistemática de escándalos en los partidos contrarios, y silenciamiento de los propios. Puesta en primer plano de las noticias favorables para los cercanos, y silenciamiento o arrinconamiento de las favorables para los enemigos. Parcialidad manifiesta.
  3. Presentación como noticias de lo que en realidad son elaboraciones interesadas o meras opiniones.
  4. Invención de noticias o manipulación de datos con la intención de conseguir ventajas propias o de perjudicar a los adversarios.
  5. Artículos que contienen ofensas, insultos, injurias o calumnias contra los contrarios.
  6. Artículos de contenido directamente delictivo.

 

El clima político que ha propiciado este ambiente es la polarización de los últimos dos años. El Partido Popular, responsable del gobierno, es visto por gran parte de la sociedad como un partido corrupto, manipulador y responsable de todos los males. Hay un rechazo hacia el partido gubernamental mayor que el que jamás haya existido en nuestra democracia desde 1981. En el otro extremo, Podemos resulta para otra gran parte de la sociedad una amenaza real contra la convivencia. Muchos ciudadanos tienen auténtico pavor a la posibilidad de que pueda llegar de una u otra forma al gobierno.

Parece que tenemos dos sociedades coexistiendo en un mismo espacio, despreciándose y odiándose entre sí. El resto está perplejo, rodeado por los odios de unos y otros, sin saber a qué carta quedarse, y con la sensación de que finalmente puede que se vea obligado a tener que escoger entre lo que para ellos es lo malo y lo peor.

Solo en este contexto se pueden entender reacciones tan desproporcionadas como la que se produjo frente al espectáculo de “los titiriteros”, que llevó a un patético encarcelamiento criticado incluso por los sectores conservadores menos cegados por el partidismo. La derecha está nerviosa y reacciona con excesos, presionando a la judicatura y a los medios afines. Se intenta perseguir toda manifestación artística mínimamente contestaria, irreverente o sarcástica. Se cumplen treinta años en estos días de hechos que parecían olvidados, como la persecución de películas como La Última Tentación de Cristo o de canciones como “Mujer contra Mujer” y parece que no hemos avanzado nada. El nuevo mantra es perseguir todo lo que suene a ETA, a ofensa religiosa, a salida de tono. Se dejan de emitir en la televisión pública reportajes sobre la familia real. Se remueve de su puesto a los periodistas que intentan presentar visiones críticas. En eso está nuestra derecha, sin entender que las salidas de tono y la crítica son, precisamente, la esencia de una democracia.

Por el otro lado,  solo en este ambiente alocado de polarización se puede entender que ante las encuestas de los últimos días, menos favorables para Podemos que las anteriores, las redes sociales se inunden de comentarios que defienden “una ley de prensa” para poco menos que prohibir su publicación. La aversión a Metroscopia que se ha instalado en ciertos comentaristas morados es solo comparable al amor que le tenían hace apenas un año, cuando vaticinaba resultados bien distintos.  Pero es que durante el último año se ha asentado definitivamente en la mente de muchos activistas la convicción de que las encuestas, como tantas otras cosas, están en manos de los poderes financieros (“el Ibex”) la derecha y los malos: una especie de diablos con tridentes en la mano.

Todo, en el fondo, es manifestación de lo mismo; es la forma que encuentran unos y otros para sentirse fuertes y legitimados contra el enemigo, algo que une más que ninguna otra cosa a ciertos seguidores (afortunadamente no a todos) de PP y Podemos, hasta hacerlos indistinguibles por dentro. Odio en los unos, miedo en los otros. Totalitarismo en ambos.

Pero solo hace falta elevarse un poco por encima de tanto ruido para darse cuenta de que nada es para tanto. Ni Podemos va a acabar con todo, destrozando nuestra vida, ni el Ibex es un malvado pulpo que todo lo controle, ni el cielo se nos va a caer encima si dejamos a los adversarios gobernar.

En España hay numerosos medios de prensa, nos guste o no. Y hay de todo. La propiedad y la línea editorial son variadas. Incluso aunque fuera cierto que “todos” los medios significativos están controlados por “el enemigo”, seguiría siendo verdad que vivimos en la sociedad más plural de la historia. A nuestro alrededor proliferan mil posibilidades, mil vías para el debate y la confrontación democrática de opiniones.

En las redes sociales, por ejemplo, el dominio de los seguidores de Podemos resulta abrumador. Ya sea porque en general son más jóvenes, están más conectados, más concienciados, son más activos, o por todo a la vez, la verdad es que los usuarios se ven a menudo rodeados por opiniones que en un 70 u 80% de los casos van en la misma dirección. ¿Significa eso que Twitter no es libre?  ¿Hay que imponer cuotas allí para garantizar la “pluralidad”? ¿Debe el Estado crear un servicio de microblogging paralelo que garantice que las consignas de los malos no sean trending topic inmediatamente? ¿Hay que montar, para garantizar la pluralidad, unos premios Goya alternativos en los que se ovacione al ministro de turno y se abronque a Pablo Iglesias? Por supuesto que no. Todo eso sería un disparate. Como disparate es pretender poner puertas al campo y orientar por ley la libertad de expresión. Lo diga quien lo diga.

Si alguien comete un delito aprovechando su poder mediático (punto 6) debe ser perseguido penalmente. Que se denuncie. Que se investigue. Que se juzgue. Que se encarcele si hace falta al culpable, tanto si pertenece a un extremo del espectro político, como si pertenece al extremo contrario, como si es mediopensionista.

Si un medio de difusión ofende a una persona o la menosprecia sin motivo (punto 5), esa persona tiene el derecho a defenderse. El Código Penal le ampara. Denúncielo. Se juzgará al responsable y se le condenará, en su caso.

Si un medio publica noticias manipuladas o falsas (punto 4), acúdase también a los tribunales. Aunque no haya motivos penales para perseguir este hecho, aún puede existir un derecho a la rectificación. El medio manipulador o falseador se verá obligado a publicar la rectificación. Si nos parece que las rectificaciones que se publican a menudo en la prensa son insuficientes o pasan inadvertidas, apruébese una ley más dura que obligue a que la rectificación tenga más presencia en el medio manipulador que la que tuvo la falsedad. Algunos disponen de diputados con los que intentar sacar adelante esta iniciativa. Que la presenten. Estoy seguro de que la mayoría de la sociedad estará de acuerdo.

Pero si aparte de todo esto a usted le parece que muchos medios son sectarios, o están vendidos a no sé qué poderes maléficos, entonces lea o escuche medios que no lo estén. Incluso aunque todas las  licencias de radio y televisión estuvieran manipuladas y dirigidas, incluso aunque toda la prensa de papel fuera un puro teatro montado por los poderes fácticos; desde hace una década han aparecido otras fuentes de información que escapan a todos esos manejos. El mundo entero está a su disposición, a menos de un segundo de distancia, listo para hacer posible la libertad. Ejercite usted esa libertad, en vez de pretender callar bocas.

Apoye a los que le parezcan mejores. Haga sus comentarios en los medios de libre acceso, que son muchos. Publique en Facebook o Twitter. Entre en miles de foros. Siga a los buenos. Desenmascare a los malos. Dispone usted de herramientas de participación por todas partes, campañas por WhatsApp, cadenas de mensajes, etc, etc.  Participe de esta sociedad en la que, desde hace diez o doce años, hay más pluralidad, más posibilidades para la información, la opinión y la movilizacion que nunca. Los poderes públicos tienen cada vez menos capacidad para controlar lo que se publica, y usted lo sabe. Y si no lo sabe, debería saberlo. Porque a la vista está.

Todos sabemos que las teorías conspiratorias son muy gratificantes para los que creen en ellas, pero no suelen ser ciertas. Así que deje de quejarse como un crío, por favor (si es usted de Podemos) y deje de perseguir fantasmas (si es usted del PP). Participe. Tuitee todas sus razonadísimas razones (si es que no lo hace ya). Proponga mejoras legales que sancionen con dureza a quien miente o engaña, obligándole a publicar destacadamente la rectificación. Proponga que se implanten criterios objetivos a la hora de conceder licencias de radio o televisión. Muchos estaremos de acuerdo con esas propuestas. ¡Adelante, que ya estamos todos en el Congreso!

Pero no nos quieran hacer creer que todo es una conspiración de los poderosos contra las inocentes caperucitas, ni una conjura comunista para sumirnos en el abismo. Porque los demás ciudadanos, aparte de ustedes, también tenemos ojos en la cara,  oídos con los que enterarnos de la realidad, y dedos con los que acceder a un teclado o una pantalla táctil. Los medios nos bombardean con mensajes de todo tipo a diario, y nos llegan exabruptos azules y morados por todas partes. Pero cuando alguien intenta silenciar algo, inmediatamente cientos de usuarios pueden destaparlo y lo hacen. Vaya si lo hacen. Cuando alguien miente se le puede pillar mucho mejor que antes. ¡Bendita hemeroteca! La ocultación y la mentira no han desaparecido hoy en día, por supuesto, pero lo tienen mucho más crudo que en el pasado, porque el poder se está repartiendo, también en cuanto a la información y la opinión, beneficiando a los ciudadanos corrientes.

La prensa a menudo es superficial, amarillista y parcial. Es cierto. Muchas veces quiere hacer caja, o conseguir visitas fáciles, y poco le importa la verdad. Pero todos los días comprobamos que, a pesar de ello, la España del siglo XXI  es la sociedad más plural y más libre de toda nuestra historia. Aprovéchenlo para difundir ideas e intentar conseguir objetivos políticos y sociales, en vez de llorar y reclamar controles que solo pueden etiquetarse con una palabra: totalitarismo.

 

Enlace para nostálgicos. Nunca más

@josesalver

Nevada: muchas dudas demócratas. Carolina del Sur: ¿Gana Trump?

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El sábado 20 se celebran las primarias demócratas en Nevada. El Estado no es esencial, y hay muy pocas encuestas disponibles. Los datos a día de hoy no son concluyentes y van desde el empate hasta la victoria clara de Clinton. La tendencia general de Sanders es ascendente, así que puede remontar.

 

NEVADA DEM

 

En Carolina del Sur se celebran también primarias este sábado, pero esta vez en el campo republicano. Trump lleva de momento una cómoda ventaja.  Rubio y Kasich escalan posiciones.

 

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Fuente: RealClearPolitics

2×1: Lo que la izquierda no reconocerá sobre el salario mínimo

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Una de las propuestas estrella del documento que Podemos  presentó al PSOE el 15 de febrero es una sustancial subida del salario mínimo en España. ¿Es una buena idea?

Entre las obsesiones más habituales de la izquierda está sin duda subir el salario mínimo. A 700, a 800, a mil euros al mes… Las promesas electorales se suceden, tanto que parece, a veces, una rifa. ¿Quién da más?

Lo que no nos dirán nunca desde la izquierda es que toda decisión económica tiene un debe y un haber, una cara bonita y unas consecuencias no tan bonitas. De lo segundo se olvidarán. Siempre.

Para entender el problema hay que saber que el salario es un precio. Es el precio que paga el empresario por utilizar la fuerza de trabajo de una persona. En los mercados, los precios se forman “por el cruce de la oferta y la demanda”. Si hay muchos que ofrecen su producto (en este caso, su trabajo personal) y pocos que lo demandan, el precio baja, porque hay mucho donde escoger, mientras que si ocurre lo contrario el precio sube. Eso es todo. Los economistas de mercado dicen que el mecanismo funciona, y que lo que hay que hacer es dejarlo en paz y no interferir. Los precios suben o bajan hasta alcanzar un equilibrio donde todos los productos ofrecidos son finalmente adquiridos al precio de equilibrio. Teóricamente, por tanto, no debería haber paro. No puede haberlo en un mercado ideal.

¿Por qué hay paro, entonces, en el mundo real?

Digamos que un pequeño nivel de desempleo de recursos es inevitable. Los economistas de la derecha reconocerán que hay una pequeña cantidad de desempleo que se explica por las incorporaciones de nuevos trabajadores que necesitan un pequeño tiempo para su inserción, por la necesaria adaptación a cambios tecnológicos, por la rotación entre unas actividades y otras, por reemplazos generacionales, por cambios familiares que exigen cambios de domicilio y trabajo… pero todos esos factores pueden generar un 2% o un 3% de desempleo. No mucho más.

¿Pero por qué hay mucho más paro que eso?

Si preguntamos eso los economistas derechistas entran a saco. Dicen que si hay tanto paro puede que sea porque nos empeñamos en no hacer caso al mercado. El mercado operando por su cuenta llegaría a acuerdos razonables. Pero claro, no le dejamos. Nos ofuscamos imponiéndole lo que es digno y lo que no, estableciendo los horarios máximos que hay que cumplir, los salarios que hay que pagar, los límites de esto y lo otro…

Y entonces llega el problema. El problema se llama rigidez, y se paga con tasas de desempleo elevadas. Y lo pagan los de abajo.

La abuela necesita un asistente por horas, porque vive sola y hay cosas que ya no puede hacer por sí misma. Tiene una pensión aceptable de 1.000 euros al mes, y puede contratar a alguien que la ayude unas horas a día a cambio de 400 euros mensuales (más 50 de cotización). La abuela hace cuentas, y ve que después de esos pagos le quedarán 550 euros al mes para sus gastos. Puede permitírselo. Así que decide contratar a alguien. Pero entonces se topa con la ley.  El Estado, porque él lo vale, decide por ejemplo, que esas horas trabajadas no valen  menos de 550 euros (más 75 de cotización). Entonces la abuela se verá obligada a hacer cuentas otra vez para comprobar que después de pagar ese sueldo le quedarían libres 375 euros al mes. Con eso no podría vivir.

Así que la anciana tiene dos opciones:

  1. Renunciar a contratar a nadie y apañárselas como pueda. Si lo hace, tendremos un parado más de la cuenta, un parado que no existiría si papá Estado no se empeñarse en arreglarnos nuestros propios problemas.
  2. Infringir la ley, arriesgarse, y pagarle a alguien los 400 euros mensuales bajo cuerda. Así la abuela se ahorra, además, 50 euros mensuales. Si lo hace tendremos un empleo sumergido más. Y una abuela más rica. Y un trabajador sin cobertura. Y un Estado que no recaudará cotizaciones, ni IRPF.

En Noruega la primera solución ganaría por goleada. En España, la segunda opción tiene muchas posibilidades de salir adelante. En ambos casos, para el conjunto de la sociedad, tendremos más paro, o más economía sumergida, o ambas cosas a la vez. Pretendiendo dignificar al trabajador, lo que consigue la medida del gobierno es mandar a los trabajadores al paro o a la desprotección social. Se perjudica a los que se cree defender, porque a los trabajadores que ganan 2.500 euros mensuales todo esto no les afecta. Afecta a los de abajo.

Por el camino se produce otro efecto según los economistas defensores del mercado: al establecer o subir un salario mínimo, hay menos consumo (demanda) en el conjunto de la sociedad. La abuela ahorrará parte de su pensión, y esta parte no volverá al ciclo económico hasta mucho tiempo después. Mientras tanto, ese dinero estará desocupado. Como desocupada queda la parte de la sociedad menos cualificada, aquella cuyos salarios de equilibrio queden por debajo del salario mínimo establecido desde arriba.

Tras la imposición del salario mínimo, la sociedad en su conjunto empobrece. Cae a tasas de desempleo, economía sumergida y explotación laboral mayores. Las cuentas públicas se resienten: habrá menos ingresos y no podrán hacer frente a las necesidades de subsidios crecientes. Un nuevo y demoledor círculo vicioso se habrá adueñado de la economía del país.

El ministro de economía de Podemos tendrá entonces un serio problema. Pero nos dirá que la culpa es de la Troika. Probablemente.

@josesalver

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