Sondeo difundido por el Heraldo de Aragón para la ciudad de Zaragoza:

PP 26,99% (9-11)
Zaragoza en Común 20,49% (7-8)
PSOE 20,27% (7-8)
C’s 14,95% (5-6)
Cha 7,79% (1-2)

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RKO73
RKO73 (@rko73)
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5 años atrás

Se ha escrito mucho sobre la legalización de la prostitución desde que el nuevo gurú de la derecha decidió introducirla en su propuesta económica (que no social), dando un paso ultraliberal más que el PP, cuando decidió incluirla en el PIB junto al tráfico de drogas.

A continuación os detallo los puntos de opinión del ideario comunista que comparto sobre este tema:

La prostitución es una forma de explotación que debe ser abolida y no una profesión que hay que reglamentar porque es una forma de violencia de género.

Lo que las personas prostituidas tienen que soportar, equivale a lo que en otros contextos correspondería a la definición aceptada de abuso sexual. El punto de vista según el cual los actos sexuales tolerados, pero no deseados, pueden ser vividos sin perjuicio es, cuando menos, dudoso. Las prostitutas necesitan y desean el dinero de la prostitución, pero no desean la sexualidad prostitucional que, en tanto que tal, es un abuso sexual remunerado.

Regular la prostitución legitima implícitamente las relaciones patriarcales: equivale a aceptar un modelo de relaciones asimétricas entre hombres y mujeres, establecer y organizar un sistema de subordinación y dominación de las mujeres, anulando la labor de mejorar la lucha por la igualdad de las mujeres.

Al legitimarla se convierte en un soporte del control patriarcal y de sujeción sexual, sobre todo, de las mujeres, con un efecto negativo no solamente sobre las mujeres y las niñas que están en la prostitución, sino sobre el conjunto de las mujeres como grupo, ya que la prostitución confirma y consolida las definiciones patriarcales de las mujeres, cuya función sería la de estar al servicio sexual de los hombres. No sólo se trata de las mujeres y niñas que hoy son violentadas, sino de los millones y millones que pueden sufrir el mismo destino, porque toda mujer puede tener ese destino.

Si reglamentamos la prostitución, integrándola en la economía de mercado, estamos diciendo que esto es una alternativa “laboral” aceptable para las mujeres y, por tanto, si es aceptable, no es necesario remover las causas, ni las condiciones sociales que posibilitan y determinan a las mujeres a ser prostituidas.

La regulación de la prostitución como profesión refuerza la normalización de la prostitución como una "opción para las pobres».

No es imaginable a nadie, sugiriendo a los pescadores, a los trabajadores de los astilleros, de la minería, de la construcción ni de ninguno otro sector, que una buena salida a su situación de paro sea el prostituirse, ya sea bajo la modalidad por cuenta propia o ajena, ya sea en centros autogestionados por ellos o creados por la patronal. Tal atrevimiento sólo es posible porque la mayoría de las personas en situación de prostitución son mujeres.

Cuestiona la educación para la igualdad: Si convertimos esta forma de violencia en una profesión para las mujeres no podremos educar para la igualdad en una sociedad donde las niñas sabrán que su futuro puede ser prostitutas, y los chicos sabrán que puede usar a sus compañeras para su disfrute sexual si tienen el suficiente dinero para pagar por ello.

No es aceptable distinguir entre prostitución forzada y libre: Las tediosas discusiones acerca de la “prostitución libre” o la “forzada”, o las elaboradas diferenciaciones entre trata y prostitución, carecen de sentido bajo esa óptica. Hay trata porque hay prostitución, del mismo modo que había tráfico de esclavos porque había esclavitud. La prostitución jamás se da en condiciones de libertad; nunca es objeto de un contrato de compraventa entre personas iguales en derechos y libertades. La actitud democrática ante la esclavitud se basa en el rechazo a un estatuto degradante para la dignidad humana, no en la percepción que cada esclavo pueda tener acerca de su condición.