¿Quedan aún oportunidades para Europa?

Europa ha pasado en los últimos años por una profunda crisis de identidad y de liderazgo. Tanto, que muchos se plantean si la Unión tal y como la concebimos sirve para algo. Tras la decisión británica de abandonar el club, que acabará por materializarse probablemente en 2019, está claro que es resulta imposible avanzar de manera consistente cuando tenemos entre manos un conjunto heterogéneo de países, con distintos objetivos, distintas perspectivas y distinta manera de entender qué esperan de las instituciones comunitarias.

Quizás ha llegado el momento de dar un paso más y avanzar hacia unos auténticos Estados Unidos de Europa.

Pero esos objetivos ambiciosos necesitarán apoyarse en una ciudadanía convencida, que reme a favor de corriente y no en su contra. Es decir, habrá que contar, antes que con ninguna otra cosa, con la voluntad de los ciudadanos…

 

 

El mapa pone bien a las claras con quién se puede contar y con quién no. El eje franco-alemán (que, eso sí, flaquea hacia Alemania del Este) es la clave ineludible de cualquier nueva iniciativa. Contando con el probable apoyo de la península ibérica, y con algunos países menores, podría avanzarse deprisa y con consistencia hacia unas mayores cotas de cohesión. En cambio, empeñarse en embarcar en un proyecto nuevo a toda la Unión actual de 27 países es, quizás, una mala idea, si lo que se pretende es avanzar de verdad. Sencillamente, la población de muchas regiones no está por la labor. Probablemente sea un error comprometer en un proyecto renovado y más ambicioso a quien no quiere ser parte de él. La alternativa es, como se está empezando a atisbar en algunas cancillerías europeas, construir una unión más pequeña pero mucho más cohesionada, nacida en el seno de la U.E. actual, pero desligada de ella y de su esclerótica forma de actuar.

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