EMNacionalActualidad¿Debemos retrasar la hora en España?

¿Debemos retrasar la hora en España?

electomania.es -

Ahora que los políticos han vuelto a plantear este asunto, habrá que discutir un poco sobre él.

Siempre que se habla de esto, aparece un amiguete que dice: “De cambiar la hora nada: con lo a gusto que estoy yo en junio, tomándome una cañita a pleno sol, a las diez de la noche; no como los noruegos, que se les va el sol a las cinco de la tarde y viven amargados…”

Lo primero que hay que decir es que eso no es cierto. A las diez de la noche, en junio, en Edimburgo, en Copenhague o en Helsinki, también puede ser de día. De hecho, lo es. Y lo es porque en esas fechas por ahí arriba tienen dieciocho o veinte horas diarias de luz. Así que de deprimidos nada. Exceso de sol tienen, más bien.

Pero hablemos en serio por un momento. ¿Qué demonios es la hora? La hora que llevamos en el reloj o en el móvil es una convención, un apaño. En la época antigua no había nada de eso: cada ciudad tenía su propia hora, conforme a su posición respecto al Sol. Aquello era lo justo, porque la hora real es diferente en cada lugar.

Eso de llevar relojes y tener la misma hora en ciudades distintas es una cosa moderna. ¿Por qué se hizo? Se hizo porque dividir el planeta en husos horarios daba seguridad a las relaciones comerciales y personales: si cada ciudad tiene su propia hora, no hay quien se aclare. Pero si dividimos el mundo en solo 24 husos horarios, basta conocer la diferencia que hay entre un sitio y otro, para saber la hora de cualquier lugar del mundo.

Bien, y ¿cuál es el problema?

El problema es que se implantaron los 24 husos horarios, pero luego cada país ha hecho lo que le ha venido en gana. En lugar de adecuar sus horarios al huso en que encajaban, los Estados han adoptado el huso o husos que más les ha convenido según sus intereses. En China, por ejemplo, su democrático gobierno decidió que todo el país debía tener la misma hora. Por narices. Así que en Heilongjiang amanece cuatro horas antes que en Xinjiang, pero sus habitantes tienen la misma hora de reloj (a la que, por cierto, no le hacen ni caso). Otros países grandes, más razonables, están divididos en tres, cuatro, o cinco husos horarios distintos. Pero casi nadie sigue exactamente el patrón de los meridianos: cada Estado lo interpreta a su manera.

 

SolarTimeVsStandardTime

 

El resultado es que una parte de la humanidad tiene el reloj sustancialmente adelantado y otra sustancialmente atrasado respecto a la hora solar real. En el mapa lo podéis ver: los adelantados van en color rojo y los retrasados en color verde. En general, hay países enteros que marchan adelantados o atrasados, pero incluso se dan casos de países donde hay partes adelantadas y otras atrasadas, como en China. Un auténtico lío.

¿Y en España qué pasa?Sin 3

En España Francisco Franco Bahamonde, caudillo por la gracias de Dios, pensó que eso de que el reloj en Madrid estuviera atrasado una hora respecto al de Berlín (algo lógico teniendo en cuenta que en Berlín amanece y anochece por lo general una hora y pico antes que en Madrid) no era bueno para las relaciones con los amigos. Así que decidió en 1942 que nos quedáramos (y así seguimos) con la misma hora de Berlín.

El resultado es que, casi un siglo después, nos hemos acostumbrado tanto a que en junio anochezca tarde, que ya nos da igual tener el horario desfasado. Los raros son los otros, que comen demasiado pronto. Los raros son los otros, para los que el mediodía son las doce y no las dos.

Y eso es todo. El asunto no es un drama: simplemente tenemos la hora mal puesta, como tantos otros lugares del mundo. Las dictaduras comunistas fueron muy dadas a estas cosas (su herencia se ve muy clara en el mapa), pero las dictaduras fascistas tampoco les fueron a la zaga. Muy distintas no parecen, ni siquiera en esto.

En el caso de España, el desfase que arrastramos es ya grande en lugares como Palma de Mallorca o Girona, pero resulta descomunal en ciudades como Ponferrada o Vigo.

Lo lógico, lo sensato, lo razonable, sería atrasar nuestro reloj una hora, y de paso enmendarle la plana al dictador del siglo XX. Ya que le hemos quitado los nombres de las calles, no se entiende muy bien la resistencia que tenemos a quitarle la hora… De hacerlo así, nos levantaríamos y nos acostaríamos sesenta minuto antes (según la hora del reloj, pero a la misma según la realidad solar). Entonces el mediodía volvería a estar un poco más cerca de la mitad del día, y la medianoche un poco más cerca de la mitad de la noche. Lo lógico, vaya.

¿Por qué no adoptamos un cambio tan sencillo y tan razonable como éste? ¿Por qué no ponemos el reloj en hora de una vez?

Pues porque a las ideas les cuesta morir, que diría Asimov. O lo que es lo mismo, porque las personas somos conservadoras por naturaleza, por muy progresistas que nos creamos, y cada año que pasa lo somos más: nos acostumbramos a lo que tenemos, lo haya traído Dios o el Diablo, sea razonable o estúpido, y siempre encontramos razones para defenderlo.

El tema del cambio de hora es un asunto muy menor. Es una simple convención. Adaptarla a la realidad no nos mejoraría ni nos empeoraría mucho la vida. Pero demuestra algo mucho más importante: pone en evidencia la enorme fuerza que tiene en las sociedades la resistencia al cambio. Lo que existe desde tiempo atrás goza, por el mero hecho de tener historia, de una legitimidad social que no se le concede a lo que llega de nuevas. Lo novedoso, por muy cargado de razones que esté, tiene que ganarse la legitimidad tras un duro trabajo.

Por eso los presupuestos públicos se elaboran tomando como base los del año anterior, perpetuando injusticias, en lugar de la mucho más razonable técnica del presupuesto base cero. Por eso las subvenciones que vienen de atrás son muy difíciles de suprimir, aunque se demuestre su injusticia o su inutilidad, mientras que implantar otras nuevas mucho más razonables es dificilísimo y se topa con resistencias. Por eso los agravios comparativos no parecen tan graves si tienen la pátina de los años, pero siempre surgen protestas que cuentan con apoyo social cuando se trata de erradicarlos. Por eso nos encanta la estrafalaria hora que llevamos en el reloj, y consideramos una agresión que alguien intente adecuarla a la realidad. 

 

2016-03-26 13.12.14
Un reloj solar en Úbeda (Jaén), marca el momento del mediodía (12:00 horas). Es el sábado 26 de marzo de 2016. Según el horario oficial son, en cambio, las 13 horas, 12 minutos y 14 segundos. Esa noche se cambió la hora. Al día siguiente, 27 de marzo, el mediodía cayó oficialmente a las 14 horas y 12 minutos.

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