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2×1: Lo que la izquierda no reconocerá sobre el salario mínimo

electomania.es -

Una de las propuestas estrella del documento que Podemos  presentó al PSOE el 15 de febrero es una sustancial subida del salario mínimo en España. ¿Es una buena idea?

Entre las obsesiones más habituales de la izquierda está sin duda subir el salario mínimo. A 700, a 800, a mil euros al mes… Las promesas electorales se suceden, tanto que parece, a veces, una rifa. ¿Quién da más?

Lo que no nos dirán nunca desde la izquierda es que toda decisión económica tiene un debe y un haber, una cara bonita y unas consecuencias no tan bonitas. De lo segundo se olvidarán. Siempre.

Para entender el problema hay que saber que el salario es un precio. Es el precio que paga el empresario por utilizar la fuerza de trabajo de una persona. En los mercados, los precios se forman “por el cruce de la oferta y la demanda”. Si hay muchos que ofrecen su producto (en este caso, su trabajo personal) y pocos que lo demandan, el precio baja, porque hay mucho donde escoger, mientras que si ocurre lo contrario el precio sube. Eso es todo. Los economistas de mercado dicen que el mecanismo funciona, y que lo que hay que hacer es dejarlo en paz y no interferir. Los precios suben o bajan hasta alcanzar un equilibrio donde todos los productos ofrecidos son finalmente adquiridos al precio de equilibrio. Teóricamente, por tanto, no debería haber paro. No puede haberlo en un mercado ideal.

¿Por qué hay paro, entonces, en el mundo real?

Digamos que un pequeño nivel de desempleo de recursos es inevitable. Los economistas de la derecha reconocerán que hay una pequeña cantidad de desempleo que se explica por las incorporaciones de nuevos trabajadores que necesitan un pequeño tiempo para su inserción, por la necesaria adaptación a cambios tecnológicos, por la rotación entre unas actividades y otras, por reemplazos generacionales, por cambios familiares que exigen cambios de domicilio y trabajo… pero todos esos factores pueden generar un 2% o un 3% de desempleo. No mucho más.

¿Pero por qué hay mucho más paro que eso?

Si preguntamos eso los economistas derechistas entran a saco. Dicen que si hay tanto paro puede que sea porque nos empeñamos en no hacer caso al mercado. El mercado operando por su cuenta llegaría a acuerdos razonables. Pero claro, no le dejamos. Nos ofuscamos imponiéndole lo que es digno y lo que no, estableciendo los horarios máximos que hay que cumplir, los salarios que hay que pagar, los límites de esto y lo otro…

Y entonces llega el problema. El problema se llama rigidez, y se paga con tasas de desempleo elevadas. Y lo pagan los de abajo.

La abuela necesita un asistente por horas, porque vive sola y hay cosas que ya no puede hacer por sí misma. Tiene una pensión aceptable de 1.000 euros al mes, y puede contratar a alguien que la ayude unas horas a día a cambio de 400 euros mensuales (más 50 de cotización). La abuela hace cuentas, y ve que después de esos pagos le quedarán 550 euros al mes para sus gastos. Puede permitírselo. Así que decide contratar a alguien. Pero entonces se topa con la ley.  El Estado, porque él lo vale, decide por ejemplo, que esas horas trabajadas no valen  menos de 550 euros (más 75 de cotización). Entonces la abuela se verá obligada a hacer cuentas otra vez para comprobar que después de pagar ese sueldo le quedarían libres 375 euros al mes. Con eso no podría vivir.

Así que la anciana tiene dos opciones:

  1. Renunciar a contratar a nadie y apañárselas como pueda. Si lo hace, tendremos un parado más de la cuenta, un parado que no existiría si papá Estado no se empeñarse en arreglarnos nuestros propios problemas.
  2. Infringir la ley, arriesgarse, y pagarle a alguien los 400 euros mensuales bajo cuerda. Así la abuela se ahorra, además, 50 euros mensuales. Si lo hace tendremos un empleo sumergido más. Y una abuela más rica. Y un trabajador sin cobertura. Y un Estado que no recaudará cotizaciones, ni IRPF.

En Noruega la primera solución ganaría por goleada. En España, la segunda opción tiene muchas posibilidades de salir adelante. En ambos casos, para el conjunto de la sociedad, tendremos más paro, o más economía sumergida, o ambas cosas a la vez. Pretendiendo dignificar al trabajador, lo que consigue la medida del gobierno es mandar a los trabajadores al paro o a la desprotección social. Se perjudica a los que se cree defender, porque a los trabajadores que ganan 2.500 euros mensuales todo esto no les afecta. Afecta a los de abajo.

Por el camino se produce otro efecto según los economistas defensores del mercado: al establecer o subir un salario mínimo, hay menos consumo (demanda) en el conjunto de la sociedad. La abuela ahorrará parte de su pensión, y esta parte no volverá al ciclo económico hasta mucho tiempo después. Mientras tanto, ese dinero estará desocupado. Como desocupada queda la parte de la sociedad menos cualificada, aquella cuyos salarios de equilibrio queden por debajo del salario mínimo establecido desde arriba.

Tras la imposición del salario mínimo, la sociedad en su conjunto empobrece. Cae a tasas de desempleo, economía sumergida y explotación laboral mayores. Las cuentas públicas se resienten: habrá menos ingresos y no podrán hacer frente a las necesidades de subsidios crecientes. Un nuevo y demoledor círculo vicioso se habrá adueñado de la economía del país.

El ministro de economía de Podemos tendrá entonces un serio problema. Pero nos dirá que la culpa es de la Troika. Probablemente.

@josesalver

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