El 33,6% de los hogares no puede refrescar su casa: qué pintan aquí las persianas alicantinas

Un tercio de los hogares españoles no consigue mantener su vivienda suficientemente fresca en verano, según el módulo de vivienda y eficiencia energética de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE. El indicador ha subido casi nueve puntos en una década y arrastra al debate público un elemento tan poco noticioso como las persianas alicantinas.

Que una cortina exterior de madera acabe citada en una discusión sobre política de vivienda dice bastante del momento. Los catálogos del sector, desde talleres de barrio hasta webs especializadas como persianasalicantinas.com, llevan tiempo registrando un crecimiento que hasta ahora se leía en clave decorativa. Los datos apuntan a otra cosa.

El mapa del calor no es el reflejo del mapa del frío

El 27,5% de los hogares declaró que no pudo mantener una temperatura suficientemente cálida durante los meses fríos de 2023, mientras que el 33,6% dijo no alcanzar una temperatura suficientemente fresca durante el verano. La diferencia entre ambas cifras es el primer hallazgo relevante: en España se pasa más calor en casa del que se pasa frío.

La serie temporal refuerza la lectura: en 2012 el porcentaje de hogares con problemas para calentar la vivienda era del 17,9% y el de quienes no lograban refrescarla, del 24,8%. Dos indicadores al alza, pero con el segundo consolidándose como el problema estructural.

El desglose autonómico rompe además la intuición habitual. Los mayores porcentajes de hogares que no consiguen una temperatura fresca en verano corresponden a la Región de Murcia (46,6%), la Comunidad de Madrid (37,7%) y Andalucía (37,1%), frente a Asturias (16,7%), Cantabria (19,6%) y Galicia (19,7%) en el extremo opuesto. Madrid, sin costa y sin la tradición de sombreado del Levante, aparece en el podio.

La lectura territorial no es menor para quien diseña política pública. Las comunidades peor situadas en el indicador de verano no coinciden con las que peor lo llevan en invierno, de modo que un plan de eficiencia energética pensado sobre todo para calentar hogares deja sin cubrir a buena parte de la población que más sufre los meses de julio y agosto.

Refrescar la vivienda ya es una variable de renta

El corte por ingresos convierte un problema de confort en un asunto de desigualdad medible. Entre los hogares con rentas más bajas, el 41,3% no logra refrescar la vivienda en verano; entre los de rentas más altas, la cifra baja al 24,8%. Diecisiete puntos de distancia por el mismo verano y, en muchos casos, en la misma ciudad.

El indicador tiene además rango oficial dentro de las estadísticas de exclusión. No poder permitirse mantener la vivienda a una temperatura adecuada es uno de los nueve conceptos que el INE utiliza para calcular la carencia material de los hogares, junto a cuestiones como afrontar gastos imprevistos o retrasarse en el pago del alquiler.

Aquí es donde el aire acondicionado deja de explicarlo todo. Instalarlo cuesta dinero, encenderlo cuesta más, y en pisos con instalaciones antiguas o comunidades que no autorizan unidades exteriores directamente no es una opción. La respuesta barata al calor sigue siendo la sombra.

Por qué las persianas alicantinas encajan en un parque anterior a 1980

El contexto edificatorio explica el resto. Más del 80% de los edificios residenciales españoles se levantó antes de 1980, cuando no existía una normativa de aislamiento térmico exigente, y más de la mitad del parque arrastra una calificación energética entre E y G. Son fachadas que absorben radiación durante horas y la devuelven al interior por la noche.

Frente a eso, la física del sombreado exterior es tozuda: detener la radiación antes de que cruce el cristal evita el efecto invernadero interior que ninguna cortina interior consigue frenar. Es exactamente el principio sobre el que funcionan las persianas alicantinas, la persiana de cadenilla que el Mediterráneo lleva colgando de sus balcones desde hace más de un siglo.

La persiana alicantina de cuerda no es un objeto sofisticado. Un conjunto de lamas de madera separadas por hilo, colgado por fuera del hueco, que corta el sol directo mientras deja circular el aire. Ni motores, ni consumo eléctrico, ni mantenimiento técnico. Su rendimiento no depende de la potencia contratada.

El punto ciego de las ayudas a la rehabilitación

Y aquí aparece la contradicción interesante para cualquiera que siga políticas públicas. Los programas vigentes de rehabilitación energética, financiados con fondos europeos y gestionados por las comunidades autónomas, concentran el grueso de las actuaciones subvencionables en la mejora de la envolvente térmica, la sustitución de carpinterías exteriores y la instalación de sistemas renovables como la aerotermia. La ayuda base ronda el 40% de la inversión y sube al 50% cuando la actuación reduce más del 60% del consumo de energía primaria no renovable.

Las convocatorias autonómicas siguen la misma lógica. El Plan Renhata valenciano llega hasta 12.000 euros por vivienda, cifras similares a las del Plan Rehabilita madrileño o las líneas catalana, vasca y andaluza. Todas ellas orientadas a intervenciones de obra con certificación energética antes y después.

El sombreado exterior, en cambio, rara vez encaja como actuación principal. No mejora la letra del certificado, no sustituye una instalación y difícilmente supera los umbrales de ahorro exigidos, aunque baje varios grados la temperatura de una habitación en agosto. El sistema premia la reforma cara y deja fuera la barata.

La comparación de escalas ayuda a entender el desajuste. Una rehabilitación de envolvente en un bloque de vecinos se mueve en decenas de miles de euros y exige acuerdo de comunidad, proyecto técnico y meses de obra. Instalar persianas alicantinas en los huecos orientados a poniente de una vivienda es una intervención individual, reversible y de coste incomparablemente menor, que ningún programa contabiliza como mejora.

Ninguna administración ha prohibido nada, conviene precisarlo. Simplemente, el diseño de los incentivos favorece intervenciones de cuatro y cinco cifras en un parque residencial donde buena parte de los propietarios afectados por el calor son, según los propios datos del INE, los que menos capacidad tienen para adelantar ese desembolso.

Un indicador que conviene mirar el próximo verano

El debate sobre vivienda en España se ha construido en torno al precio, al alquiler y al acceso. La habitabilidad térmica ha entrado por la puerta de atrás, empujada por veranos cada vez más largos y por una estadística que ya la mide con desagregación autonómica y por nivel de renta.

Si el 33,6% se mantiene o crece en las próximas oleadas de la ECV, la discusión sobre qué se subvenciona y qué no dejará de ser técnica. Y resultará difícil explicar por qué un sistema pasivo, fabricado en España y con décadas de uso documentado en el Levante, sigue considerándose decoración en lugar de una medida de adaptación climática. Quizá la pregunta no sea si las persianas alicantinas deberían entrar en las ayudas, sino cuánto tarda una administración en reconocer qu

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