Donald Trump ha respondido a la dura derrota de su partido en las midterms con uno de los perfiles más duros de su entorno. Stephen Miller, arquitecto de la ofensiva migratoria, sustituirá el lunes 9 de noviembre a Susie Wiles como jefe de gabinete de la Casa Blanca, el puesto que controla la agenda del presidente y el acceso a él. El relevo llega tres días después de que los republicanos perdieran el control de la Cámara de Representantes y del Senado, y sitúa al frente del equipo presidencial a uno de los principales objetivos de las investigaciones que los demócratas preparan para cuando asuman las mayorías, en enero.
Un relevo exprés que entra en vigor el lunes
El comunicado de la Casa Blanca presenta a Miller como el 33.º jefe de gabinete y sucesor de Wiles, cuya gestión califica de «muy exitosa». En Truth Social, Trump fijó la entrada en funciones para el lunes 9 de noviembre y anunció que Wiles pasará a la «Trump Political Operation», el aparato político del presidente, sin concretar qué hará allí. Wiles se despidió en X asegurando que su compromiso con el presidente y con «la misión» no cambiará, y Miller le respondió que esa misión «está más clara que nunca», según recoge CBS News.
Wiles fue la primera mujer en ocupar el cargo y la jefa de gabinete más duradera de Trump, que pasó por cuatro en su primer mandato, según AP. Para justificar el cambio, el presidente dijo de Miller ante los periodistas: «He gets it» («lo entiende»), y recordó que está con él «desde el principio».
Qué poder concentra un jefe de gabinete
El jefe de gabinete es el principal filtro del presidente de Estados Unidos. Como resume Reuters, quien ocupa el puesto actúa como guardián del acceso al Despacho Oval, dirige al personal de la Casa Blanca, organiza la agenda y el tiempo del presidente y supervisa la relación con los departamentos del Gobierno y con los legisladores. Es, por tanto, quien decide qué asuntos y qué interlocutores llegan a la mesa de Trump y quien coordina la ejecución de sus decisiones.
Miller llega a ese despacho con un perfil muy definido. AP destaca su conocimiento detallado del poder ejecutivo y del funcionamiento de la Administración federal, y lo relaciona con una posible oleada de órdenes ejecutivas en los dos últimos años del mandato. Reuters apunta en la misma dirección: sin mayoría en el Congreso, Trump podría depender más de sus prerrogativas para sacar adelante su agenda. Varios funcionarios de la Casa Blanca citados por la agencia creen que ascender a una figura «cáustica e intransigente» puede anticipar un enfoque más confrontacional y un nuevo impulso a la agenda migratoria, aunque Trump había dicho esa misma semana que estaba dispuesto a trabajar con los demócratas. «He’s not changing course» («no va a cambiar de rumbo»), resumió uno de esos funcionarios. Marc Short, que fue jefe de gabinete del vicepresidente Mike Pence, añadió que el nombramiento «would not suggest that there is high expectation for bipartisan legislation» («no sugiere grandes expectativas de legislación bipartidista»).
De asesor de Sessions a arquitecto de la política migratoria
Miller, de 41 años, está ligado a Trump desde antes de su primera victoria. Según la BBC, empezó en 2009 como asistente del senador ultraconservador Jeff Sessions y se unió a la campaña de Trump en enero de 2016, como redactor de discursos según AP. En el primer mandato fue asesor sénior y la BBC le atribuye un papel destacado en las separaciones familiares de «tolerancia cero» y en los vetos de entrada. Tras la salida de Trump de la Casa Blanca en 2021 cofundó America First Legal, una organización conservadora de litigación, según Reuters.
Con el regreso de Trump en 2025 volvió a la Casa Blanca como número dos de Wiles: subjefe de gabinete para Políticas y asesor de Seguridad Interior (Homeland Security), un cargo distinto del de asesor de Seguridad Nacional. Desde ahí manejó una cartera amplia, pero su nombre quedó asociado sobre todo a la ofensiva migratoria. Reuters le atribuye el objetivo de 3.000 detenciones diarias, cuya presión llevó a agentes enmascarados a comunidades de todo el país y a un número creciente de arrestos de personas sin antecedentes penales. Tras la muerte a tiros de Alex Pretti a manos de agentes federales en Minneapolis, en enero, Miller lo calificó de «terrorista doméstico», según recoge AP.
Esa política pesó en las urnas. En el sondeo electoral de AP (AP Voter Poll), unos 6 de cada 10 votantes de las midterms consideraron que las actuaciones migratorias del Gobierno habían ido demasiado lejos.
Por qué se va Wiles: dos versiones
Wiles presentó su dimisión el jueves por la noche, según coinciden AP, Reuters y CBS. Trump negó cualquier relación con el resultado electoral: «Not because of the election. It’s just time» («No es por las elecciones. Simplemente es el momento»). CBS, en cambio, cita a tres fuentes que vinculan la dimisión con las derrotas y añade que Wiles pensaba quedarse hasta finales de año o principios de 2027, pero el presidente aceleró su salida. The Washington Post escribe que Trump la apartó del cargo. Ninguna fuente presenta su estado de salud como causa.
Un Congreso demócrata desde enero
El contexto pesa tanto como el nombre. Miller asume el puesto cuando el presidente se prepara para enfrentarse a una Cámara de Representantes y un Senado de mayoría demócrata y a una ola de investigaciones congresuales, según Reuters. Las nuevas mayorías no toman posesión hasta enero; hasta entonces sigue el Congreso saliente, con mayoría republicana en ambas cámaras.
La oposición respondió con dureza. Chuck Schumer, líder demócrata en el Senado, afirmó en X que Miller es «el arquitecto de las políticas más bárbaras e inhumanas» de la Administración y que las mayorías demócratas lo combatirán «every step of the way» («en cada paso del camino»). Hakeem Jeffries, que previsiblemente presidirá la Cámara, lo calificó de «reckless extremist» («extremista temerario»), aunque tras las elecciones había asegurado a Scripps News que los demócratas buscarán «bipartisan common ground» («puntos de encuentro bipartidistas») siempre que sea posible, con el foco en el coste de la vida.
Entre los republicanos predominan los elogios que recopila la Casa Blanca: el vicepresidente JD Vance felicitó a Miller por un ascenso «well deserved» («bien merecido») y el secretario de Estado, Marco Rubio, dijo que espera seguir trabajando con «one of the President’s most trusted and longtime advisors» («uno de los asesores de mayor confianza y más veteranos del presidente»). La nota discordante la puso el senador Thom Tillis, que deja el Senado en enero. En CNN calificó el nombramiento de «the worst of all possible choices» («la peor de todas las opciones posibles») y sostuvo que el presidente «needs to rethink it» («necesita replantearlo»): a su juicio, los republicanos perdieron por la gestión de la frontera y de la seguridad interior, los dos ámbitos de Miller, según recogen The Hill y Mediaite.























































































































































































































































































































































































































































































































































































































