EMNacionalPolíticaAguantar hasta el 26-M sin despeinarse

Aguantar hasta el 26-M sin despeinarse

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El domingo electoral es ya historia, y ahora los diferentes partidos tratan de recomponerse, evaluar la situación, y, casi sin tiempo para nada más, plantarse en las elecciones del 26 de mayo logrando en ellas un buen resultado. Los ganadores tratarán de rentabilizar su victoria y los perdedores intentarán minimizar su derrota.

¿Qué estrategia va a seguir cada cual?

Los socialistas tienen clara la dirección a seguir. Pedro Sánchez ha rentabilizado como nadie la estrategia consistente en utilizar un único mensaje y, a continuación, no mover un músculo y dejar que sean los otros los que se dañen entre sí. No salió vencedor de ninguno de los debates televisivos, pero tampoco cometió ningún error que le convirtiera en perdedor, y solo con eso consiguió ya, en cierto modo, su mejor victoria. Él era la única alternativa frente a la derecha, y por eso le han votado más que a nadie. Mensaje correcto, victoria asegurada.

Ahora la línea a seguir por Iván, es decir, por Pedro Sánchez, es clara: dejar pasar las semanas, no despeinarse, no hablar de pactos, y, si acaso, insistir en que el PSOE dispone de votos suficientes para liderar (pero más adelante) un gobierno en solitario. Mientras tanto, realizar escasos gestos y pocas manifestaciones: que sean los candidatos regionales y locales quienes diriman sus propias batallas e intenten ganar sus respectivas guerras. Que nada turbe, que nada espante al votante socialista, al menos hasta pasado el día 26. Todo está hecho.

El Partido Popular navega por aguas rápidas en una barcaza con varios agujeros, pero dispone aún de una fortaleza de fondo que no conviene menospreciar. Con una sólida estructura territorial, recuperando un mensaje más centrado y confiando en que los desencantados de Vox vuelvan al redil, espera mantener una posición relevante en muchas comunidades y ayuntamientos, y conservar suficientes alcaldías y presidencias de comunidades como para que la barcaza se mantenga a flote. Mientras tanto conviene achicar agua, pero en la intimidad. Que no se diga.

Ciudadanos no tiene dudas, y si alguien en su seno las tiene, se las calla. No conviene alzar la voz cuando el viento sopla favorable. La arriesgada estrategia consistente en poner un cordón sanitario al PSOE se ha revelado inesperadamente exitosa, y ahora en el partido ya se habla con soltura de la palabra mágica, esa que había sido desterrada, por imposible, en los últimos meses: sorpasso. Todos esperan, ansiosos, a las encuestas que se empezarán a difundir la semana que viene. Muchos creen que pondrán a su partido por delante del Popular en las elecciones europeas y, quizás también, en numerosas comunidades que celebran elecciones. Si es así, el efecto arrastre puede ser demoledor, y llevaría en volandas a Rivera, ahora sí, hasta el liderazgo de la oposición, dejando al hermano mayor herido de muerte.

Podemos está contento pero no eufórico. Hasta hace poco el partido parecía condenado a una posición marginal, pero el resurgir del líder, tranquilo y templado, en unos debates televisivos decisivos, le ha devuelto un papel casi protagonista y la posibilidad de gozar de una relevancia pública insospechada. Pero los éxitos recientes no ocultan una realidad que seguirá ahí tras el 26-M: el PSOE ha atrapado definitivamente el bastón de mando y después de las elecciones autonómicas y municipales probablemente acapare aún más poder. A los de Iglesias solo les queda ya seguirle el paso y servirle como fieles segundos, porque de lo contrario podrían acabar sumidos en la insignificancia. La estrategia consistirá en hacer valer que las decisiones más sociales que han adoptado, y las que adopten en el futuro los socialistas, solo son posibles gracias a que Podemos está ahí para arrancarlas.

Vox está triste. Los silencios de sus seguidores resultan estruendosos en las redes sociales, tras meses de centrar el debate y elevar la voz más que nadie. La mala gestión de las expectativas, que tanto daño hizo a Podemos en 2015 y 2016, se ceba ahora con los de Abascal, que han conseguido más escaños de los que jamás había soñado ningún partido a la derecha del PP, pero que son vividos como un fracaso. Enredados en las fases del duelo, los más exaltados de sus seguidores niegan la realidad y hablan de “pucherazos”, haciéndonos recordar, de nuevo, reacciones parecidas que también se produjeron en 2016, cuando Podemos no logró el famoso «sorpasso» al PSOE. Pero todo esto pasará, y lo hará pronto. El riesgo real que asumen los de Abascal, ahora, es que sus seguidores, cuyo mayor incentivo era, precisamente, forzar un cambio de gobierno a nivel nacional, no vean ya ninguna utilidad en votar a los candidatos que Vox presente para las odiadas autonomías y los ayuntamientos. Dificil reto el de intentar retener unos votos que aún no ha habido tiempo de marcar como propios. El Partido Popular y Ciudadanos están ahí, deseando recuperar los despojos.

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