EMActualidadEconomiaGame Stop, o cómo un mercado puede enloquecer

Game Stop, o cómo un mercado puede enloquecer

electomania.es -

La teoría económica clásica dice que el mercado de acciones es perfecto, o tiende a serlo, porque en él se juntan las expectativas de los optimistas (que creen que el precio de las acciones de una compañía está barato y por eso las compran) y los pesimistas (que creen que está caro y por eso las venden).

Al confluir ambos grupos en el mercado se fija un precio de equilibrio, siempre cambiante, que revela perfectamente el auténtico valor de la compañía en cada momento. En ese contexto, la evolución del precio es vista como un reflejo de cómo evoluciona la empresa (o el índice, o el sector, o lo que sea) en la realidad. ¿Pero esto es cierto?

Game Stop parecía una compañía como tantas, de esas que nacen, crecen, pasan por problemas… y acaban muriendo. Esto último todavía no le ha pasado, pero desde hace tiempo, sobrepasada por las circunstancias, los mercados apostaban porque finalmente eso es precisamente lo que le iba a ocurrir. La empresa se dedica a los videojuegos y la electrónica, y desde hace años venía quedándose atrás ante la competencia de otros que, al parecer, lo hacen mejor.

Todo esto se iba reflejando en su cotización, que hasta agosto de este año era como la de tantas otras compañías fracasadas o al borde del fracaso: ascendía con la “burbuja” previa a 2008, caía posteriormente, y experimentaba luego una recuperación doble hacia 2014-2017, para finalmente vivir una caída en barrena, que parecía definitiva.

Cuando un título como este está al borde de la quiebra pero conserva un valor residual en bolsa, es práctica habitual que los inversores profesionales, y sobre todo los fondos especializados, apuesten a la baja contra él. La idea que subyace es muy simple: esta compañía ahora cotiza a “X” (digamos, 10 dólares) pero realmente en unos años habrá desaparecido y valdrá cero. Quien apuesta a la baja espera ganar con la diferencia.

¿Cómo se apuesta a la baja? Desde luego no comprando acciones, sino vendiéndolas. Pero ¿y si no se tienen? Pues a través de instrumentos derivados, como los contratos de futuros y opciones. Hay futuros, opciones y otras fórmulas semejantes para casi todo, y en principio no son nada malo: dan liquidez al mercado y permiten el juego doble de subida y bajada. Sin embargo, presentan un problema muy serio: disponiendo de muy poco dinero real se pueden mover mucho las cotizaciones, por un mecanismo llamado “apalancamiento” en el que no vamos a entrar.

La bajada de Game Stop en 2019-2020 obedecía a este tipo de movimientos especulativos, que se basan en asumir grandes riesgos confiando en salir ganando (y mucho) la mayor parte de las veces. Pero la cosa se les ha complicado a los operadores “a corto”. En diciembre algunos de los viejos directivos comenzaron a comprar acciones, y, la compañía llamó la atención de un grupo de frikis de la inversión reunidos en un foro de Reddit. Decidieron apalancarse conjuntamente para comprar y originar una oleada que dejase “en cueros” a los profesionales bajistas. Y dicho y hecho: el lunes pasado lanzaron sus pequeñas pero numerosas órdenes de compra con una sistemática constante, de manera que consiguieron levantar hora a hora, casi minuto a minuto, el precio de la acción.

Conforme subía, los inversores profesionales bajistas empezaron a registrar pérdidas importantes, tuvieron que ampliar las garantías que ofrecen por contratar, hasta tal punto que, para mantener su posición, finalmente se vieron obligados a realizar incluso compras de las propias acciones de la empresa como cobertura, lo cual, al hacerse en masa, supuso un mayor impulso a la cotización, lo cual atrajo a más inversores, lo cual…

El resultado es una oleada especulativa que ha hecho ricos a los que la iniciaron hace apenas una semana, ha arruinado a unas cuantas decenas de inversores profesionales acostumbrados a salirse con la suya con la especulación de este tipo, y ha ocasionado pérdidas a los fondos de inversión especulativos que hacen lo mismo. Quien comprara 1.000 dólares de la compañía a principios de 2020 ahora tendrá casi 40.000, y quien participara en el movimiento especulativo en derivados del lunes pasado con esos mismos 1.000 dólares, ahora acabará obteniendo varios cientos de miles, si es que sabe retirarse a tiempo.

¿Qué ocurrirá en los próximos días?

Aunque los movimientos anteriores a la apertura oficial de hoy parecen anticipar nuevas y desorbitadas alzas, al final, en algún momento de los próximos días, los mercados recuperarán las riendas y la cordura, y el precio bajará hasta niveles razonables, adecuados a la auténtica capacidad de recuperación que tenga la compañía. Con los bruscos movimientos que se avecinan, tendremos más nuevos ricos y más nuevos arruinados, pero una pregunta quedará flotando en el ambiente: ¿si unas pocas decenas de inversores coordinados pueden poner patas arriba la cotización de un valor, ¿dónde queda la afirmación de que el mercado siempre acaba dando a las acciones el valor que les corresponde?

La respuesta a la pregunta es que probablemente a largo plazo la afirmación sea cierta. Pero a corto… a corto es otra historia.

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