EMNacionalPolíticaInvestidura: Ciudadanos (y Podemos) se la juegan

Investidura: Ciudadanos (y Podemos) se la juegan

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La estrategia que Pedro Sánchez adoptó tras su triunfo en las elecciones del 28 de abril, sigue dándole excelentes frutos: sentarse y esperar, mientras (casi) todos los demás partidos han madurado, se han devanado los sesos y se han agotado decidiendo qué postura tomar, cuánto ceder o cuánta firmeza mantener.

El primer damnificado fue Podemos, que sufrió y mucho en las elecciones municipales y autonómicas, arrollado por el voto-al-partido-ganador que se está acumulando mes a mes en el PSOE. Toda la izquierda tiene claro, aunque a muchos les pese, que su referencia es el PSOE. Esa deprimente realidad dejó a Podemos en un segundo plano, dividido territorialmente y con escasas fuerzas para desempeñar un papel protagonista en casi ningún ayuntamiento ni comunidad.

Pero eso ya pasó, ya está asumido, y ahora Iglesias puede permitirse también callar para dejar que el flanco derecho madure. Es justo lo que está haciendo, a la espera de que, finalmente, la coyuntura le permita coger impulso, quedar como única opción para el PSOE, y poder negociar con él algunas ventajas, mayores que las esperadas, para el futuro gobierno de colaboración con Sánchez.

Por el contrario, en el otro flanco, el derecho, las cosas han evolucionado a la inversa. Rivera vivió un espejismo tras el 28 de abril: la ilusión de acabar siendo el líder de la oposición. Todo espejismo resulta gratificante para la vista, devuelve fuerzas y le ayuda a uno a caminar más deprisa. Pero las visiones se disipan pronto. Esta ha acabado por ser la peor pesadilla para el líder de Ciudadanos, porque le hecho obcecarse, llevándole en la dirección equivocada: directo hacia el sol en medio del desierto, sin sombras donde cobijarse, sin agua y casi sin oxígeno, ha acabado por dar aire a un PP a quien todo esto ni le va ni le viene (porque nadie, realmente, le exige nada) y por romper su propia organización. Y lo que es peor: ha vuelto locos a sus votantes, atrapados entre el “no es no” y el “con Podemos y los indepes sería mucho peor que con nosotros”.

Mientras tanto, la sociedad vuelve a mostrar carencias, y reaparecen dos huecos en la esfera política. El sentimiento extremo de derechas ya está representado: se llama Vox y, con un tamaño modesto, llegó para quedarse. La corriente central, nada revolucionaria, de la izquierda, está muy cómoda con el PSOE. El viejo conservadurismo, que parecía herido de muerte, se asienta de nuevo donde siempre estuvo: en el PP.

Pero la izquierda más rompedora, la más utópica y la más antisistema han vuelto ha quedarse fuera de juego. Esa izquierda no acomodaticia necesita ilusión, y ya no la tiene. En algunos lugares, como Cataluña, han encontrado otras referencias, pero en el conjunto de España se refugian en la abstención o en un resignado (y momentáneo) apoyo al PSOE. No será un refugio permanente: su destino final dependerá de si Unidas Podemos es capaz de recuperarlas para su propio discurso o no.

Y por el centro asoma la permanente frustración de otra parte, importante, de la sociedad: la de quienes nunca se sintieron cómodos con la vieja dinámica “PP vs PSOE”. Personas moderadas que a veces los votaron (porque solo ellos existían) y otras se abstuvieron (porque los decepcionaban constantemente). Son votantes que encontraron en la aparición de Ciudadanos una esperanza para la regeneración social sin utopías, europeísta y progresista, a la vez que liberal en lo económico. Esa parte, no pequeña, de esta sociedad, ha vuelto a quedarse sin referencias y está, hoy mismo, saliendo a la luz, con voz pero sin partido al que votar.

A corto plazo, sabemos cómo acabará esto: con Pedro Sánchez en el gobierno, de una forma u otra. Se lo ganó en las elecciones del 28 de abril, así que su estrategia dilatoria de estos meses ha sido correcta, correctísima desde su punto de vista, porque ha puesto a los demás frente al espejo de sus propias contradicciones, les ha obligado a cuestionarse, y los ha debilitado hasta convertirlos en fáciles compañeros de camino.

Así que, de aquí a un mes, Sánchez encontrará, de una forma u otra, un compañero adecuado para su próximo gobierno. Casi lo de menos es quién sea: lo importante es que será difícil que le haga sombra a él, que será el protagonista y el director de las operaciones.

Pero, a largo plazo, esos dos sectores de la población que han vuelto a la orfandad reclamarán algo. Algo que ahora han perdido y a lo que tienen derecho: un partido que los represente.

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