Este 12 de octubre los Reyes presiden en Madrid el desfile de la Fiesta Nacional, con 4.380 participantes y la ausencia anunciada de tres presidentes autonómicos, a siete semanas de las elecciones generales del 29 de noviembre. Es un buen día para preguntarse cuánto orgullo de ser español hay en el país y quién lo siente con más intensidad. El CIS lleva dos décadas formulando la misma pregunta, y sus microdatos públicos, reprocesados por Electomanía, dejan dos ideas: el orgullo es bastante más estable de lo que se suele dar por hecho, y la brecha de intensidad entre los votantes del PP y los del PSOE es hoy la mayor de toda la serie.
Serie 2005–2023
Veinte años de orgullo: el bache de 2013 y una recuperación a medias
Entre 2005 y 2011 el porcentaje de españoles que se declara muy o bastante orgulloso de serlo apenas se movió: del 84,8% al 82,0%. La caída llegó después, y de golpe. En 2013 bajó al 76,1% y ahí se quedó en 2015 (77,1%) y 2017 (76,9%). No fue tanto un desplome del entusiasmo como un aumento de la distancia: quienes se declaran poco o nada orgullosos casi se duplicaron, del 12,0% de 2005 al 21,7% de 2013.
La última medición comparable, de mayo de 2023, deja el orgullo en el 79,3%, con un 42,0% de «muy orgullosos». Es mejor que lo visto entre 2013 y 2017, pero ese año el CIS cambió la entrevista personal por la telefónica y conviene leer el repunte como indicio, no como cambio de ciclo. Lo que sí parece firme es el reparto: ni se ha recuperado el nivel anterior a 2011 ni se ha desplomado, y casi uno de cada cinco españoles (19,5%) sigue declarándose poco o nada orgulloso.
Con los símbolos ocurre algo parecido. La misma serie preguntaba por la emoción al ver la bandera o escuchar el himno, y quienes dicen sentir poca o ninguna pasaron del 38,0% y el 36,9% en 2005 al 42,9% y el 40,1% en 2017, el último dato disponible de esa parte.
Por partido
El orgullo es de todos los electorados; la intensidad, no
Si se mira por el partido que cada persona siente más cercano, el orgullo a secas no separa a los grandes bloques: lo declara el 97,0% de quienes se sienten más cerca del PP, el 94,2% de los de Vox y el 90,0% de los del PSOE. La grieta aparece en la intensidad.
El «muy orgulloso» se responde en el 69,6% del entorno del PP y en el 71,2% del de Vox, frente al 42,4% del PSOE y apenas un 17,8% de Sumar. Podemos queda en el 10,0% y los partidos independentistas, ERC, Junts y EH Bildu, no pasan del 4,2%, con niveles de orgullo que van del 11,4% al 23,5%. El PNV, con el 41,7%, queda en un punto intermedio.
La escala ideológica ordena el fenómeno con notable regularidad. Entre quienes se ubican en los puntos 1 y 2, los más a la izquierda, se declara orgulloso el 57,1% y muy orgulloso el 22,7%; en los puntos 9 y 10, los más a la derecha, el 93,5% y el 70,7%. El centro, en los puntos 5 y 6, declara orgullo en el 88,2%, pero el «muy» se queda en el 49,1%.
Dos décadas, dos electorados
La brecha entre el PP y el PSOE es la mayor de la serie
Para ver cómo ha evolucionado, el CIS permite seguir a los votantes de cada partido en las generales anteriores a cada encuesta. Entre 2007 y 2015 la distancia en «muy orgulloso» entre populares y socialistas se movió en una horquilla estrecha, de 14 a 17 puntos. En 2005 era de 23,4; en 2017, de 18,2; y en 2023 llega a 29,9 puntos: el 70,8% de quienes votaron al PP en 2019 se declara muy orgulloso, frente al 40,9% de los que votaron al PSOE.
Los dos extremos son récords de la serie: el 70,8% es el valor más alto que ha registrado el electorado del PP y el 40,9% el más bajo del PSOE. Pero la serie también muestra lo que no se mueve. Sumando el «bastante», los votantes populares se mantienen siempre entre el 93,6% y el 98,2%, y los socialistas entre el 83,4% y el 90,3%, sin tendencia clara; el PSOE de 2023 (87,9%) está donde estaba en 2005 (88,6%). Es decir: casi todos se sienten orgullosos, pero no con la misma convicción, y es esa diferencia la que se ha ensanchado.
El bache de 2013 se explica sobre todo por el lado izquierdo del mapa: el electorado socialista bajó del 87,6% al 83,4%, mientras que el popular apenas se movió, del 95,0% al 93,6%.
Edad y sexo
Los jóvenes, menos convencidos; los mayores, mucho más
La edad dibuja una pendiente casi limpia. El «muy orgulloso» sube del 33,3% de los de 18 a 24 años al 51,3% de los mayores de 65, y el escalón más bajo no son los más jóvenes sino la franja de 25 a 34 años, con un 31,9%.
Al sumar el «bastante» la pendiente se suaviza, del 72,7% de los de 25 a 34 años al 86,5% de los mayores de 65, y los más jóvenes (75,9%) quedan en línea con la franja de 35 a 54 años. Por sexo la diferencia es pequeña: lo declara el 81,2% de las mujeres y el 77,4% de los hombres.
Territorio
Del 90% de Cantabria al 52% de Euskadi
El territorio es la otra gran línea de fractura, y tiene un perfil claro. Cantabria (90,5%), Castilla-La Mancha (90,1%), la Región de Murcia (89,3%), Extremadura (88,5%) y Andalucía (88,1%) encabezan la lista, y Madrid y la Comunitat Valenciana empatan en el 85,6%. En el extremo opuesto, Cataluña (56,5%) y Euskadi (52,2%) son las únicas por debajo del 60%, con Navarra (70,3%) a medio camino.
El sentimiento de pertenencia explica buena parte de ese mapa. El 52,8% de los españoles se siente tan español como de su comunidad, y entre ellos el orgullo llega al 90,2%; entre quienes se sienten únicamente españoles, al 91,1%. Baja al 56,1% entre quienes se sienten más de su comunidad que españoles y al 23,9% entre quienes se sienten únicamente de su comunidad. Aun así, casi uno de cada cuatro de estos últimos se declara orgulloso de ser español.
Leída de principio a fin, la serie desmiente que el orgullo nacional se esté evaporando y también que sea patrimonio de un bando: el 79,3% lo declara y los votantes de los dos grandes partidos están, con matices, por encima del 85%. Lo que separa a los electorados es la intensidad, y esa distancia es hoy mayor que en cualquier otro momento de las dos últimas décadas. Son además las últimas cifras con las que se puede reconstruir la serie, de mayo de 2023, antes incluso de las generales de julio de aquel año, así que la brecha puede haberse ensanchado, estrechado o seguido donde estaba. Lo único seguro es que, si el 29N se disputa también sobre la bandera, partirá de un país donde casi todos se dicen orgullosos pero no todos lo sienten igual.





















































































































































































































































































































































































































































































































































































































