Irán ha anunciado el cierre de facto del estrecho de Ormuz en plena escalada bélica con Estados Unidos e Israel, paralizando gran parte del tráfico petrolero y gasista que atraviesa este cuello de botella energético clave para el mundo. Esta decisión ya está tensionando los mercados de energía y amenaza con un nuevo shock inflacionario global que golpearía con especial dureza a Europa.
El estrecho de Ormuz es el principal paso marítimo para las exportaciones de crudo y gas del Golfo, por donde transita en torno al 15–20% del suministro mundial de petróleo y una quinta parte del gas natural licuado (GNL). Tras los bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel sobre objetivos iraníes y el asesinato de Ali Jamenei, la Guardia Revolucionaria iraní ha ordenado por radio que ningún buque cruce el estrecho “hasta nuevo aviso”, lo que ha provocado un desplome del 70–80% del tráfico.
Impacto inmediato en la economía mundial
El primer impacto es el precio del crudo: el Brent ha subido del orden del 10–13% en las primeras sesiones, con previsiones que apuntan a niveles cercanos o superiores a 100 dólares por barril si el cierre se prolonga. El encarecimiento del petróleo y del GNL elevará los costes de transporte, electricidad, calefacción y producción industrial, reavivando presiones inflacionarias justó cuando muchas economías empezaban a dejar atrás el shock energético de 2022. Además, el desvío de barcos alrededor del cabo de Buena Esperanza alarga las rutas varias semanas, dispara los fletes y añade un componente logístico adicional a la crisis de precios de la energía.
Europa importa la práctica totalidad de los hidrocarburos que consume y, tras reducir el gas ruso, ha incrementado su dependencia de proveedores del Golfo y del GNL que pasa por Ormuz. Se estima que en torno al 10% de las importaciones europeas de GNL proviene de Qatar y Emiratos y utiliza este estrecho, con países como Italia, Bélgica o Polonia particularmente expuestos. Incluso aunque el flujo físico hacia Europa no se cortase por completo, el carácter global de los mercados de petróleo y gas hará que cualquier interrupción en Ormuz se traduzca en un encarecimiento significativo de la factura energética europea. Esto puede reactivar la inflación, obligar a los bancos centrales a mantener tipos altos durante más tiempo y enfriar más el crecimiento, especialmente en las economías más intensivas en consumo industrial de energía como Alemania o Italia.
Escenarios a corto plazo
Los analistas contemplan tres grandes escenarios:
- Una crisis breve con reapertura parcial del paso en cuestión de días o pocas semanas
- Un bloqueo prolongado que dispare el petróleo a tres cifras y fuerce el uso intensivo de reservas estratégicas
- Una escalada militar más amplia en Oriente Medio que combine interrupciones de suministro con ataques a infraestructuras energéticas.
En todos los casos, Europa saldrá presionada a acelerar la diversificación de proveedores, el despliegue de renovables y las políticas de eficiencia para reducir su exposición a los cuellos de botella geopolíticos. A la vez, la UE se verá empujada a jugar un papel diplomático más activo para rebajar la tensión en un punto del mapa del que depende el pulso energético del planeta.





