Los sondeos a pie de urna dejan al BSW clavado en la barrera del 5% en Sajonia-Anhalt, y de esas dos décimas depende que la AfD se quede a uno o a tres escaños de la mayoría absoluta. Nunca un partido tan pequeño había tenido tanto que decir sobre quién gobierna un Land alemán, y pocas veces uno ha llegado a esa posición tan dividido consigo mismo. Esto es lo que el partido de Sahra Wagenknecht defiende, lo que ha dicho sobre la AfD y por qué la respuesta no es la misma según a quién se pregunte.

Una escisión de Die Linke con dos años y medio de vida
El BSW nació en enero de 2024 como la ruptura definitiva de Wagenknecht con Die Linke, el partido en el que había hecho toda su carrera y del que se llevó a buena parte de su ala más crítica con la izquierda cultural. La apuesta era ocupar un espacio que sus fundadores consideraban huérfano: políticas sociales de izquierda combinadas con posiciones conservadoras en inmigración y seguridad, más una crítica frontal al apoyo militar a Ucrania. Funcionó de inmediato y con una velocidad que ningún partido alemán reciente había alcanzado.
Lo que vino después fue igual de rápido en sentido contrario. En apenas dos años el BSW pasó de entrar en dos gobiernos regionales a no estar en ninguno, y de rozar el Bundestag a moverse entre el 3% y el 4% en las encuestas nacionales.
Dos años y medio en ocho fechasQué defiende
El programa del partido se sostiene sobre cuatro patas que rara vez conviven en la misma formación, y esa mezcla es justamente su producto electoral: los sondeos que se le han hecho desde su fundación señalan que lo que más valoran sus votantes es la combinación de más gasto social con menos inmigración.
Subidas de salarios y pensiones, crítica frontal a la austeridad y defensa de la industria y de la energía barata. Es la herencia directa de la izquierda de la que procede y lo que sostiene su discurso en los Länder del Este.
El eje que le dio identidad propia: negociaciones y alto el fuego, rechazo al envío de armas y crítica a las sanciones y al rearme. Sus adversarios le reprochan una posición complaciente con Moscú.
Reducción de la inmigración irregular y endurecimiento del asilo, en una combinación con la agenda social que los sondeos identifican como el principal atractivo del partido.
Rechazo a lo que llama cultura de la cancelación y a la corrección política, con actos propios dedicados al asunto, como el festival que organizó en Magdeburgo el 30 de agosto.
A esa mezcla se añade un euroescepticismo que en el Parlamento Europeo lo dejó fuera de los grandes grupos, y una organización deliberadamente cerrada: la dirección aprueba una a una las nuevas afiliaciones para evitar, según su propia explicación, que el partido sea infiltrado. Ese control desde arriba está en el origen de casi todos los conflictos que han venido después.
La AfD: ni coalición ni cortafuegos
El BSW descarta coaligarse con la AfD, pero rechaza el cortafuegos como principio.
La posición oficial tiene dos mitades que el partido presenta como coherentes y que sus críticos consideran deliberadamente ambiguas. La primera: el BSW descarta una coalición formal con la AfD, y así lo ha repetido la copresidenta Amira Mohamed Ali. La segunda: rechaza el cortafuegos como principio, sostiene que votará las iniciativas de la AfD que considere acertadas y no piensa integrarse en un bloque cuyo objetivo sea impedir que gobierne.
Wagenknecht lo formuló en un acto en Dessau durante la campaña: excluir a un partido al que vota más del 40% de la gente no le parece democrático. Su propuesta para Sajonia-Anhalt es un jefe de Gobierno supraparlamentario, sin carné, que gobierne con mayorías cambiantes y contando también con la AfD. El copresidente Fabio De Masi ha defendido en televisión que hace falta un camino nuevo y ha rechazado de antemano que se le atribuya al BSW la responsabilidad de un cambio de poder.
El obstáculo evidente es que la AfD no ha mostrado ningún interés en ese esquema. Su candidato en Mecklemburgo-Antepomerania, Leif-Erik Holm, ya lo despachó preguntándose cómo explicaría a sus votantes que la fuerza más votada quede fuera del Gobierno. Para la AfD la propuesta tiene un problema de fondo: la deja sin el cargo que persigue desde hace una década.
Un partido que se rompe mientras negocia
Trece de los quince diputados del BSW en Turingia han abandonado el partido en una sola semana.
La ambigüedad sobre la AfD no es solo una estrategia electoral: es la línea de fractura interna del BSW, y en las últimas semanas ha reventado en tres sitios a la vez.
Turingia: trece de quince
En Turingia el BSW gobernaba desde diciembre de 2024 con la CDU y el SPD en la llamada coalición zarzamora, la única de su tipo en Alemania. La dirección federal llevaba tiempo incómoda con esa participación y aprovechó la retirada del doctorado del ministro presidente Mario Voigt, decidida por la Universidad Técnica de Chemnitz, para exigir su dimisión y ordenar al grupo regional que abandonara el Gobierno. El grupo se negó. El pulso terminó la semana pasada de la peor manera posible para la dirección: trece de los quince diputados del BSW en el Landtag de Erfurt se dieron de baja del partido, entre ellos la líder regional y vicepresidenta del Land, Katja Wolf, la portavoz parlamentaria y los tres ministros. Se van, pero mantienen el Gobierno en pie.
Brandeburgo: la coalición que ya se rompió
El precedente es de enero. En Brandeburgo, el BSW gobernaba con el SPD desde diciembre de 2024 en la primera coalición rojivioleta de Alemania. Tras la salida del partido de su propio vicepresidente del Land y de varios diputados más, Dietmar Woidke dio la coalición por acabada y pactó con la CDU, que gobierna desde marzo. De los dos gobiernos en los que el BSW entró en 2024 no queda ninguno.
Sajonia-Anhalt: bajas en plena campaña
En el propio Land que votaba hoy, la candidata por Halle II, Sylvia Winkelmann-Witkowsky, pidió públicamente a los electores que no la votaran pese a seguir en la papeleta, y se dio de baja junto a otros diecinueve afiliados. Su reproche es el que recorre todo el conflicto: que el partido ha dejado de ser una alternativa a la AfD. Una carta de veintiún exmiembros a la dirección federal acusó además a los dos cabezas de lista de situarse deliberadamente cerca de la AfD. El candidato, Thomas Schulze, responde que quien se ha marchado nunca representó realmente al BSW.
Qué han dicho exactamente para Sajonia-Anhalt
Los compromisos concretos que la candidatura ha hecho públicos antes de la votación son tres, y conviene leerlos juntos. No habrá coalición con la AfD. No votarán a Sven Schulze como ministro presidente. Y en la votación decisiva, previsiblemente, se abstendrán.
El detalle importa porque el artículo 65 de la Constitución del Land convierte la abstención en una decisión con consecuencias. Las dos primeras votaciones exigen mayoría de los miembros del Landtag; si ninguna prospera, la cámara debe pronunciarse sobre su propia disolución anticipada y, si eso tampoco sale adelante, se celebra una nueva votación en la que basta la mayoría de los votos emitidos. En ese escenario, cada abstención rebaja el listón que necesita el bloque más numeroso, que sería el de Ulrich Siegmund. El politólogo Oliver Lembcke sostiene precisamente que el BSW se está colocando como proveedor de mayorías para la AfD sin llamarlo así, algo que el partido niega.
Turingia ya enseñó en 2020 cómo termina una votación de ese tipo cuando alguien decide instrumentalizarla: la AfD retiró a su propio candidato y encumbró al liberal Thomas Kemmerich con una mayoría simple que duró tres días y costó una crisis nacional. Es el antecedente que todos los partidos de Magdeburgo tienen en la cabeza.
Conclusión: el precio de la ambigüedad
El BSW llega a la noche electoral de Sajonia-Anhalt en la posición más incómoda imaginable: es el partido que puede decidir si Alemania tiene su primer ministro presidente de la AfD y, al mismo tiempo, el que menos claro tiene qué quiere hacer con ese poder. Su dirección federal ha elegido la ambigüedad como estrategia, convencida de que el cortafuegos alimenta a la AfD; sus cuadros regionales, los que han gobernado de verdad, han elegido irse.
Sea cual sea el resultado final del recuento, el balance de estos dos años ya está escrito: el partido que nació para disputarle el voto del descontento a la AfD termina discutiendo internamente hasta dónde puede acercarse a ella, y ha perdido por el camino los dos gobiernos que había conquistado. En Sajonia-Anhalt no se juega solo si entra en el Landtag, sino si le queda algo que ofrecer más allá de sus dos décimas.





















































































































































































































































































































































































































































































































































































































