Alemania: el terremoto político de una AfD disparada ante el hundimiento de la CDU

En 2013 era un club de profesores de Economía que pedía el fin del euro y se quedó a tres décimas de entrar en el Bundestag. Trece años después la AfD gana un Land con el 44,5% de los votos, encabeza todas las encuestas nacionales y aventaja en siete puntos al partido del canciller. La otra mitad de esa historia es la del hundimiento de la CDU desde que Friedrich Merz llegó al poder, y las dos se explican mucho mejor juntas que por separado.

AfD
Alternative für Deutschland
Fundada en febrero de 2013 · unos 75.000 afiliados · 151 de los 630 escaños del Bundestag
Weidel y Chrupalla

De partido antieuro a primera fuerza

La AfD nació en febrero de 2013 como una escisión del ala más liberal de la CDU, impulsada por el economista Bernd Lucke, el periodista Konrad Adam y el veterano democristiano Alexander Gauland. Su bandera era el rechazo a los rescates del euro, y su público, profesores universitarios y cuadros conservadores desencantados. En su debut electoral de aquel año se quedó en el 4,7%, tres décimas por debajo de la barrera.

El giro llegó en dos tiempos. En 2015, el congreso de Essen apartó a Lucke y entregó el partido a Frauke Petry, que lo desplazó del euroescepticismo económico hacia la inmigración justo cuando estallaba la crisis de los refugiados. Y en 2017 entró en el Bundestag con el 12,6% como tercera fuerza. Petry se marchó ese mismo día. Lo que quedó fue un partido cada vez más escorado hacia el ala völkisch de Björn Höcke, cuya corriente, el Flügel, se disolvió formalmente en 2020 después de que los servicios de inteligencia la declararan extremista, sin que sus dirigentes perdieran influencia.

La AfD en las elecciones federales · resultados oficiales y media de sondeos

En % de segundos votos.

2013 · primeras elecciones
4,7%
2017 · entra en el Bundestag
12,6%
2021
10,3%
2025 · segunda fuerza
20,8%
Sondeos de 2026
27-29%

El estancamiento de 2021, con el 10,3%, hizo pensar a muchos que el techo estaba puesto. Fue un espejismo. En 2023 la AfD ganó por primera vez una alcaldía y una jefatura de distrito, ambas en el Este y una de ellas en Sajonia-Anhalt. En 2024 subió al 15,9% en las europeas y en septiembre de aquel año ganó por primera vez unas elecciones regionales, en Turingia, con el 32,8%. En febrero de 2025 dobló su resultado federal hasta el 20,8% y se convirtió en la principal fuerza de la oposición.

La AfD en las últimas elecciones regionales

En % de segundos votos.

Sajonia-Anhalt 2026
44,5%
Turingia 2024
32,8%
Sajonia 2024
30,6%
Brandeburgo 2024
29,2%
Baden-Wurtemberg 2026
18,8%

La AfD ha pasado del 4,7% de 2013 al 29% en los sondeos de 2026.

Una década de polémicas que no le han costado votos

La lista es larga y la conclusión, incómoda para sus adversarios: ninguna de estas polémicas ha frenado su crecimiento, y varias lo han acelerado.

Potsdam y la remigración

En enero de 2024, el medio de investigación Correctiv reveló una reunión celebrada dos meses antes en una casa a las afueras de Potsdam en la que participaron cargos de la AfD, empresarios y el activista austriaco Martin Sellner, y en la que se discutió un plan de «remigración» que incluía la expulsión de ciudadanos alemanes de origen extranjero. Las manifestaciones que siguieron reunieron a cientos de miles de personas en toda Alemania. La AfD subió en las encuestas los meses siguientes.

China, Rusia y la expulsión del grupo europeo

La campaña europea de 2024 fue un desastre reputacional. Un asistente del cabeza de lista, Maximilian Krah, fue detenido acusado de espiar para China; el número dos, Petr Bystron, quedó bajo sospecha de haber recibido dinero ruso; y unas declaraciones de Krah relativizando la responsabilidad de las SS llevaron a Marine Le Pen a romper con la AfD y a su expulsión del grupo Identidad y Democracia. Aun así, la AfD obtuvo su mejor resultado europeo hasta entonces y hoy lidera su propio grupo, Europa de las Naciones Soberanas.

Höcke y los tribunales

Björn Höcke, el hombre fuerte de Turingia, ha sido condenado dos veces por emplear un eslogan de las SA prohibido en Alemania. Es también quien ha marcado el rumbo ideológico del partido en la última década, pese a no haber ocupado nunca un cargo en la dirección federal.

La clasificación como extremista y el freno judicial

El 2 de mayo de 2025, la Oficina Federal de Protección de la Constitución elevó a la AfD a la categoría de extremista de derecha confirmada sobre la base de un dictamen de 1.108 páginas construido solo con fuentes públicas. El partido recurrió, y en febrero de 2026 el Tribunal Administrativo de Colonia le dio la razón de forma cautelar: prohibió al servicio de inteligencia usar y difundir esa clasificación hasta que se resuelva el fondo del asunto. El tribunal apreció una sospecha fuerte de posiciones extremistas, pero no que el partido en su conjunto esté definido por ellas.

El matiz importa porque la AfD lo presentó como una absolución. No lo es: sigue siendo caso sospechoso y bajo vigilancia, y cinco Länder la mantienen clasificada como extremista de derecha confirmada, entre ellos Sajonia-Anhalt. Pero el fallo dejó sin oxígeno político el debate sobre ilegalizarla, que en cualquier caso requiere una iniciativa del Bundestag, del Bundesrat o del Gobierno, y la CDU/CSU se ha pronunciado en contra.

El escándalo de los enchufes familiares

La crisis más reciente es interna y de bolsillo. Desde febrero de 2026, la llamada affaire de la Vetternwirtschaft destapó la contratación sistemática de familiares y allegados como personal de diputados, con las federaciones de Sajonia-Anhalt y Baja Sajonia en el centro. Se rescindieron alrededor de cincuenta contratos entre febrero y marzo, ocho diputados federales exigieron por escrito consecuencias a la dirección y el asunto se enredó con la lucha de poder entre Alice Weidel y Tino Chrupalla. Para un partido cuyo discurso se basa en denunciar la casta política, es el flanco más peligroso que se le ha abierto. No se ha notado en las urnas.

Weidel, la líder que se ha quedado sola al mando

Alice Weidel copreside la AfD con Tino Chrupalla desde 2019 y fue su candidata a canciller en 2025. Economista de formación, con un doctorado sobre el sistema de pensiones chino y un paso por la banca de inversión, vive en Suiza con su pareja, una mujer nacida en Sri Lanka, y sus dos hijos: una biografía que choca con el discurso de su propio partido y que la ha convertido en el rostro presentable de un proyecto que en el Este dirigen otros.

El congreso de Erfurt de julio de 2026 despejó cualquier duda sobre quién manda. Weidel armó, con la ayuda de su principal operador, Sebastian Münzenmaier, una ejecutiva a su medida, más joven y algo más radical, y dejó a Chrupalla debilitado y sin apoyos propios. En Renania del Norte-Westfalia respaldó al sector duro frente al líder regional más moderado, y en el escándalo de los familiares presionó sobre la federación próxima a su rival mientras protegía a la suya. La coexistencia formal de la doble presidencia se mantiene; el reparto real de poder, no.

Su tesis política cabe en una frase que repite desde hace meses: ya no se podrá gobernar pasando por encima de la AfD. Sajonia-Anhalt es el primer sitio donde esa frase deja de ser una bravata y se convierte en un problema aritmético para los demás.

Qué puede pasar con la AfD

El horizonte inmediato son las dos votaciones del 20 de septiembre, en Mecklemburgo-Antepomerania y en Berlín. En el primero, la AfD parte como favorita clara y podría repetir el escenario de esta noche; en el segundo, una ciudad que le es hostil, su papel es marginal. Después, el calendario se vacía hasta 2027.

A medio plazo hay tres incógnitas. La primera es si el cortafuegos aguanta: cada resultado como el de Sajonia-Anhalt refuerza a quienes, dentro de la CDU oriental, sostienen que el veto condena a su partido a la irrelevancia. La segunda es el procedimiento de ilegalización, hoy parado pero no cerrado, pendiente del recurso ante el tribunal superior de Münster y del fondo del asunto. Y la tercera es interna: un partido que crece tan deprisa incorpora cuadros más difíciles de controlar, y el pulso entre normalizarse para gobernar y radicalizarse para no perder a su base sigue sin resolverse.

CDU
Christlich Demokratische Union
Partido del canciller Friedrich Merz · gobierna con el SPD desde mayo de 2025
21-23% en sondeos

Dieciséis meses para perder siete puntos

La CDU/CSU ganó las elecciones federales de febrero de 2025 con el 28,5% y con la promesa de un giro político y de un gobierno sin ruido. El primer aviso llegó antes incluso de tomar posesión: junto a Verdes y SPD, la Unión relajó las reglas de deuda y aprobó un fondo especial de 500.000 millones para infraestructuras y defensa, exactamente lo que Merz había criticado durante la campaña. El segundo, el 6 de mayo de 2025, cuando se convirtió en el primer canciller de la historia de la República Federal que fracasa en la primera votación de investidura: le faltaron dieciocho votos de su propia coalición.

Unión y AfD desde las elecciones de 2025

En %. Resultado electoral y sondeos posteriores.

Unión
AfD
Elecciones federales, febrero de 2025
28,5
20,8
YouGov, abril de 2026
23
27
INSA, mayo de 2026
22
29
Forsa, agosto de 2026
21
28

La trayectoria desde entonces es de manual. En abril de 2026, YouGov situó a la Unión en el 23%, su peor registro en esa serie desde diciembre de 2021, con la AfD en el 27%. En mayo, INSA midió el 22% frente a un 29% que era el mejor dato de la historia de la AfD. Y en agosto, el trendbarómetro de Forsa dejó la distancia en siete puntos: 21% para la Unión y 28% para la AfD. En dieciocho meses, el partido que ganó las elecciones ha perdido una cuarta parte de su apoyo.

La CDU gobierna con siete puntos menos que la AfD en las encuestas.

Por qué decepciona la coalición

El dato que mejor resume el problema no es el de intención de voto sino el de satisfacción. En junio de 2025, el 55% de los alemanes se declaraba insatisfecho con el Gobierno; en abril de 2026, el 79%. Y el desplome más brusco se produjo entre los propios votantes de la Unión: del 48% de satisfechos en marzo al 34% un mes después.

La coalición prometió estabilidad y ha entregado un conflicto público permanente. El otoño de 2025 lo consumió la batalla por el paquete de pensiones, con los diputados jóvenes de la CDU y la CSU rebelándose contra su propio canciller por los 120.000 millones de coste diferido; Merz salió adelante por muy poco. Después vino el pulso por el nuevo servicio militar. Y desde enero de 2026 se han encadenado las peleas por la reforma sanitaria, los presupuestos y la política fiscal, con ataques personales entre miembros del propio Gobierno que ya no se molestan en disimular.

El resultado es un desgaste por los dos lados. El ala conservadora y liberal de la Unión acusa a la dirección de ceder demasiado al SPD y de haber perdido el perfil propio, y algunos de sus miembros han empezado a coquetear abiertamente con la idea de entenderse con la AfD. El SPD, por su parte, tampoco recoge nada: su ministra de Trabajo ha llegado a reprochar cinismo al canciller en público.

Merz sostiene lo contrario. En su declaración de balance ante el Bundestag, en julio de 2026, defendió que las reformas aprobadas empiezan a funcionar, citó la nueva prestación básica, la llamada renta activa y más de 3.000 empresas creadas en el primer semestre, y calificó la cumbre de la OTAN en Ankara de gran éxito. Es posible que tenga razón en los datos y que eso no cambie nada: el problema del Gobierno no es lo que aprueba, sino que casi nadie le atribuye el mérito.

Qué puede pasar con la CDU

El calendario le da un respiro y a la vez le pone dos exámenes inmediatos. El 20 de septiembre, la CDU se juega en Mecklemburgo-Antepomerania caer a un solo dígito y en Berlín ganar sin llegar al 22%. Después no hay elecciones relevantes hasta 2027, cuando votan varios Länder occidentales, entre ellos Renania del Norte-Westfalia, y las federales no llegan hasta 2029.

Merz no tiene por tanto una amenaza formal: no hay aspirante alternativo con perfil de canciller y el SPD está demasiado débil para forzar una crisis. Lo que sí tiene es un problema de aritmética que se repetirá en cada elección oriental. Con el veto a la AfD y el acuerdo de incompatibilidad con Die Linke, la CDU se queda sin mayorías posibles allí donde la ultraderecha ronda el 40%, y la presión para revisar el cortafuegos no vendrá de sus adversarios sino de sus propias federaciones.

El director de INSA, Hermann Binkert, lo ha formulado en términos que hace cinco años habrían sonado a exageración: si la tendencia continúa, los futuros duelos electorales alemanes se librarán entre la AfD y los Verdes como polos de referencia, y los dos partidos que se turnaron el poder durante setenta años pasarán a ser actores secundarios. Es una hipótesis, no un pronóstico. Pero cada noche como la de Sajonia-Anhalt le añade evidencia.

Conclusión: dos curvas que son la misma

Es tentador leer estas dos historias por separado, como el ascenso de un partido y la crisis de otro. Los datos de transferencia de voto de esta noche sugieren que son la misma curva vista desde dos lados: la AfD crece sobre todo movilizando a quienes ya no votaban, pero su segunda fuente son los votantes democristianos, y la CDU pierde precisamente allí donde había convertido en costumbre ganar.

La diferencia está en el margen de maniobra. La AfD puede permitirse escándalos, condenas y guerras internas porque su electorado no la vota por su respetabilidad. La CDU no puede permitirse ninguna de las tres cosas, porque su única promesa es gobernar bien. Mientras esa promesa no se note en la vida de la gente, la curva seguirá donde está.

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