Flujos de emigración de los españoles desde la I República

Durante siglo y medio España ha sido, casi sin interrupción, un país de salida. Entre la Primera República y la crisis de 2008 se marcharon varios millones de personas, pero no se marcharon siempre a los mismos sitios: el mapa de la emigración española se ha reescrito tres veces. Primero fue el Atlántico sur —Buenos Aires y La Habana—, después el Caribe petrolero de Caracas, luego las fábricas de Renault, Volkswagen y las obras suizas, y por último Londres, Berlín y París. Este artículo reconstruye esos flujos con las cifras disponibles en cada época, y explica por qué las estadísticas de hoy —tres millones de españoles inscritos en el exterior— cuentan una historia bastante distinta de la que sugiere el titular.

Antes de empezar conviene avisar de algo que condiciona todo lo que sigue. No existe una serie homogénea de emigración española desde 1873 hasta hoy. Hasta 1930 se contaban pasajeros embarcados en puertos españoles; entre 1956 y 1985, expedientes tramitados por el Instituto Español de Emigración; desde 2008, bajas del padrón municipal. Cada método mide una cosa distinta y ninguno captura bien al que se va sin avisar. Las cifras que siguen son comparables dentro de cada etapa, no entre etapas.

1873-1899: la República hereda un país que ya se iba

Cuando se proclama la Primera República, en febrero de 1873, la emigración española lleva décadas funcionando sin que nadie la mida. La estadística oficial no arranca hasta 1882, cuando el Instituto Geográfico y Estadístico empieza a registrar entradas y salidas de pasajeros por los puertos. Todo lo anterior son pasaportes sueltos y registros portuarios dispersos. Lo que sí sabemos del periodo republicano es el contexto: la Guerra de los Diez Años en Cuba, un sistema de quintas del que solo se libraba quien podía pagar la redención en metálico, y una agricultura incapaz de dar trabajo al crecimiento demográfico del norte peninsular. Emigrar era, para muchos jóvenes, la forma más barata de no ir a la guerra.

Ese sesgo se nota en la composición del flujo. Entre 1882 y 1930 la relación de masculinidad de los emigrantes españoles a América llegó a superar los 500 hombres por cada 100 mujeres en 1892, y dos tercios de quienes declaraban profesión al embarcar eran agricultores. La ley de 1907 acabaría definiendo al emigrante, con notable franqueza, como el pasajero que viaja en tercera clase.

1882-1930: el ciclo atlántico, o cómo media España acabó en el Río de la Plata

Es la etapa que Nicolás Sánchez-Albornoz bautizó como la emigración en masa, y es la mayor de todas. Las series de Salvador Palazón cifran en 3.471.755 las salidas hacia América entre 1882 y 1930, frente a 2.114.496 retornos: un saldo neto de en torno a 1,36 millones de personas. Estimaciones posteriores, como la de César Yáñez, elevan el flujo bruto de 1882 a 1935 hasta los 4,7 millones, porque las estadísticas españolas solo contaban a quien embarcaba legalmente desde un puerto español y dejaban fuera a los que salían por Burdeos, Gibraltar o Lisboa. El dato que nunca se subraya lo suficiente es el del retorno: el 57% de los emigrantes volvió. Aquello no fue solo un éxodo; fue, en buena medida, un mercado de trabajo atlántico con ida y vuelta.

Destino de la emigración española a América, 1882-1930 · reparto aproximado del flujo

Argentina
~50%
Cuba
~35%
Brasil, Uruguay, México, Chile y resto
~15%

Elaboración propia a partir de S. Palazón (1995). El reparto varió mucho por subperiodos: Cuba dominó hasta 1898 y volvió a hacerlo entre 1910 y 1925; Argentina fue el destino mayoritario en la fase de máxima intensidad, 1900-1913.

El pico absoluto llega entre 1900 y 1913, con más de 180.000 salidas anuales, y coincide con la fase de mayor demanda de mano de obra europea en Argentina. La Primera Guerra Mundial corta el flujo en seco, la expansión latinoamericana de los años veinte lo reactiva y el crack del 29 lo liquida: de 62.000 emigrantes en 1921 se pasa a 17.000 en 1935. La procedencia también es muy desigual. Galicia aporta el 41,8% de toda la emigración a América entre 1885 y 1930, seguida de Castilla y León (12,4%), Andalucía (9,7%) y Asturias (9,1%). Medido por tasa de emigración sobre población, las regiones más afectadas fueron Galicia (13,3 por mil), Canarias (11,4) y Asturias (8,8): la cornisa cantábrica y el archipiélago se vaciaron mucho más rápido de lo que sugieren los totales.

Más de la mitad de los que se fueron a América acabaron volviendo. El indiano no es una excepción romántica: es el caso mayoritario.

Emigración a Ultramar, 1882-1935

1936-1945: el exilio rompe el mapa

La Guerra Civil interrumpe el ciclo económico y lo sustituye por uno político. En el invierno de 1939, tras la caída de Cataluña, cruzan la frontera francesa alrededor de 450.000-465.000 personas en pocas semanas. Buena parte regresa en los meses siguientes —a 31 de diciembre de 1939 quedaban unos 182.000 en Francia—, pero se calcula que en torno a 220.000 permanecieron en el exilio de forma permanente.

Aquí se produce el primer gran giro del mapa. Los países que habían absorbido la emigración económica —Argentina, Cuba, Uruguay, Brasil— pusieron reparos a recibir refugiados políticos, y el destino americano del exilio se desplazó a México, que acogió a unas 21.750 personas entre 1939 y 1948 y se convirtió en el mayor receptor latinoamericano de exiliados. Francia siguió siendo el gran país de acogida europeo, y la Unión Soviética recibió un contingente menor pero muy definido. Por primera vez desde el siglo XIX, una parte sustancial de los españoles que salían no iba a buscar trabajo, y esa comunidad francesa de posguerra se convertiría, dos décadas después, en la cabeza de puente de la emigración laboral de los sesenta.

1946-1958: Venezuela entra en escena

Terminada la Segunda Guerra Mundial, el franquismo entiende que la emigración alivia el paro rural y descomprime la autarquía. Desde 1948 basta una carta de llamada o un contrato visado por un consulado para obtener el pasaporte. El resultado son 560.215 salidas hacia Latinoamérica entre 1946 y 1958, con 162.297 retornos: un saldo neto próximo a las 398.000 personas. El perfil cambia. Los obreros industriales (41,1%) superan por primera vez a los agricultores (39,9%), y Galicia mantiene el liderazgo con casi el 46% del flujo transoceánico, ahora seguida de Canarias (12,3%) y Cataluña (9,3%).

Destino de la emigración española a Latinoamérica, 1946-1958

Argentina
35,1%
Venezuela
32,7%
Brasil
10,9%
Cuba
8,4%
Uruguay
6,1%
Resto de países
6,8%

Fuente: S. Palazón, Capital humano español y desarrollo latinoamericano (1995).

La novedad es Venezuela. En doce años pasa de no existir en las estadísticas a disputarle el primer puesto a Argentina, empujada por el boom petrolero y por una política de inmigración deliberadamente abierta. Cuba, en cambio, se desploma: del tercio largo del flujo en la etapa anterior a un 8,4%. Es la primera vez que el mapa migratorio español se reorganiza sin que cambie el continente de destino.

1960-1973: el Atlántico se cierra y se abren los Pirineos

El Plan de Estabilización de 1959 y el milagro económico europeo hacen el resto. Según el Instituto Español de Emigración, entre 1959 y 1973 salieron hacia Europa 1.066.440 personas, el 71% de toda la emigración exterior registrada en esos quince años. El máximo se alcanza en 1972, con 104.134 emigrantes a Europa en un solo año. Y por primera vez el flujo es explícitamente rotatorio: se sale con contrato de un año negociado por el IEE, se vuelve, se renueva. El desplazamiento medio anual del periodo fue de unas 73.000 personas, pero descontando los retornos se queda en 38.800.

Destino de la emigración española a Europa, 1960-1973

Francia
48%
Alemania Federal
19%
Suiza
16%
Bélgica
6%
Países Bajos
6%
Reino Unido
5%

Reparto del total de la emigración española a Europa en el periodo. En cifras absolutas, los datos de J. Rubio para 1960-1969 dan 587.283 emigrantes a Francia, 366.068 a Alemania, 246.137 a Suiza y 39.282 a Bélgica.

Conviene mirar estas cifras con desconfianza, y no por capricho: al comparar los registros españoles con los de los países receptores aparece una brecha sistemática. De media, emigraba un 51% más de gente de la que controlaba el IEE. El caso extremo es el Reino Unido, donde las agencias de colocación privadas canalizaban el grueso del flujo: en 1969 el Instituto contabilizaba 941 entradas frente a las 7.290 que registraban las autoridades británicas. En Francia, de los 607.000 residentes españoles de 1968 solo 103.892 habían llegado por la vía oficial. Las estadísticas suizas llegaron a contar 910.965 españoles entre 1966 y 1971, frente a los 656.729 que el IEE registraba para un periodo más largo.

El peso relativo de esa colonia fue notable. En 1973 los españoles suponían el 2,22% de la población suiza y cerca del 4% de su población activa; en Francia, el 1,35% de la población y el 3% de los activos. El ciclo se cierra de golpe con la crisis del petróleo: Alemania suspende la contratación en noviembre de 1973, Francia en julio de 1974, Suiza endurece la entrada en agosto. A partir de ahí las salidas se hunden y los retornos se disparan.

1974-2007: tres décadas en las que España deja de irse

El periodo que va de la crisis del petróleo a la crisis financiera es el único hueco largo de la serie. La emigración a Europa se estabiliza en torno a 15.000 salidas anuales desde 1975, baja al orden del millar en los noventa y a los centenares en los primeros dos mil. La emigración asistida a Latinoamérica hace lo mismo con más brusquedad todavía: de 8.423 personas en 1968 a 1.051 en 1980 y 322 en 1990. Mientras tanto, el flujo se invierte. España empieza a recibir población, primero de retornados y después, a partir de finales de los noventa, de inmigración latinoamericana, magrebí y del este de Europa. El país que había exportado trabajo durante un siglo pasa a importarlo en apenas una generación.

2008-2021: la nueva emigración, y esta vez con datos finos

Desde 2008 el INE publica la Estadística de Migraciones con detalle de país de destino, nacionalidad y país de nacimiento. Eso permite hacer algo imposible en las etapas anteriores: aislar a los españoles nacidos en España y ver exactamente adónde van. Es la serie que se representa a continuación, y su forma no deja lugar a dudas sobre qué la impulsa.

Emigración al extranjero de españoles nacidos en España, 2008-2021

2008
25.479
2009
26.352
2010
29.220
2011
40.184
2012
38.778
2013
48.136
2014
51.267
2015
61.556
2016
56.572
2017
54.251
2018
49.508
2019
50.177
2020
41.900
2021
47.586

Fuente: INE, Estadística de Migraciones. Personas de nacionalidad española y nacidas en España. Total acumulado del periodo: 620.966 salidas.

La curva se multiplica por 2,4 entre 2008 y 2015 y luego se estabiliza en una meseta de 50.000 salidas anuales que no ha vuelto a bajar a niveles precrisis ni siquiera con el empleo recuperado. Es un dato incómodo para el relato habitual: la emigración de 2013 se explicaba por el paro, pero la de 2019 ya no, y era prácticamente igual de alta.

Principales destinos acumulados, 2008-2021 · españoles nacidos en España

Reino Unido
120.802
Francia
71.352
Alemania
59.212
Estados Unidos
51.477
Suiza
30.677
Ecuador
20.480
Bélgica
18.990
México
12.826
Argentina
12.189
Países Bajos
11.837
Italia
11.058

Fuente: INE, Estadística de Migraciones. En azul, destinos europeos; en ocre, americanos.

El Reino Unido absorbe casi uno de cada cinco emigrantes españoles nacidos en España del periodo, y llegó a recibir 14.858 en un solo año, 2017, justo después del referéndum del Brexit y antes de que se cerrara el acceso libre. Pero lo más significativo no es el ranking, sino cómo se desplaza la composición continental a lo largo de la serie: Europa pasa del 55,0% de los destinos en 2008 al 74,6% en 2021, mientras América cae del 33,0% al 16,8%. En trece años, la salida española se vuelve un fenómeno casi exclusivamente intraeuropeo.

El espejismo americano: quién iba realmente a Quito y a Bogotá

La caída del peso americano tiene una explicación que los totales esconden y que solo aparece al cruzar destino con edad. En 2013, año de máximo desplazamiento hacia Latinoamérica, salieron hacia Ecuador 3.081 españoles nacidos en España. De ellos, 2.610 tenían menos de 15 años. No eran emigrantes españoles en el sentido clásico: eran los hijos nacidos en España de familias ecuatorianas que volvían a casa al quedarse sin trabajo, y que constan como españoles porque nacieron aquí. Lo mismo ocurría, en menor medida, con Colombia o Perú.

Porcentaje de menores de 15 años sobre el total de emigrantes españoles nacidos en España, 2013

Ecuador
84,7%
Colombia
62,8%
Argentina
36,2%
Francia
27,4%
Estados Unidos
21,7%
Alemania
20,5%
Reino Unido
15,3%

Fuente: elaboración propia sobre microdatos del INE, Estadística de Migraciones 2013.

El contraste con los destinos europeos es total. En el Reino Unido el grupo dominante en 2013 era el de 25 a 29 años (1.304 personas), seguido del de 30 a 34; en Alemania, exactamente igual. La emigración española a Europa de la última década es adulta, joven y en edad de trabajar. La que figura como emigración a Sudamérica era, en gran parte, retorno familiar de la inmigración de los dos mil, y por eso se agotó en cuanto la economía española volvió a crecer. Cualquier titular que sume ambas cosas está midiendo dos fenómenos distintos.

Ocho de cada diez «emigrantes españoles» a Ecuador en 2013 eran niños. La estadística los cuenta como salidas; la realidad eran regresos.

INE, Estadística de Migraciones

2022-2026: el stock crece, pero no porque nos vayamos

En 2021 el INE sustituyó la Estadística de Migraciones por la Estadística de Migraciones y Cambios de Residencia, con una metodología distinta que capta más movimientos, así que las cifras no encadenan con las anteriores. En la serie nueva, las salidas de españoles nacidos en España fueron 102.693 en 2021, 91.630 en 2022, 81.805 en 2023 y 88.243 en 2024. El nivel es más alto porque el método es distinto, pero la tendencia es la misma: meseta, sin repunte ni desplome.

Donde sí hay un cambio espectacular es en el stock. El Padrón de la Población Española Residente en el Extranjero cerró a 1 de enero de 2026 con 3.202.002 personas, un 5,1% más que un año antes y más del doble que en 2009, cuando la serie empezó con 1.471.691. El 60,0% reside en América y el 36,4% en Europa.

Españoles residentes en el extranjero a 1 de enero de 2026, y porcentaje de ellos nacido en España

Argentina14,0% nacidos en España
543.971
Francia44,4%
329.548
Estados Unidos28,7%
236.394
México9,1%
212.812
Reino Unido45,2%
202.885
Alemania43,0%
197.961
Cuba0,6%
181.384
Brasil16,1%
147.576
Venezuela26,2%
147.051
Suiza38,0%
142.863
Bélgica42,7%
84.166
Uruguay10,5%
77.365

Fuente: INE, Padrón de la Población Española Residente en el Extranjero (PERE), 1 de enero de 2026.

La columna decisiva de ese gráfico es la pequeña, la del porcentaje. En Cuba, solo el 0,6% de los 181.384 españoles inscritos nació en España; en México, el 9,1%; en Argentina, el 14,0%. En Francia, el Reino Unido o Alemania la proporción ronda el 43-45%. El PERE no mide emigración: mide ciudadanía española residente fuera, y las dos cosas hace tiempo que dejaron de coincidir. De hecho, de los 3.202.002 inscritos, solo 860.957 nacieron en España, y 1.943.347 nacieron en su actual país de residencia.

La brecha se ha ensanchado justo en la última década. En 2009 los nacidos en España eran 633.750 sobre 1.471.691, un 43,1% del padrón exterior; hoy son el 26,9%. Y en las altas del último año la diferencia es todavía más brutal: de las 249.105 nuevas inscripciones de 2025, solo 37.323 correspondían a nacidos en España, un 15%. Cuatro de cada cinco altas son descendientes.

La causa tiene nombre: la Ley 20/2022 de Memoria Democrática, la llamada ley de nietos, que abrió la nacionalidad a hijos y nietos de quienes salieron por el exilio o la emigración. El plazo se cerró el 22 de octubre de 2025 con alrededor de 2,45 millones de solicitudes, de las que Argentina concentra en torno al 40% —unas 650.000 solo en la demarcación de Buenos Aires—, seguida de México, São Paulo, La Habana y Miami. Eso explica que los mayores crecimientos de 2025 se registraran precisamente en Argentina (38.031 más), México (23.414) y Estados Unidos (15.679), y que el padrón exterior pueda acercarse a los cinco millones cuando se resuelvan todos los expedientes. Dicho de otro modo: el censo de españoles en el extranjero está creciendo por el pasado, no por el presente.

Tres mapas superpuestos

Visto en conjunto, el recorrido de siglo y medio dibuja tres mapas que no se sustituyeron limpiamente, sino que se superpusieron. El primero es atlántico y masivo: Buenos Aires y La Habana absorben el grueso de una emigración campesina, joven, masculina y con vocación de retorno, que alcanza su cénit antes de 1914 y muere con la crisis del 29. El segundo es breve e intenso: entre 1946 y 1958 Venezuela irrumpe casi de la nada para empatar con Argentina, y entre 1960 y 1973 el destino se desplaza de golpe al otro lado de los Pirineos, con Francia absorbiendo casi la mitad del flujo europeo y Alemania y Suiza el 35% restante. El tercero es el actual: de nuevo Europa, pero con un perfil irreconocible —titulados de veinticinco a treinta y cuatro años, con el Reino Unido a la cabeza hasta el Brexit y Alemania y Francia detrás—, y con un volumen anual que es una décima parte del de los años sesenta.

Hay una constante que atraviesa los tres. La salida española nunca ha sido definitiva en la proporción que sugieren las cifras brutas: volvió el 57% de los que cruzaron el Atlántico antes de 1935, volvió la mitad larga de los emigrantes europeos de los sesenta, y buena parte de quienes se marcharon en 2013 ya han regresado. Lo que no vuelve es el efecto acumulado: tres millones de personas con pasaporte español viviendo fuera, de las cuales dos de cada tres no han vivido nunca en España. Esa es la herencia real de siglo y medio de emigración, y es demográfica, no migratoria.

Ficha técnica

Fuentes de datos. INE, Padrón de la Población Española Residente en el Extranjero (PERE), datos definitivos a 1 de enero de 2026. INE, Estadística de Migraciones (2008-2021) y Estadística de Migraciones y Cambios de Residencia (2021-2024), explotación propia de las tablas de emigración por país de destino, nacionalidad, país de nacimiento y grupo quinquenal de edad. Instituto Español de Emigración y Anuario de Migraciones para el periodo 1959-2001. S. Palazón, Capital humano español y desarrollo latinoamericano (1995), y C. Yáñez, La emigración española a América, siglos XIX y XX (1994), para las series históricas. J. Rubio (1974) para las cifras absolutas de emigración a Europa en 1960-1969. Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática y Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior para los datos de la Ley 20/2022.

Advertencias metodológicas. Las series de 2008-2021 y 2021-2024 no son encadenables: la segunda emplea una metodología distinta, consistente con los nuevos censos, que capta más movimientos. Los datos anteriores a 1930 registran pasajeros embarcados en puertos españoles y subestiman el flujo real, que en parte salía por Burdeos, Gibraltar o Lisboa. Los datos de 1960-1973 proceden de expedientes tramitados por el Instituto Español de Emigración y subestiman el flujo en torno a un 51% de media según las estadísticas de los países receptores. El PERE mide ciudadanía española residente en el extranjero, no emigración.

Elaboración. Electomanía / EM Analytics.

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