Francia discute cuánto poder debe conservar París y la respuesta más contundente llega desde las antípodas. Una gran encuesta de Ifop para Régions et Peuples Solidaires (Regiones y Pueblos Solidarios), la federación de partidos regionalistas y autonomistas, revela que dos de cada tres franceses apoyan la independencia de Nueva Caledonia, el archipiélago del Pacífico sur que arrastra casi cuatro décadas de una descolonización inacabada. El estudio, presentado este jueves en Colmar, dibuja además una Francia europea que reclama poder para sus regiones como no lo había hecho nunca.
Dos de cada tres franceses ya han soltado amarras
El dato es rotundo: el 67 % de los franceses se declara a favor de la independencia de Nueva Caledonia. Y cuando la pregunta desciende al terreno del procedimiento, la balanza vuelve a inclinarse hacia la salida pactada: el 43 % apoya culminar el proceso de descolonización mediante un referéndum, frente a apenas un 19 % que se opone. El resto no toma partido, una bolsa de indiferencia que dice tanto como las cifras de apoyo.
La cifra no cae como un rayo en cielo sereno. En 2021, un estudio de Harris Interactive para el Ministerio de Ultramar ya detectó que el 66 % de los franceses veía con buenos ojos una Nueva Caledonia soberana y que, para buena parte de la opinión pública metropolitana, la pertenencia del archipiélago a Francia no era una cuestión de emociones. Cinco años y una revuelta después, la foto apenas se ha movido: la metrópoli observa el Caillou (la Roca, como se conoce popularmente a la isla) con una distancia que roza el desapego.
Hay precedente. En noviembre de 1988, los franceses ratificaron en referéndum los acuerdos de Matignon con un 80 % de votos afirmativos, abriendo la puerta a que los neocaledonios decidieran su propio futuro. Casi cuarenta años después, la sociedad francesa sigue dispuesta a dejarles elegir. Quien no termina de hacerlo es el propio archipiélago.
Numea, 28 contra 26: la isla sigue partida
Porque la paradoja salta a la vista: lo que la metrópoli concede con naturalidad, Nueva Caledonia lo ha rechazado tres veces en las urnas. El «no» a la independencia se impuso en 2018 con el 56,4 % y volvió a ganar en 2020, cuando el «sí» escaló hasta el 46,7 %. La tercera consulta, en diciembre de 2021, se cerró con un 96,5 % para el «no», pero con la participación hundida hasta el 43,9 % por el boicot independentista, que nunca reconoció aquel resultado.
Desde entonces, el expediente se ha enquistado. La reforma del censo electoral que impulsó el Gobierno de Emmanuel Macron desencadenó en mayo de 2024 los peores disturbios en el archipiélago desde los años ochenta. Los acuerdos de Bougival, firmados en julio de 2025, y los de Élysée-Oudinot, en enero de 2026, prometían un Estado de Nueva Caledonia dentro de la República, con una nacionalidad propia superpuesta a la francesa, pero acabaron en papel mojado.
Las elecciones provinciales del 28 de junio, aplazadas en tres ocasiones, han dejado un Congreso partido casi por la mitad: 28 escaños para el bloque no independentista (18 de Les Loyalistes, 6 de Los Republicanos y 4 no adscritos) frente a 26 independentistas (19 del grupo Kanaky Nueva Caledonia y 7 de la UNI). La presidencia de la cámara recayó en julio en la republicana Virginie Ruffenach.

Paraguas histórico del independentismo canaco desde 1984. Encabezó la movilización contra el descongelamiento del censo electoral en 2024 y rechazó el acuerdo de Bougival en 2025. El bloque soberanista suma 26 escaños en el Congreso de Numea.

Coalición nacida en 2020 bajo el lema «mi no es Nueva Caledonia». Defendió el descongelamiento del censo y es la primera fuerza del Congreso con 18 escaños, base de la mayoría que sostiene el rechazo a la independencia.
El mapa del desapego: Córcega, Alsacia y Bretaña marcan el paso
La encuesta de Colmar no es solo un termómetro ultramarino. Su gran aportación es la radiografía territorial de la Francia europea, con resultados propios para los territorios de identidad más marcada. Y el patrón es nítido: cuanto más fuerte es la identidad regional, más intensa es la demanda de autogobierno.
El 58 % de los franceses quiere que otras regiones, además de Córcega, obtengan un estatuto que refuerce su especificidad, quince puntos más que en 2001. En Córcega lo suscribe el 87 %, en Alsacia-Mosela el 72 % y en la Bretaña histórica el 66 %.
Conjunto de FranciaAlsacia es el epicentro del malestar con el redibujado regional de 2015, que la fundió en la macrorregión del Gran Este: el 65 % de los alsacianos lo juzga negativamente, por un 55 % en el conjunto del Gran Este, un 49 % en Nueva Aquitania y un 41 % de media nacional. El 78 % de los alsacianos quiere recuperar una región propia, una idea que respalda también el 56 % de los franceses.
En el oeste, la vieja aspiración bretona gana terreno. El 62 % de los habitantes del Loira Atlántico apoya integrarse en la región de Bretaña y, en los cinco departamentos de la Bretaña histórica, la reunificación alcanza el 56 %, doce puntos más que en 2012. El 36 % de los bretones se siente más apegado a su región que a Francia, frente al 25 % del conjunto del país. Incluso la creación de una región de Saboya obtiene el respaldo del 66 % de los franceses.
Un cuarto de siglo de erosión del modelo jacobino
La serie histórica de Ifop retrata una mutación de fondo. En 2002, el 46 % de los franceses quería que las decisiones se tomaran en las regiones; hoy lo quiere el 74 %, mientras que los partidarios de que el poder siga en París se han desplomado del 35 % al 19 %. Cuatro de cada cinco (79 %) creen que París y su región son los grandes beneficiarios del centralismo a costa del resto del país.
El federalismo, tabú durante décadas en la República «una e indivisible», convence ya al 58 %, frente al 36 % de hace veinte años. Y el apoyo a una autonomía de pleno derecho para Córcega sube al 57 %, cinco puntos más que en 2025, justo cuando el Senado examina desde el 21 de octubre la reforma constitucional que la Asamblea Nacional aprobó en junio. El 60 % respalda reconocer en la Constitución una comunidad insular corsa, el 56 % la cooficialidad del corso y el 62 % quiere que los senadores de su partido voten a favor.
Le Pen y Mélenchon, los aliados inesperados de las regiones
El hallazgo más contraintuitivo está en los electorados. Según el Ifop, los votantes del Rassemblement National (Agrupación Nacional) y de La France Insoumise (Francia Insumisa) son los más regionalistas del país, mientras que el bloque central es el más apegado a la unidad del Estado. El 82 % de los votantes de Marine Le Pen quiere más decisiones en las regiones y el 67 % apoya el federalismo, el porcentaje más alto de todos los electorados. Los de Jean-Luc Mélenchon son, por su parte, los más partidarios de la autonomía regional.
Votantes de Le Pen, RN (extrema derecha)Más decisiones en las regiones
Conjunto de FranciaMás decisiones en las regiones
Votantes de Le Pen, RN (extrema derecha)Favorables al federalismo
Conjunto de FranciaFavorables al federalismoLa contradicción es evidente en el RN, donde dirigentes como el diputado Jean-Philippe Tanguy han llegado a plantear la supresión de las regiones para ahorrar 6.000 millones de euros. Sobre Nueva Caledonia, en cambio, las líneas de fractura siguen siendo las clásicas: la izquierda defiende la autodeterminación canaca, el centro ensaya una autonomía dentro de Francia y la derecha y la extrema derecha cierran la puerta a la independencia.

Se opuso frontalmente al descongelamiento del censo electoral en 2024 y defiende el derecho del pueblo canaco a decidir su soberanía. Su electorado es, según el Ifop, el más autonomista en la Francia europea.

Fiel a su tradición anticolonial, respalda el proceso de emancipación abierto en Matignon y Numea y el derecho de los canacos a la autodeterminación.

Socios de los regionalistas en el Parlamento Europeo, apoyan culminar la descolonización mediante una consulta acordada entre las partes.

Heredero de Michel Rocard, artífice de los acuerdos de Matignon de 1988, defiende el método del consenso entre independentistas y leales y rechazó la reforma unilateral del censo.

Impulsó el descongelamiento del censo que precipitó la crisis de 2024 y después apadrinó Bougival, un Estado neocaledonio dentro de la República. Su electorado es el más apegado a la unidad del Estado.

Partidarios de mantener el archipiélago en la República. Sus seis electos en el Congreso de Numea sostienen la mayoría no independentista, que preside Virginie Ruffenach.

Da por zanjada la cuestión tras los tres referendos y apoyó el descongelamiento del censo. Paradójicamente, sus votantes son los más federalistas del país.

Mantiene la línea más dura: rechaza cualquier evolución que aleje a Nueva Caledonia de la soberanía francesa.

Federación de partidos regionalistas y autonomistas fundada en 1995, a la que pertenece la Unión Democrática Bretona. Presentó la encuesta en Colmar, en la apertura de su universidad de otoño.
Con las presidenciales de la primavera de 2027 en el horizonte, el 54 % de los franceses asegura que la defensa de las lenguas regionales y de la descentralización pesará de forma importante o decisiva en su voto. La Francia que retrata el Ifop es más girondina que nunca: quiere decidir desde sus regiones, ya no teme la palabra federalismo y contempla sin dramatismo que un archipiélago a 16.700 kilómetros elija su propio camino. El nudo de Nueva Caledonia ya no está en París, sino en Numea, donde dos mitades casi exactas siguen sin encontrar una salida común.





















































































































































































































































































































































































































































































































































































































