Andy Burnham, favorito para convertirse en el próximo líder del Partido Laborista y primer ministro del Reino Unido tras la anunciada salida de Keir Starmer, ha situado la descentralización del poder político en el centro de su proyecto de gobierno. Entre sus propuestas más llamativas figura el traslado de parte de la estructura del Gobierno británico desde Londres a Mánchester, con el objetivo de acercar la toma de decisiones a las regiones y reducir el histórico centralismo de Westminster.
El exalcalde del Gran Mánchester ha presentado esta iniciativa durante su primer gran discurso político como aspirante a Downing Street, en el que defendió un nuevo modelo de gobernanza basado en una mayor autonomía para las autoridades locales y metropolitanas. Según Burnham, el Reino Unido necesita un cambio estructural que permita distribuir el poder económico y político de forma más equilibrada entre las distintas regiones del país.
Una “segunda sede” de Downing Street en el norte
La propuesta contempla trasladar parte de las operaciones de la Oficina del Primer Ministro (No. 10 Downing Street) a Mánchester, ciudad que Burnham ha gobernado desde 2017 y que considera un ejemplo del potencial de la descentralización.
El dirigente laborista sostiene que muchas decisiones del Gobierno deberían tomarse fuera de Londres para reflejar mejor las necesidades del conjunto del país. Además, plantea ampliar las competencias de alcaldes y autoridades regionales en ámbitos como la vivienda, la educación, el transporte, el empleo o determinadas políticas sociales.
Burnham también defiende una mayor autonomía fiscal para las regiones, permitiendo que parte de los ingresos tributarios permanezcan en los territorios donde se generan con el fin de impulsar inversiones y crecimiento económico.
Reducir las desigualdades territoriales
El candidato laborista considera que la excesiva concentración del poder en Londres ha contribuido durante décadas a ampliar las diferencias económicas entre el sur de Inglaterra y el norte del país.
Su programa incluye un plan de diez años para elevar el nivel de vida mediante la reindustrialización, nuevas infraestructuras, más vivienda y reformas en los servicios públicos. Bajo el lema de lograr un “crecimiento para cada código postal”, Burnham pretende replicar a escala nacional algunas de las políticas desarrolladas en el Gran Mánchester, donde impulsó la integración del transporte público y una mayor coordinación entre administraciones locales.
La propuesta supone uno de los mayores cambios institucionales planteados en décadas en el Reino Unido y busca transformar un modelo tradicionalmente muy centralizado en otro con un mayor protagonismo de las regiones.
Aunque la iniciativa ha recibido críticas desde la oposición conservadora, que cuestiona su viabilidad y advierte del riesgo de fragmentar la administración central, Burnham sostiene que una descentralización profunda es imprescindible para modernizar el Estado británico y reducir las desigualdades territoriales.

























































































































































































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