El Gobierno belga afronta una crisis política después de que los cinco partidos de la coalición no hayan logrado alcanzar un acuerdo sobre los presupuestos. El primer ministro, Bart De Wever, tiene previsto acudir este lunes al Palacio Real para presentar su dimisión, mientras se abre la posibilidad de una convocatoria electoral anticipada.
Bélgica afronta este lunes 2 de noviembre una nueva crisis de Gobierno. El primer ministro, Bart De Wever (N-VA), tiene previsto presentar su dimisión ante el rey Felipe después de que las negociaciones presupuestarias entre los cinco partidos de la coalición hayan terminado sin acuerdo durante la madrugada.
Según informan Reuters y los medios belgas, las conversaciones se prolongaron hasta aproximadamente la una de la madrugada, sin que los socios consiguieran superar sus diferencias sobre el reparto de los ajustes fiscales y presupuestarios. De Wever tiene prevista una audiencia con el monarca a las 9:30 horas.
El Ejecutivo, conocido como coalición Arizona, está integrado por cinco formaciones: los nacionalistas flamencos de N-VA, los liberales francófonos de MR, los democristianos flamencos de CD&V, los centristas francófonos de Les Engagés y los socialistas flamencos de Vooruit.
Un ajuste de 10.000 millones que divide al Gobierno
El principal desencadenante de la crisis es la necesidad de aprobar un paquete de medidas presupuestarias por valor de 10.000 millones de euros, con el objetivo de contener el deterioro de las finanzas públicas belgas.
Las diferencias entre los socios se concentran en cómo distribuir el esfuerzo entre recortes del gasto y aumentos de impuestos.
N-VA y MR defienden una mayor contención del gasto público, incluyendo ajustes en el ámbito sanitario. Por el contrario, Vooruit y Les Engagés reclaman que las rentas más elevadas contribuyan en mayor medida al esfuerzo fiscal y muestran reticencias a determinadas restricciones del gasto sanitario.
El viceprimer ministro liberal David Clarinval (MR) ha responsabilizado a Vooruit del bloqueo, argumentando que las propuestas incluían una carga fiscal excesiva. Desde otras formaciones se cuestionan las cifras de ingresos adicionales planteadas por los liberales.
La imposibilidad de conciliar estas posiciones ha terminado por bloquear las negociaciones, pese a los contactos bilaterales mantenidos durante el fin de semana.
La deuda pública añade presión
La crisis se produce en un contexto económico especialmente delicado para Bélgica.
La deuda pública supera los 735.000 millones de euros, equivalentes a más del 110% del PIB, mientras que el déficit presupuestario alcanzó aproximadamente el 5% el pasado año.
Ambas cifras superan los valores de referencia establecidos en las reglas fiscales europeas, que sitúan el déficit en el 3% del PIB y la deuda pública en el 60%.
El incremento del coste de financiación de la deuda añade presión sobre el Ejecutivo. El propio De Wever ha advertido del riesgo de entrar en una dinámica en la que el Estado deba recurrir a nuevos préstamos para afrontar los intereses de su endeudamiento.
¿Elecciones anticipadas en febrero?
La visita del primer ministro al Palacio Real abre varios escenarios políticos, aunque la convocatoria de elecciones anticipadas todavía no está confirmada.
El rey Felipe puede aceptar la dimisión, mantenerla en consideración mientras se buscan soluciones o facilitar una nueva ronda de negociaciones entre los partidos.
Una primera posibilidad sería que los cinco socios intentasen reconstruir el acuerdo presupuestario y mantener la coalición. Otra alternativa pasaría por explorar una nueva fórmula parlamentaria capaz de garantizar la estabilidad del Ejecutivo.
Si estas vías fracasan, Bélgica podría encaminarse hacia unas elecciones anticipadas, con febrero de 2027 como uno de los horizontes que se barajan.
La crisis supone un nuevo episodio de inestabilidad para un país caracterizado por la fragmentación de su sistema político y la complejidad de las negociaciones entre partidos flamencos y francófonos.
La decisión del rey y la capacidad de los socios para reabrir las conversaciones determinarán si la crisis desemboca en una recomposición del Gobierno o en una nueva cita con las urnas.























































































































































































































































































































































































































































































































































































































