Tras varias semanas de intensas negociaciones posteriores a las elecciones generales del pasado mes de marzo, Dinamarca ha logrado por fin desbloquear su proceso de formación de gobierno. Cuatro formaciones, los socialdemócratas (A), la Izquierda Verde (F, antes Partido Popular Socialista), los Moderados (M) y los Socialiberales (B), han alcanzado un acuerdo para conformar un nuevo Ejecutivo de carácter minoritario, que estará liderado nuevamente por la primera ministra Mette Frederiksen.
Una coalición de cuatro partidos
El nuevo Gobierno reedita parcialmente la fórmula que ya ensayó Frederiksen en la legislatura anterior, cuando rompió con la tradición política danesa al pactar con un partido del bloque “azul” (los Moderados de Lars Løkke Rasmussen). En esta ocasión, sin embargo, la coalición se amplía hacia la izquierda con la incorporación de la Izquierda Verde (SF), una formación ecosocialista que aporta perfil progresista y agenda climática al ejecutivo. Los Socialiberales, históricamente bisagra del centro danés, completan el cuadripartito.
La aritmética parlamentaria, no obstante, obliga al Gobierno a buscar apoyos adicionales fuera del Consejo de Ministros. Las cuentas en el Folketing señalan a la Alianza Rojiverde (Enhedslisten) y a La Alternativa (Alternativet) como socios externos de investidura y, previsiblemente, también de legislatura. Con su respaldo, el ejecutivo de Frederiksen dispondría de una mayoría operativa suficiente para sacar adelante los presupuestos y la agenda legislativa, aunque sometida al juego de cesiones habitual en los gobiernos minoritarios escandinavos.
El fin de un proceso prolongado
El acuerdo pone término a uno de los procesos de formación de gobierno más largos de la reciente historia política danesa. Tras los comicios de marzo, las negociaciones se atascaron en torno a varios ejes: la política migratoria —donde los socialdemócratas mantienen una línea dura que choca con la sensibilidad de SF y los Socialiberales—, la fiscalidad verde y el encaje de los Moderados en una coalición con mayor peso de la izquierda. La presencia simultánea de M y F en el mismo gobierno ha exigido equilibrios delicados y, según fuentes próximas a las negociaciones, un reparto de carteras cuidadosamente calibrado.
Un centroizquierda con tintes verdes
El resultado es una coalición de centroizquierda con apoyo verde y progresista, que combina la continuidad del liderazgo de Frederiksen con la apertura hacia un perfil más ambicioso en materia medioambiental y social. Los analistas daneses subrayan que el nuevo Ejecutivo deberá lidiar con varios frentes simultáneos: el cumplimiento de los objetivos climáticos para 2030, la respuesta al rearme europeo en un contexto de tensión con Rusia, el debate sobre Groenlandia tras las presiones de la Administración estadounidense, y la sostenibilidad del modelo de bienestar danés ante el envejecimiento poblacional.
Para Mette Frederiksen, que se convierte así en una de las jefas de Gobierno con mayor longevidad en el actual panorama europeo, el reto será mantener la cohesión de un Ejecutivo ideológicamente más heterogéneo de lo habitual, en el que conviven sensibilidades socialdemócratas clásicas, liberales centristas y ecologistas de izquierda. La estabilidad de la legislatura dependerá, en buena medida, de su capacidad para gestionar esas tensiones internas sin perder el respaldo externo de Enhedslisten y Alternativet.

























































































































































































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