EMNacionalActualidadEl PP vende como propios éxitos ajenos

El PP vende como propios éxitos ajenos

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El PP está bastante contento. Dentro de lo que cabe, las cosas no van mal. Aguantarán en el gobierno unos meses más, y si al final son necesarias nuevas elecciones, puede salir beneficiado, porque puede que se meriende, directamente, la mayor parte del voto de Ciudadanos.

Hace justo un año, el PP estaba en muchas encuestas por debajo del PSOE y de Podemos, y aún no había aparecido Ciudadanos para equilibrar las cosas. Así que parecía casi seguro que iba a dejar el gobierno antes de que acabara 2015. Pero estamos en 2016 y ahi sigue: ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

Porque 2015 ha sido un año excelente para el Partido Popular: ha sabido vender como propio lo que no le pertenece. Veamos por qué.

Realmente el PP comenzó a ganar las elecciones de 2015 un día de agosto de 2007, cuando una lejana crisis financiera obligó a actuar a los bancos centrales de los países más importantes. En España, el presidente Zapatero seguía flotando en las nubecitas de la burbuja, y ahí siguió hasta mayo de 2010, fecha en que decretó los primeros recortes (“ajustes”) ante el descontrol del déficit público. Ese retraso de tres años en el reconocimiento de la situación, y las sucesivas tonterías que hizo el gobierno del PSOE en materia económica entre 2007 y 2010, han dejado en muchos españoles la idea fija de que la culpa, toda la culpa, es de Zapatero.

Puede que tengan razón, pero la verdad es que con la llegada del Partido Popular al gobierno el guión no cambió: siguió con los recortes en prestaciones sociales y salarios públicos, y continuó subiendo impuestos para intentar cuadrar las cuentas. Nada más. Todo ello, hasta finales de 2014. Ningún cambio de fondo en política económica. Ninguno.

El consenso de los expertos era que España necesitaba profundas reformas estructurales, pero el Partido Popular no ha emprendido ninguna. Ha aprobado, eso sí, una reforma laboral y otra reforma educativa. Pero ni una ni otra suponen una novedad: no cambian la estructura de los sistemas que regulan, solo modifican algunas prioridades para adaptarlas al gusto del gobierno de turno. La reforma laboral, en concreto, se limitó a rebajar la indemnización por despido y a sustituir ciertas ventajas y excepciones  por otras. Lo habitual. Lo de siempre. El modelo contractual y de relaciones laborales, causa de que nuestra tasa de paro sea sistemáticamente muy superior a la de los demás países, no ha sido modificado.

Lo único que ha permitido ir mejorando las cuentas públicas ha sido la política fiscal de subidas de impuestos combinada con recortes. Y eso no es una reforma. Eso es un parche. Y ni siquiera es idea de Rajoy: empezó con ellos Zapatero.

La lista de reformas estructurales pendientes sigue intacta. Por ejemplo:  la Administración en general,  la Justicia en particular, la del absurdo sistema acceso a la función pública, la auténtica reforma del mercado laboral, la de la fiscalidad, la de las prestaciones sociales, la del sistema de Seguridad Social, la del sistema educativo, la de la politización de las instituciones del Estado, la de las garantías de limpieza democrática, la de la financiación de partidos, sindicatos, o grupos de presión. Cuál debe ser el sentido de esas reformas es algo discutible, pero que son necesarias pocos lo dudan. Pero en estos cuatro años no se ha hecho nada al respecto. Inacción absoluta. La inercia como virtud.

Mientras tanto, los escándalos de corrupción salpicaban una y otra vez al Partido Popular. Y el partido respondía que se trataba de personas concretas que habían traicionado su confianza. Pero el tráfico de influencias, la práctica de las puertas giratorias, los entramados de relaciones y ventajismos, no son consecuencia de traiciones

>>>>Fotografia: Huffington Post.

individuales, sino de un sistema global de fidelidades personales y favores pagados, que fue implantado y consolidado durante décadas, y del que el PP y el PSOE son coautores y responsables. Frente a esto, nada. Justo al final de la legislatura han aprobado una reforma legal cosmética, que no ataja de raíz las causas de la corrupción. Las amañadas reglas del juego siguen siendo las mismas de siempre, y siguen beneficiando a los mismos.

En economía, por suerte para el Partido Popular, la rigidez de nuestro sistema ha sido su mejor aliado. Cuando las cosas empeoran en la economía mundial, en España lo hacen mucho más, pero cuando van mejorando fuera de nuestras fronteras, en España la mejora es mucho mayor, sencillamente porque venimos de mucho más abajo y tenemos muchos más recursos ociosos que vuelven a poder emplearse. Somos expertos en vaivenes. Eso no es mérito de ningún gobierno: es culpa de todos los que hemos tenido desde la crisis de

Fuente: La Pizarra de la Crisis.

1979, que no han hecho nada para evitarlo. La realidad es que las magnitudes económicas siguen ancladas en niveles inferiores a los de 2008, y la mejora actual solo corrige una pequeña parte de lo perdido en los años anteriores, incluidos los primeros del PP en el gobierno.

Pero da igual. La idea extendida de que la culpa de todo lo malo provino de Zapatero, unida a una coyuntura internacional que empezó a tirar para arriba de España en  2013 y sobre todo, en 2014, colocó a Rajoy en una posición inmejorable: aprovechó el viento de cara  y se apuntó el tanto. La casualidad le ofreció el mensaje en bandeja, y él y su gente solo tuvieron que repetirlo hasta hartarse: la economía ha mejorado “gracias” al PP, y si vuelven los socialistas volveremos a las andadas. Mensaje reiterado mil veces a lo largo de 2015, que ha calado profundamente en amplios sectores sociales. Anzuelo tragado. Votos asegurados.

Por si fuera poco, había que demostrar a los ciudadanos que la recuperación era real, tangible, así que, en el año electoral de 2015, el gobierno se puso manos a la obra y liberó unos cuantos millones de euros para agasajar a los funcionarios con una pequeña parte de la paga extra que se les quitó algunos años antes. Además, se rebajó un par de veces las retenciones del IRPF, para que los trabajadores y los pensionistas vivieran el espejismo de que su nómina había crecido. No importa que la lógica legal y financiera diga que los cambios fiscales hay que aprobarlos en los presupuestos de un año, para comenzar a aplicarse en el siguiente. En 2015 el gobierno ha hecho varios regalos sobre la marcha, a mitad de año, al margen del presupuesto inicial y sin sonrojarse. No es que vinieran unas elecciones. No, qué va. No es que al hacerlo se incumpliera “un poco” con los compromisos de déficit asumidos con Bruselas. No. Es que la economía mejoraba por méritos del gobierno, y usted, querido amigo, lo podía comprobar amablemente en su nómina o pensión justo tres meses antes de las elecciones generales…

En septiembre se celebraron elecciones en Catalunya, y el PP obtuvo un  resultado bajísimo. Durante el gobierno de Mariano Rajoy el porcentaje de independentistas se ha duplicado. Pero el gobierno  no reconoce que tenga nada que ver con esta realidad. La culpa es de los otros, por supuesto. Su inacción, sus silencios, no son culpables de nada. Finalmente, en las elecciones del 20 de diciembre, el PP prácticamente ha conseguido desaparecer de varias comunidades españolas, atrincherándose fuertemente en otras. El mapa de la España del PP no es igual al mapa de España. Está amputado. ¿Esta estrategia

>>> Porcentaje de votos del PP en las elecciones del 20-D. Fuente: El País.

de trincheras es una forma sensata de defender una España para todos, vertebrada y con  objetivos comunes? ¿Defiende España quien se coloca frente al sentimiento de varias partes de ella? En el PP creen que sí.  Y en todo caso, están pensando en otra cosa: aunque en Catalunya se obtuvieran malos resultados, la actitud del partido en este tema  acabaría por dar frutos en forma de más votos en otras comunidades. Al parecer, compensa.

Así que Rajoy se plantó en la campaña electoral haciendo uso de su mejor arma: los silencios. No acudió a los debates importantes, pero combinó esas ausencias, que en otro país hubieran sido intolerables, con  intervenciones en programas de radio y televisión de contenido ligero. Así apareció ante un sector de la opinión pública como un abuelete tierno y simpático. Este hombre, como Franco, era de fiar, porque no se metía en política. En cambio, sabía abrazar cojines y contar anécdotas. Qué majo.

 

El presidente incluso consiguió que en la campaña electoral casi no se hablase de la corrupción. Increíble. A pesar de que esta campaña de marketing ha salido muy bien, el Partido Popular experimentó el 20 de diciembre una espectacular bajada en votos y escaños de la que nadie se hace responsable. A juzgar por las declaraciones de sus dirigentes, parece como si hubieran votado al PP casi dieciocho millones de españoles, mientras que siete han escogido a otros partidos. Los resultados fueron justo los contrarios, pero eso es un pequeño detalle sin importancia. No podemos dejar que la realidad nos estropee una buena historia: se la hemos contado a los ciudadanos y muchos la han creído. El PP ha ganado las elecciones. Claramente. Esta es la historia. Todo lo que pase a partir de ahora y que se salga de ese guión, serán manejos antidemocráticos de los perdedores. Que quede claro.

¿Y ahora qué?

Las cifras de creación de empleo llevan meses dando muestras de agotamiento: el efecto vaivén, tan español, puede estar empezando a darse la vuelta. Ya no nos llegarán desde Europa nuevas bajadas de tipos de interés, ni un número aún mayor de turistas espantados por la inestabilidad de nuestros competidores árabes. Todo esto está ya al límite, en el mejor de los escenarios posibles para nosotros, así que solo puede empeorar. El desplome de China amenaza gravemente nuestro crecimiento.  Vienen nubarrones. La inflación en algún momento empezará a subir, y entonces los pensionistas comenzarán a quejarse por una pérdida brutal de poder adquisitivo que solo la bajada del precio del petróleo ha conseguido camuflar durante estos cuatro años. Y para colmo cualquier día los catalanes nos la lían parda definitivamente y proclaman algo peor que una declaración unilateral de independencia: la insumisión fiscal. Apañados estaremos, entonces.

¿Qué hará en esos momentos el PP si sigue en el gobierno? ¿Cómo podrá seguir vendiendo como méritos propios los resultados de la coyuntura, cuando el castillo de naipes se desmorone ante nuestros ojos?

Es un misterio, pero algo se les ocurrirá.

 

 

@josesalver

 

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