El Palestinian Center for Policy and Survey Research (PSR) publica su encuesta número 97, la primera realizada después de que se fijara la fecha de las elecciones legislativas palestinas y de que Hamás aceptara entregar sus armas en el marco del plan Trump. Los datos dibujan un electorado que castiga simultáneamente a Hamás y a la Autoridad Palestina, que sitúa a Marwan Barghouti como líder indiscutible de cualquier escenario presidencial y que, tras la devastación de Gaza, se inclina por primera vez en cuatro años más hacia la negociación que hacia la lucha armada.
En la Franja de Gaza las entrevistas se realizaron en las zonas al oeste, sur y norte de la llamada Línea Amarilla, sin presencia militar israelí. En las áreas bajo ocupación militar —Rafah y partes del norte de Gaza y Jan Yunis— el trabajo de campo se hizo en refugios.
Un calendario electoral inédito desde 2006
La encuesta se realiza en un momento de aceleración política extraordinaria. Por primera vez en veinte años existe una fecha concreta para unas elecciones legislativas palestinas, mientras el marco impuesto por el plan Trump avanza hacia su segunda fase y la Cisjordania ocupada vive la mayor escalada de violencia de colonos registrada hasta la fecha. Estos son los hitos que marcaron las semanas previas al trabajo de campo.
Presidenciales: Barghouti arrasa desde la cárcel
El escenario presidencial planteado por PSR enfrenta a Mahmud Abbas, al nuevo líder de Hamás Khalil al-Hayya y al preso de Fatah Marwan Barghouti. El resultado no admite matices: entre los votantes probables, Barghouti duplica a su inmediato competidor y multiplica por casi cuatro el apoyo del presidente en ejercicio.
Hace diez meses, con Jaled Mashal en lugar de al-Hayya, el reparto era 49% – 36% – 13%.
El voto de Barghouti se dispara hasta el 63% en Cisjordania, mientras al-Hayya alcanza el 38% en Gaza: una geografía del voto que reproduce con precisión el mapa del poder real de ambas formaciones. En la pregunta abierta sobre quién debería suceder a Abbas, Barghouti también encabeza con el 39%, seguido de al-Hayya (16%), Mohammed Dahlan (15%) y Mustafá Barghouti (6%), con un 25% que no sabe o prefiere a otra persona.
(82% Cisjordania · 74% Gaza)
frente a un 76% de rechazo
en las legislativas
Legislativas: Fatah adelanta a Hamás por primera vez
Con una participación estimada del 66% y todas las listas de 2006 concurriendo, Fatah recuperaría la primera posición. El dato relevante no es tanto el crecimiento de Fatah —modesto— como el desplome de Hamás y el volumen de electorado que sigue sin decidirse, especialmente en Cisjordania.
Hace diez meses: Hamás 44%, Fatah 30%, terceras fuerzas 10%, indecisos 16%.
Terceras fuerzas 10% · Indecisos 32%
Terceras fuerzas 27% · Indecisos 10%
La lectura es contraintuitiva: Hamás resiste mejor en la Franja arrasada por la guerra que en Cisjordania, donde pierde su condición de fuerza hegemónica de la protesta. Y el 32% de indecisos cisjordanos, muy superior al 10% de Gaza, sugiere un electorado desmovilizado más que reconvertido. Sobre la limpieza del proceso, el escepticismo es mayoritario: aunque el 49% cree que las elecciones se celebrarán en noviembre, dos tercios consideran que no serán libres ni justas —solo el 24% confía en ello en Cisjordania, frente al 39% en Gaza—. Además, dos tercios rechazan exigir a los candidatos la aceptación de los compromisos de la OLP, incluidos sus acuerdos con Israel.
El desgaste de Hamás: once puntos en diez meses
En identificación partidista general —la pregunta que mejor mide la adhesión estructural y no la coyuntura electoral— Hamás y Fatah quedan empatados en el 24%. Pero el empate se produce por caída de uno, no por crecimiento del otro.
La erosión es geográficamente asimétrica: Hamás baja 14 puntos en Cisjordania (del 32% al 18%) y 8 puntos en Gaza (del 41% al 33%). Fatah, entretanto, apenas se mueve: 23% en Cisjordania y 26% en la Franja. La consecuencia más significativa no beneficia a nadie: el 44% —frente al 31% de hace diez meses— sostiene que ni Hamás ni Fatah merecen representar y liderar al pueblo palestino. La confianza en la capacidad de Hamás para hacerlo cae del 41% al 28%, mientras la de Fatah bajo Abbas se estanca en el 21%.
Este es, probablemente, el hallazgo central de la encuesta: no hay trasvase de un bloque a otro, sino un vaciado simultáneo del sistema bipartidista palestino. Ni los congresos internos han alterado esa percepción. Un 33% considera que la VIII Conferencia de Fatah apenas cambió nada en su dirección y un 30% dice lo mismo de la elección de al-Hayya en Hamás; en ambos casos, más del 40% ni siquiera siguió el proceso.
La guerra de Gaza: nadie ganó
Uno de los cambios más bruscos respecto a octubre de 2025 afecta al relato de la victoria. La narrativa del triunfo de la resistencia se ha desmoronado.
Hace diez meses, el 39% creía que Hamás había vencido. En Cisjordania se ha pasado del 48% al 21%.
Ese derrumbe de la percepción de victoria no se traduce, sin embargo, en disposición a desarmarse. El 72% se opone a que Hamás entregue las armas antes de una retirada israelí completa (79% en Cisjordania, 62% en Gaza) y un porcentaje idéntico cree que el desarme provocaría la reanudación de la guerra sin retirada alguna. Más aún: el 53% piensa que, incluso desarmándose, Hamás seguiría siendo a la vez movimiento de resistencia armada y organización política.
La desconfianza se extiende a la arquitectura institucional del plan: solo el 24% confía en el Consejo de Paz (Board of Peace) y el 32% en el Comité Nacional para la Administración de Gaza. Curiosamente, si en noviembre se eligiera un nuevo gobierno palestino, solo el 28% preferiría que asumiera la administración de la Franja, frente al 32% que mantendría al Comité Nacional —opción que sube al 43% en Gaza— y un 34% que no prefiere ninguna de las dos. El apoyo a la creación de ese Comité era del 51% en Gaza y del 41% en Cisjordania hace diez meses.
Hutíes arriba, Trump abajo, España en cabeza
La valoración de los actores implicados en el conflicto revela una jerarquía muy nítida: puntúa quien se percibe como enfrentado a Israel, no quien tiene influencia diplomática efectiva.
Dos movimientos merecen atención. La satisfacción con Hamás cae del 60% al 42%, con un descenso especialmente acusado en Cisjordania (del 66% al 45%). Y España consolida el liderazgo entre los actores internacionales al pasar del 35% al 50%, un dato de interés directo para la política exterior de Madrid. Qatar, en cambio, retrocede de forma significativa, mientras Irán mejora y Trump permanece anclado en un simbólico 5%.
Situación interna: inseguridad, corrupción y una AP percibida como lastre
solo 23% seguro (17% CJ · 31% Gaza)
87% CJ · 77% Gaza
56% hace diez meses
58% CJ · 28% Gaza
La crisis del combustible en Cisjordania ofrece un indicador especialmente revelador de a quién atribuyen los ciudadanos la responsabilidad de sus problemas cotidianos: el 48% culpa a las agencias gubernamentales palestinas por su mala gestión, por delante de Israel (26%), los comerciantes y gasolineras (17%) y los propios conductores que acapararon carburante (4%). En un contexto de ocupación, que la administración propia reciba más reproches que la potencia ocupante mide la profundidad de la deslegitimación institucional.
No sorprende, en consecuencia, que el 51% respalde disolver la Autoridad Palestina, nueve puntos más que hace diez meses.
El giro hacia la negociación
Aquí está el dato que convierte esta encuesta en un documento relevante más allá de la coyuntura. Preguntados por la vía más eficaz para terminar con la ocupación y alcanzar un Estado independiente, los palestinos invierten la jerarquía que mantenían desde el inicio de la guerra.
Conviene no sobreinterpretar el giro. La sociedad palestina se divide en dos mitades exactas al valorar si la resistencia armada ha sido eficaz: el 50% suscribe que no ha protegido a los palestinos ni ha terminado con la ocupación, y que en cambio ha conducido a la destrucción de Gaza y de los campos de refugiados del norte de Cisjordania; el otro 50% lo rechaza. La fractura es geográfica y directamente proporcional al sufrimiento padecido: 65% en Gaza frente a 35% en Cisjordania. Quien ha vivido los bombardeos es quien concluye que no funcionaron.
Dos Estados: apoyo mayoritario solo cuando se concreta
La formulación de la pregunta lo cambia todo. Planteada en abstracto, la solución de los dos Estados obtiene un 44% de apoyo frente a un 50% de rechazo, prácticamente igual que hace diez meses. Pero cuando se presenta como una fórmula concreta basada en las fronteras de 1967 y compitiendo con otras alternativas, el respaldo asciende al 56% —61% en Gaza y 52% en Cisjordania—, nueve puntos más que en octubre de 2025.
El problema no es el deseo, sino la credibilidad. El 58% considera que la solución de dos Estados ya no es viable por la expansión de los asentamientos, y el 64% cree que las probabilidades de que exista un Estado palestino independiente en los próximos cinco años son bajas o inexistentes. En Cisjordania, el 87% teme perder sus tierras o su vivienda por la expansión de colonias y outposts.
Entre las medidas para romper el bloqueo, el ingreso en más organizaciones internacionales lidera con el 67%, seguido de la resistencia popular no violenta (54%), la disolución de la AP (51%), el retorno a los enfrentamientos y una intifada armada (36%, cinco puntos menos) y el abandono de los dos Estados en favor de un Estado único (33%, seis puntos más).
Tampoco esperan gran cosa de las urnas israelíes de octubre: ante una hipotética derrota de Netanyahu, el 34% cree que la política israelí no cambiaría, el 33% que empeoraría y solo el 28% que mejoraría.
La guerra entre Estados Unidos e Irán y las prioridades nacionales
En el conflicto que cerró el estrecho de Ormuz y provocó ataques contra bases estadounidenses en el Golfo, el 45% de los palestinos se posicionó con Irán, apenas un 12% en contra y un 40% con ninguna de las partes. Coherente con la jerarquía de satisfacciones anterior: el alineamiento no es ideológico ni confesional, sino funcional respecto al enfrentamiento con Israel y Washington.
La agenda nacional sigue siendo, por tanto, territorial y estatal: el Estado con capital en Jerusalén Este y el retorno suman siete de cada diez respuestas, mientras el proyecto islamista de sociedad y la agenda democrática quedan claramente relegados. Un dato que conviene tener presente al interpretar el declive de Hamás: lo que se erosiona es su credibilidad como instrumento, no la centralidad del objetivo nacional que dice representar.
Conclusión: pragmatismo sin confianza
La encuesta 97 de PSR describe una sociedad que ha extraído conclusiones amargas de la guerra pero que no encuentra a quién encomendárselas. Hamás pierde once puntos de identificación partidista, la mitad de su relato de victoria y dieciocho puntos de satisfacción con su gestión; Fatah no recoge nada de ese desgaste y su presidente acumula un 79% de peticiones de dimisión y un 18% de satisfacción. El 44% que afirma que ninguno de los dos merece liderar al pueblo palestino es la cifra que mejor resume el momento.
Sobre ese vacío se proyecta la figura de Marwan Barghouti, encarcelado y por ello ajeno a la gestión de los últimos veinte años, capaz de sumar el 54% en un escenario a tres y el 63% en Cisjordania. Es el clásico beneficiario de un desprestigio generalizado: representa a Fatah sin responder por Fatah.
El segundo hallazgo es más profundo. Por primera vez en cuatro años, la negociación (44%) supera con holgura a la lucha armada (27%) como vía preferida hacia el Estado, y la resistencia popular pacífica crece. No es un viraje pacifista: el 72% sigue oponiéndose a que Hamás se desarme antes de la retirada israelí, el 36% respalda una nueva intifada armada y la mitad del país defiende la eficacia de la resistencia. Es, más bien, un cálculo de costes hecho por quienes han pagado el precio: en Gaza, dos de cada tres reconocen que la lucha armada no protegió a nadie; en Cisjordania, solo uno de cada tres.
El resultado es un pragmatismo sin confianza: mayoría para el marco de 1967, giro hacia la vía diplomática y apoyo a la internacionalización del conflicto, pero al mismo tiempo un 58% que considera los dos Estados ya inviables, un 64% que no espera un Estado en cinco años, un 24% que confía en el Consejo de Paz y un 5% que valora a Trump. Los palestinos parecen haber decidido cómo quieren resolver el conflicto antes de encontrar a alguien —propio o ajeno— en quien confiar para hacerlo. Con legislativas convocadas para el 28 de noviembre y presidenciales previstas para principios de 2027, esa distancia entre preferencias y credibilidad será la variable decisiva.

























































































































































































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