El PP y Vox han cerrado este lunes, el mismo día en que vencía el plazo para registrar candidaturas, un acuerdo inédito para coordinar sus listas al Senado de cara a las elecciones generales del 29 de noviembre. No es una coalición: cada partido concurre con sus siglas, pero ambos se retiran o se limitan en 23 provincias para no repartirse el voto de la derecha en la Cámara Alta, que se elige con listas abiertas.
Tres fórmulas para 23 provincias
El pacto no aplica una receta única, sino tres modalidades en función de la fuerza de cada partido en cada circunscripción. En la mayoría de los casos Vox reduce su presencia a un solo candidato; en seis provincias renuncia a concurrir con siglas propias y en tres es el PP el que se aparta. Madrid queda fuera del acuerdo.
Vox no presenta candidatos propios y propone un independiente dentro de la lista del PP.
El PP mantiene sus tres aspirantes y Vox concurre con un único candidato.
Los populares se retiran y dejan el espacio de la derecha a los candidatos de Vox.
Provincia a provincia
El reparto dibuja un mapa con lógica territorial. La integración de Vox en las listas populares se concentra en los archipiélagos y en la franja mediterránea y gaditana; la candidatura única de Vox se extiende por Andalucía occidental y oriental, Extremadura, Aragón y el norte, y la retirada del PP se limita a tres provincias donde los populares tienen escaso margen para pelear un escaño.
La clave está en el sistema de voto limitado de la Cámara Alta. En las provincias peninsulares se eligen cuatro senadores, pero cada elector solo puede marcar hasta tres nombres, de cualquier partido. En la práctica, la candidatura más votada suele llevarse tres escaños y la segunda, uno. En Gran Canaria, Mallorca, Tenerife, Ceuta y Melilla se marcan hasta dos nombres, y en el resto de islas, solo uno.
Con dos partidos de la derecha compitiendo con tres candidatos cada uno, el voto conservador se dispersa y el bloque de izquierdas puede colarse en el reparto. Al reducir Vox su oferta a un único aspirante en 14 provincias, sus votantes quedan libres para dar las otras dos cruces al PP, y el PP puede asegurar sus tres escaños sin regalar el cuarto por fragmentación. En las islas, donde se marcan menos nombres y cada voto pesa más, la fórmula elegida es directamente la lista conjunta.
El acuerdo, en todo caso, es una recomendación y no un mandato: nada obliga al votante a seguir las combinaciones pactadas, y su eficacia dependerá de la disciplina del electorado de ambos partidos. Sobre la mesa está además la ambición declarada de Feijóo de alcanzar los tres quintos del Senado, la mayoría reforzada que exigen las reformas constitucionales, un objetivo para el que el PP necesitaría también a los senadores autonómicos de Vox. Que la estrategia funcione solo podrá comprobarse en el escrutinio del 29N.





















































































































































































































































































































































































































































































































































































































