Apenas dos años después de devolver al laborismo a Downing Street con una mayoría histórica, Keir Starmer pone fin a su etapa al frente del Partido Laborista británico. El primer ministro anuncia este lunes una salida ordenada del número 10, acorralado por una rebelión interna que se ha precipitado tras la victoria de Andy Burnham en la elección parcial de Makerfield. El relevo abre un proceso de liderazgo cuyo gran favorito es ya el alcalde saliente del Gran Mánchester.
Una dimisión forzada por la rebelión interna
Starmer comparece este lunes [CORCHETES: confirmar hora y lugar — previsiblemente Downing Street] para anunciar el calendario de su salida. La decisión, anticipada el fin de semana por The Observer y la BBC, llega tras semanas de consultas con miembros del gabinete y dirigentes sindicales, y después de que más de 80 diputados laboristas reclamaran abiertamente su marcha. Esa cifra es decisiva: el reglamento del partido exige el respaldo de una quinta parte del grupo parlamentario —81 diputados— para forzar una contienda interna por el liderazgo.
El detonante inmediato ha sido la elección parcial de Makerfield del pasado 18 de junio, convocada específicamente para devolver a Burnham a Westminster tras la renuncia del diputado starmerita Josh Simons. El alcalde de Mánchester no solo ganó: elevó casi diez puntos la cuota laborista respecto a 2024 en un distrito donde Reform UK aspiraba a dar la campanada y donde los conservadores no aparecían en el mapa.
Los aliados de Burnham movieron ficha esa misma madrugada: el alcalde, que durante la campaña evitó mencionar su candidatura al liderazgo, lanzó en el discurso de victoria un mensaje inequívoco a su propio partido —«esta es la última oportunidad de cambiar»— mientras Lisa Nandy, secretaria de Cultura, reclamaba públicamente devolverlo a la primera línea. Una encuesta de Ipsos publicada esa misma semana ya situaba a Burnham como primer ministro preferido por el 25 % de los británicos, frente a apenas un 12 % para Starmer.
Starmer: del rescate del laborismo a la implosión exprés
Keir Starmer asumió el liderazgo laborista en abril de 2020, en plena pandemia y tras la peor derrota electoral del partido desde 1935 bajo Jeremy Corbyn. Su misión declarada fue desactivar el corbynismo, recuperar la credibilidad económica y reconstruir el llamado «muro rojo». Cuatro años después, el 4 de julio de 2024, lo conseguía: 411 escaños, mayoría absoluta y el final de catorce años de gobierno conservador.
El idilio duró poco. La promesa estrella de crecimiento, crecimiento, crecimiento chocó contra una economía estancada, una inflación persistente y un programa fiscal —la fiscal rule de Rachel Reeves— que obligó a recortes impopulares en pagas energéticas a pensionistas y en prestaciones por discapacidad. La migración irregular en el Canal de la Mancha, lejos de remitir, marcó récords. Y Reform UK, el partido de Nigel Farage, se instaló como primera fuerza en intención de voto nacional de forma sostenida desde finales de 2025.
El golpe definitivo a la autoridad de Starmer llegó en dos tiempos. Primero, las elecciones locales de mayo de 2026: el laborismo perdió más de 1.100 concejales y Reform UK arrasó con más de 1.450, capturando ayuntamientos enteros en el norte de Inglaterra y en el cinturón industrial. Segundo, el escándalo de Peter Mandelson: el ex Príncipe de las Tinieblas del blairismo, nombrado por Starmer embajador en Washington, fue cesado en septiembre tras revelarse la profundidad de sus vínculos personales con el pederasta convicto Jeffrey Epstein. La dimisión en mayo del entonces secretario de Sanidad, Wes Streeting —con la lapidaria frase «donde necesitamos visión, tenemos un vacío»— marcó el principio del fin.
Burnham, el outsider que llevaba 25 años dentro
Andy Burnham, de 56 años, no es un recién llegado. Diputado por Leigh entre 2001 y 2017, fue secretario de Sanidad con Gordon Brown, perdió la primaria laborista de 2010 frente a Ed Miliband y la de 2015 frente a Jeremy Corbyn. Tras esa segunda derrota, se replegó a Mánchester: en 2017 ganó la alcaldía metropolitana y la ha revalidado en 2021 y 2024 con porcentajes abrumadores, construyendo lo que él denomina «manchesterismo», una mezcla de pragmatismo municipal, inversión en transporte público (la red Bee Network) y discurso antielitista frente a Westminster.
En el laborismo bromean desde hace años con su capacidad camaleónica —«entran un blairista, un brownita y un corbynista en un pub: el camarero pregunta, ¿qué vas a tomar, Andy?»—, pero esa misma flexibilidad es la que le permite hoy presentarse como la única figura capaz de retener voto a Reform UK por la izquierda. En la campaña de Makerfield templó sus posiciones más rupturistas: matizó su crítica a las reglas fiscales, suavizó su antigua propuesta de reingreso en la UE y se acercó a la línea dura de la ministra del Interior Shabana Mahmood sobre el estatuto del refugiado.
Qué viene ahora
Starmer es el sexto primer ministro británico que abandona el cargo en lo que va de década. Su anuncio de hoy abre formalmente la sucesión, que el reglamento laborista resolverá mediante un proceso a dos vueltas: cribado por el grupo parlamentario y votación final entre afiliados. Burnham parte como gran favorito, pero ya hay nombres confirmados o sondeando el terreno: el citado Wes Streeting, la ex viceprimera ministra Angela Rayner y el secretario de Medio Ambiente Ed Miliband.
Existe incluso la posibilidad de una coronation sin contienda si los aspirantes alternativos consideran inalcanzable la ventaja de Burnham, lo que precipitaría su llegada a Downing Street en semanas. El sistema parlamentario británico permite el cambio de primer ministro sin elecciones generales: una circunstancia que el propio Starmer denunció como «mala para el país» cuando los conservadores encadenaron tres relevos entre 2022 y 2024, y de la que ahora es él la víctima.
El alcalde de Mánchester, además, queda automáticamente desinvestido del cargo metropolitano al jurar como diputado, lo que abre elecciones a la alcaldía del Gran Mánchester [CORCHETES: confirmar fecha de convocatoria] en las que Reform UK y los Verdes ven una oportunidad real de arrebatar al laborismo uno de sus bastiones simbólicos. La interinidad recae en el vicealcalde Paul Dennett.
Una nota final, no menor: la confirmación oficial de la marcha de Starmer llega menos de 24 horas después de que Donald Trump anunciara la dimisión del primer ministro británico en un post en Truth Social, antes de que el propio Starmer hablara. Downing Street negó cualquier contacto previo. Para muchos en Westminster, esa intromisión —y la incapacidad de Londres para contrarrestarla— resume el tamaño del problema que la era Starmer no logró resolver.
El final de un ciclo
Starmer deja Downing Street tras menos de dos años en el cargo, sin culminar la legislatura que ganó con holgura. Hereda Burnham —o quien resulte elegido— un partido todavía en el gobierno, pero con la amenaza Reform UK en cabeza de los sondeos nacionales, un Tesoro sin margen fiscal y un electorado del «muro rojo» que en mayo se fue masivamente a Farage. La nueva dirección laborista no tendrá luna de miel: tiene, como advirtió Burnham la noche de Makerfield, «una última oportunidad».

























































































































































































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