Nuestro analista de datos y demoscopia participa, junto al politólogo Pablo Simón, en una entrevista de Esquire sobre las elecciones del 29 de noviembre, el impacto real que tendría rebajar la edad de voto y la reforma de la ley electoral.
Rodrigo Panero, analista de datos y especialista en demoscopia de Electomanía y MIDAT 1, ha participado en una entrevista publicada por Esquire España junto a Pablo Simón, profesor titular de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid. La pieza, firmada por Jorge Coscarón, analiza el adelanto de las elecciones generales al 29 de noviembre y plantea un escenario poco habitual: qué pasaría si en España se pudiera votar a partir de los 16 años.
Sánchez, ¿«perder lo menos posible»?
Sobre el adelanto electoral, Panero ofrece una lectura que él mismo califica de personal: Pedro Sánchez no habría convocado para quedar como primera fuerza, sino para perder lo menos posible. Recuerda que en MIDAT 1 ya se veía el adelanto como un escenario bastante probable antes de la votación del 2 de octubre.
Apunta además una lógica de partido que, a su juicio, se subestima: para el PSOE, quedarse en torno a los cien escaños marcaría la frontera entre una derrota ordenada y una crisis interna. Todo ello, matiza, es una hipótesis y no un hecho.
Voto a los 16: un efecto menor del que se cree
El grueso de la entrevista gira en torno al voto a los 16 años. Panero defiende una posición matizada. Reconoce argumentos serios a favor: a esa edad ya se puede trabajar y cotizar; el Parlamento Europeo recomendó en 2022 rebajar la edad de voto para las elecciones europeas; y los estudios sobre Austria, que lo aplica desde 2007, muestran que los jóvenes de 16 y 17 años votan más que quienes lo hacen por primera vez entre los 18 y los 20. También considera razonable la tesis de que votar pronto crea hábito, aunque subraya que la evidencia empírica sigue siendo mixta.
Sobre el impacto electoral, los datos que aporta son estos:
- Según el INE, había 1,09 millones de residentes de 16 y 17 años a 1 de enero de 2025.
- Entre 0,9 y 1,0 millones tendrían nacionalidad española (estimación propia, no cifra oficial).
- Eso supone en torno al 2,5 % del censo del 23J de 2023 (37.466.432 electores), como orden de magnitud. Su peso en votos efectivos sería algo menor.
- Con circunscripciones provinciales y regla D’Hondt, el efecto sobre el reparto de escaños sería, en su opinión, marginal y difícil de atribuir a un partido concreto.
Panero también advierte de que el voto joven no es homogéneo. Diversas encuestas sitúan a Vox y Podemos en cabeza entre los más jóvenes, con el PP rezagado en esa franja y una brecha de género notable en el voto a Vox. Esos datos, precisa, se refieren a los de 18 a 24 años: no existen datos específicos de los de 16 y 17.
¿Es viable legalmente?
Según Panero, es factible pero no sencillo, y hay una controversia jurídica abierta. El artículo 2 de la LOREG reconoce el sufragio a los «mayores de edad», y el artículo 12 de la Constitución fija la mayoría de edad en los 18 años, aunque el artículo 23 no establece una edad mínima para votar. Bajar la edad exigiría una ley orgánica, con mayoría absoluta del Congreso (176 de 350 diputados). Para el Gobierno entrante, señala, la dificultad sería «más aritmética que técnica».
Como referencias internacionales, cita a Malta, que lo hizo en 2018 reformando su Constitución, y al Reino Unido, cuyo proyecto de ley ha pasado los Comunes (411 votos contra 102, el 2 de septiembre) y se tramita ahora en los Lores.
Un enfoque gradual y consensuado
Su propuesta es probarlo primero en elecciones municipales o autonómicas, como han hecho Escocia, Gales o algunos Länder alemanes. Debería ir acompañado de educación cívica en los centros y de una evaluación de la participación real antes de extenderlo a las generales. Y, sobre todo, defiende buscar un consenso amplio: una reforma del sistema de voto aprobada por una mayoría estrecha, advierte, nace con un déficit de legitimidad.
«El debate no debería resolverse a golpe de conveniencia electoral».
Y la ley electoral
Preguntado por qué más cambiaría de la ley electoral, Panero plantea dos ideas, ambas discutibles: más transparencia en la selección de candidatos, con listas más abiertas o desbloqueadas, y un debate sereno sobre el efecto de las circunscripciones pequeñas y el prorrateo de escaños. Cualquier reforma de este calado, concluye, debería hacerse con un amplio acuerdo parlamentario y lejos de la coyuntura electoral inmediata.
📖 Lee la entrevista completa en Esquire.





















































































































































































































































































































































































































































































































































































































