La CDU ha perdido esta noche más de la mitad de sus votos en Sajonia-Anhalt y firma el peor resultado de su historia en el Land. No es un accidente aislado: en dos semanas vuelve a votarse en Mecklemburgo-Antepomerania, donde los sondeos la dejan en un mínimo histórico, y en Berlín, donde gana sin llegar al 22%. Mientras tanto, en el plano federal, la Unión lleva meses por detrás de la AfD y Friedrich Merz acumula los peores registros de aprobación de un canciller recién estrenado en décadas.

Dieciocho puntos y medio evaporados
La CDU pierde más de la mitad de sus votos y firma su peor resultado en la historia del Land.
El dato de Sajonia-Anhalt no admite lectura amable. La CDU pasa del 37,1% con el que Reiner Haseloff ganó en 2021 al 18,5% de esta noche: pierde más de la mitad de su electorado en un solo ciclo y se queda a veintiséis puntos de la AfD en un territorio que había gobernado sin interrupción desde 2002. Sven Schulze, que solo lleva en el cargo desde enero, hereda el desgaste de quince años de Haseloff sin haber tenido tiempo de construir un perfil propio.
Lo relevante para Berlín no es la magnitud de la derrota, sino su dirección. Los votos que la CDU pierde no van a sus socios de coalición ni a la izquierda: van íntegros a la AfD, que suma casi exactamente lo que los democristianos ceden. Es el patrón que la Unión lleva tres años intentando romper con un giro discursivo en inmigración y seguridad que, a la vista de los resultados, no ha funcionado donde más falta le hacía.
El espejismo de marzo
Conviene ser preciso, porque la CDU no ha perdido en todas partes. En las dos elecciones occidentales de este año le fue razonablemente bien: en Renania-Palatinado ganó con el 31,0% y arrebató al SPD un Land que los socialdemócratas dirigían desde hacía treinta y cinco años. En Baden-Wurtemberg subió 5,6 puntos hasta el 29,7% y aun así perdió la elección frente a los Verdes por medio punto y algo más de 27.000 votos, un desenlace que en Stuttgart se vivió como una derrota pese a la mejora.
La CDU en las cinco citas de 2026
Resultados oficiales en gris oscuro; en gris claro, la media de sondeos previa a las dos votaciones del 20 de septiembre.
El gráfico explica el problema mejor que cualquier declaración: la CDU de 2026 obtiene en el Oeste resultados normales y en el Este resultados de partido marginal. Y hay una advertencia dentro de la buena noticia occidental, porque en Baden-Wurtemberg la AfD casi dobló su resultado hasta el 18,8% y la FDP se quedó fuera del Landtag por primera vez desde 1952. El sistema de partidos se está reordenando también donde la Unión crece.
Un canciller en mínimos y una Unión por detrás de la AfD
El telón de fondo federal es peor que cualquiera de los resultados regionales. El trendbarometer de RTL y ntv que publicó Forsa a mediados de agosto situaba a la AfD en el 28% frente al 21% de la Unión: siete puntos de desventaja para el partido del canciller a solo un año y medio de haber ganado las elecciones federales.
Los datos de valoración son aún más duros. En esa misma encuesta solo un 13% de los alemanes se declaraba satisfecho con el trabajo de Merz y un 85% insatisfecho, con la crítica extendida incluso entre los votantes de la CDU y la CSU. Un sondeo de INSA de julio había medido un 18% de satisfacción y una cifra que explica por sí sola lo ocurrido esta noche: en el Este, el 79% se declaraba insatisfecho con el canciller y el 80% con su Gobierno. Tres de cada cuatro alemanes desaprueban a la coalición negrirroja, y entre ellos hay mayoría de votantes de los dos partidos que la forman.
La coalición con el SPD prometió gobernar sin ruido y ha pasado su primer año en disputas públicas. Ha empezado a sacar reformas adelante, pero ninguna se ha traducido todavía en una mejora de expectativas, y el pronóstico de los propios demoscopios es que el desgaste no ha tocado fondo.
Las dos citas del 20 de septiembre
El calendario no le da respiro. En dos semanas se vota en Mecklemburgo-Antepomerania y en Berlín el mismo día, y en ninguno de los dos sitios se espera una noche cómoda.
En Mecklemburgo la CDU aparece en los sondeos entre el 8% y el 10%, cuarta fuerza por detrás de la AfD, del SPD de Manuela Schwesig y de Die Linke, y camino de su peor resultado histórico en el Land, donde en 2021 sacó el 13,3%. En Berlín la fotografía es distinta pero tampoco luce: las últimas mediciones la sitúan primera con alrededor del 21%, un liderazgo tan estrecho que la principal conclusión periodística es que la ciudad resultaría difícilmente gobernable.
Después de septiembre, el calendario electoral alemán se vacía hasta 2027, cuando vuelven a votar Länder occidentales, entre ellos Renania del Norte-Westfalia, el más poblado del país y feudo tradicional en disputa entre CDU y SPD. Es el margen que tiene Merz para revertir la tendencia antes de que las derrotas empiecen a contarse donde la Unión sí tiene mucho que perder.
La trampa de los dos vetos
Con el veto a la AfD y el veto a Die Linke, la CDU se queda sin ninguna mayoría posible en el Este.
El resultado de Sajonia-Anhalt plantea a la CDU un problema que ya no es de imagen sino de aritmética. La dirección federal mantiene el veto a cualquier cooperación con la AfD y sostiene además, por acuerdo interno, el veto a pactar con Die Linke. En Magdeburgo esos dos vetos simultáneos dejan a los democristianos sin ninguna combinación viable: la única mayoría alternativa a la AfD pasa precisamente por Die Linke, y en algunos escenarios también por el BSW.
En Mecklemburgo se repetirá el dilema en otra versión: con la CDU en el 9%, su exclusión de la izquierda la deja fuera de cualquier gobierno posible. Cuanto más crece la AfD en el Este, menos sirve el cortafuegos como estrategia y más se parece a una renuncia a gobernar. Alice Weidel lleva semanas repitiendo que ya no se podrá gobernar pasando por encima de su partido, y cada noche electoral como esta le añade argumentos.
Ahí está el verdadero riesgo para Merz. La presión para revisar el cortafuegos no vendrá de sus adversarios sino de sus propias federaciones orientales, que llevan tres ciclos viendo cómo el veto las condena a la irrelevancia parlamentaria. Y cualquier movimiento en esa dirección haría saltar por los aires la coalición con el SPD, que es lo único que sostiene su cancillería.
Conclusión: tres años y ninguna palanca
Ninguna de estas derrotas obliga a Merz a nada. No hay elecciones federales hasta 2029, la CDU no tiene un aspirante alternativo con perfil de canciller y el SPD está demasiado débil como para forzar una crisis de gobierno. Puede terminar la legislatura sin sobresaltos formales.
Lo que sí pierde es autoridad. Un canciller con un 13% de aprobación, siete puntos por detrás de la ultraderecha y con sus federaciones orientales reducidas a un dígito tiene muy poco margen para imponer decisiones incómodas a su propio partido, y menos aún para pedirle paciencia. Sajonia-Anhalt no ha cambiado el reparto del poder en Berlín, pero ha puesto una fecha en el calendario mental de toda la CDU: si el 20 de septiembre se repite el guión, la discusión dejará de ser sobre el Este.





















































































































































































































































































































































































































































































































































































































