El terremoto electoral de Sajonia-Anhalt empieza a tener consecuencias que van más allá del resultado de las urnas. El Bündnis Sahra Wagenknecht (BSW), formación surgida de una escisión de Die Linke, ha dejado claro que no participará en el tradicional cordón sanitario alemán frente a Alternativa para Alemania (AfD) y se muestra dispuesto a negociar acuerdos con el partido ganador de las elecciones regionales.
«Para nosotros no existe ningún cordón sanitario. Hablaremos con todos los partidos», afirmó el nuevo jefe del grupo parlamentario del BSW en Sajonia-Anhalt, Thomas Schulze. La formación llegó incluso a felicitar públicamente a AfD y a su candidato, Ulrich Siegmund, por una victoria que llevó al partido por encima del 40% de los votos.
El movimiento resulta especialmente relevante porque AfD obtuvo 39 de los 83 diputados del nuevo Landtag, quedándose a solo tres escaños de la mayoría absoluta. El BSW, con cinco representantes tras conseguir el 5,3% de los votos, se encuentra así en una posición potencialmente decisiva. AfD y BSW sumarían conjuntamente una mayoría parlamentaria holgada.
Inmigración y energía: los puntos de encuentro
Pese a encontrarse en extremos diferentes del eje tradicional izquierda-derecha, AfD y BSW mantienen coincidencias importantes en algunos de los asuntos que han marcado la campaña.
Una de ellas es la inmigración. El BSW de Sahra Wagenknecht lleva tiempo reclamando una política migratoria considerablemente más restrictiva que la defendida por buena parte de la izquierda alemana. La formación rechaza lo que considera una política migratoria excesivamente permisiva y defiende mayores controles y limitaciones a la inmigración irregular.
Reuters señala precisamente la oposición a la inmigración masiva como uno de los puntos que acercan al BSW y AfD, junto con sus posiciones críticas hacia las élites políticas tradicionales, el apoyo militar a Ucrania y la política seguida durante los últimos años hacia Rusia.
Otro terreno donde el BSW reconoce explícitamente posibilidades de cooperación es la energía. La copresidenta federal del partido, Amira Mohamed Ali, ha señalado que su formación pretende impulsar desde Sajonia-Anhalt una iniciativa en el Bundesrat para conseguir energía más barata y que está dispuesta a buscar mayorías parlamentarias más allá de las fronteras entre partidos.
Esta cuestión conecta también con otra de las posiciones históricas de Wagenknecht: su rechazo a buena parte de la política de sanciones contra Rusia y su defensa de recuperar unas relaciones económicas que permitan reducir los costes energéticos de Alemania.
Cooperación sí; coalición, de momento no
La apertura del BSW tiene, sin embargo, límites importantes. Hablar de una coalición AfD-BSW como un acuerdo ya asumido sería prematuro.
Sahra Wagenknecht ha reiterado que está dispuesta a hacer política «con cualquiera» que permita sacar adelante los cambios que defiende su formación, pero simultáneamente ha subrayado que existen numerosas propuestas del programa de AfD que el BSW no comparte.
La dirección del partido mantiene descartada por ahora una coalición formal con AfD. Lo que ya no excluye es una cooperación parlamentaria puntual e incluso la posibilidad de tolerar desde fuera un Ejecutivo minoritario. Este último escenario podría convertir al pequeño grupo parlamentario del BSW en árbitro permanente de la legislatura.
Wagenknecht plantea además una tercera fórmula: elegir un ministro-presidente independiente o «suprapartidista» que pudiera gobernar buscando mayorías variables en el Landtag. Su invitación a negociar esta solución incluye expresamente a AfD.
La propuesta, sin embargo, choca con los planes de los vencedores. AfD considera que su resultado electoral le concede el derecho a encabezar el Ejecutivo y Ulrich Siegmund aspira personalmente a convertirse en ministro-presidente.
Lo verdaderamente novedoso, por tanto, no es todavía la formación de un gobierno AfD-BSW, sino la desaparición de una frontera política que hasta ahora parecía mucho más sólida.
Mientras CDU, SPD, Verdes y Die Linke mantienen su rechazo a colaborar con AfD, el BSW sostiene que excluir automáticamente al partido ganador de cualquier negociación resulta equivocado. Schulze ha llegado a cuestionar la lógica del cordón sanitario y defiende discutir las propuestas individualmente.
Sajonia-Anhalt podría convertirse así en el primer gran laboratorio de una nueva relación entre AfD y el resto del sistema político alemán: no necesariamente mediante una coalición tradicional, sino a través de acuerdos parlamentarios, abstenciones y mayorías variables.
Después del histórico resultado electoral de AfD, la gran incógnita ya no es únicamente quién gobernará Sajonia-Anhalt. También es si la apertura del BSW supone el comienzo del fin de la Brandmauer que durante años ha impedido a AfD transformar sus victorias electorales en poder ejecutivo.





















































































































































































































































































































































































































































































































































































































