Cataluña es el único territorio de Europa que convierte en fiesta nacional el aniversario de una derrota militar. Este 11 de septiembre se cumplen 312 años de la capitulación de Barcelona ante las tropas borbónicas y medio siglo de la primera Diada celebrada legalmente tras el franquismo. Es también la tercera Diada con Salvador Illa en el Palau de la Generalitat y la primera en la que el independentismo llega dividido por un actor que hace cuatro años no existía en los mapas. Repasamos el país en cifras: sus hitos, sus curiosidades y las dos curvas que explican su política.
1714: por qué una derrota es la fiesta nacional
El 11 de septiembre de 1714, tras catorce meses de asedio, Barcelona capituló ante el ejército borbónico de Felipe V en el tramo final de la Guerra de Sucesión española. No fue una guerra entre Cataluña y España, sino un conflicto dinástico europeo en el que las instituciones catalanas apostaron por el archiduque Carlos de Austria y perdieron. La consecuencia llegó dos años después: los Decretos de Nueva Planta de 1716 abolieron las Cortes catalanas, el Consell de Cent y la Generalitat, y sustituyeron el derecho público propio por el castellano.
El conseller en cap Rafael Casanova, herido aquel día defendiendo la ciudad, se convirtió un siglo y medio después —ya en plena Renaixença— en el símbolo de la jornada. Su monumento, en la ronda de Sant Pere de Barcelona, sigue siendo el epicentro de la ofrenda floral institucional de cada 11 de septiembre. Y el detalle que mejor resume la relación de Cataluña con esa fecha: la manifestación independentista de este 2026 arranca, como es ya tradición, a las 17:14 horas.
La Diada como celebración pública es mucho más reciente de lo que parece. Prohibida durante la dictadura, se recuperó oficialmente en 1976 con una concentración en Sant Boi de Llobregat, donde está enterrado Casanova. De ahí que el acto institucional de este año, en el Teatre Nacional de Catalunya, gire en torno al 50º aniversario de aquella primera Diada legal. Solo un año después, en 1977, más de un millón de personas salieron a la calle bajo el lema «Llibertat, amnistia i Estatut d’Autonomia»: la mayor manifestación de la Transición española.
Doce hitos para entender ocho siglos
La historia institucional catalana es una de las más antiguas de Europa occidental, y buena parte del relato político contemporáneo bebe de ella. Estos son los puntos de referencia que más se citan —y a veces se discuten— en cualquier debate sobre el autogobierno.
Cataluña en cifras curiosas
Con 8,2 millones de habitantes, Cataluña es la segunda comunidad más poblada de España y la segunda en PIB, con el 19% del total estatal. Su peso demográfico —el 16,5%— es menor que su peso económico, y ahí está el origen de buena parte del debate fiscal de las dos últimas décadas.
Algunas rarezas que rara vez aparecen en los titulares. Cataluña es la única comunidad autónoma con tres lenguas oficiales: el aranés, variedad del occitano hablada por unos pocos miles de personas en el Val d’Aran, es oficial en todo el territorio desde 2010. El catalán, por su parte, se habla en cuatro Estados —España, Francia, Andorra e Italia, en la ciudad sarda de L’Alguer—, pero solo en uno de ellos es la única lengua oficial: Andorra. Y los castells, esas torres humanas que parecen un deporte local, son Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2010.
La demografía es, seguramente, el dato más político de todos. Cataluña ha ganado dos millones de habitantes desde que Pujol lanzó en 1987 la campaña del «Som sis milions», y ese crecimiento es casi íntegramente migratorio: la población nacida en el extranjero se ha triplicado en veinte años. El efecto sobre la lengua es medible. Según la última Encuesta de Usos Lingüísticos, el catalán es la lengua habitual del 32,6% de la población, frente al 36,1% de cinco años antes, aunque en números absolutos el catalán ganó más de 117.000 hablantes frecuentes en ese mismo periodo. Las dos lecturas son ciertas a la vez, y cada bloque político utiliza la que le conviene.
La evolución política: cuatro ciclos, catorce elecciones
Desde 1980, Cataluña ha votado catorce veces para elegir Parlament. Y esas catorce citas se dejan agrupar con bastante limpieza en cuatro ciclos, cada uno con su propia lógica de bloques.
El pujolismo (1980-2003). CiU ganó seis elecciones consecutivas y gobernó veintitrés años, la etapa más larga de cualquier presidente autonómico en España. El ciclo dejó una anomalía electoral que todavía se cita: en 1999, el PSC de Pasqual Maragall fue la lista más votada en sufragios, pero CiU obtuvo más escaños gracias a un sistema —heredado de una disposición transitoria del Estatut de 1979 que sigue vigente cuatro décadas después— que sobrerrepresenta a Lleida y Girona frente a Barcelona. Cataluña es, de hecho, la única comunidad que nunca ha aprobado su propia ley electoral.
El tripartit (2003-2010). PSC, ERC e ICV desalojaron a CiU sin ganar las elecciones, con Maragall primero y José Montilla después. Su gran proyecto, el Estatut de 2006, se aprobó en referéndum con un 73,9% de síes pero solo un 48,8% de participación. La sentencia del Tribunal Constitucional de 2010, que recortó catorce artículos cuatro años después de haber sido votado en las urnas, funciona en casi todos los análisis como el detonante del ciclo siguiente.
El procés (2010-2024). Artur Mas convirtió el pacto fiscal fallido de 2012 en elecciones anticipadas, y a partir de ahí la política catalana se organizó en un eje único. Consulta del 9-N en 2014, elecciones «plebiscitarias» en 2015, referéndum del 1-O y aplicación del artículo 155 en 2017, Puigdemont en Bruselas, Quim Torra, Pere Aragonès, indultos en 2021 y ley de amnistía en 2024. En las elecciones de 2017, con el 155 en vigor, la participación alcanzó el 79,1%, récord absoluto de la democracia catalana; cuatro años después, en plena pandemia, se hundió al 51,3%.
La etapa Illa (2024-). En mayo de 2024 el PSC ganó por primera vez unas autonómicas catalanas en escaños, y el independentismo perdió la mayoría absoluta del Parlament por primera vez desde 2012. Illa fue investido en agosto de aquel año con los votos de ERC y Comuns, a cambio de un modelo de financiación singular que sigue sin cerrarse. Estos fueron los resultados de aquella noche:
PSC27,9%
Junts21,6%
ERC13,7%
PP11,0%
Vox7,9%
Comuns5,8%
CUP4,1%
Aliança3,8%Quién es quién en el Parlament
Ganó en 2024 con 42 escaños y el 27,9%, su mejor resultado autonómico. Salvador Illa gobierna en minoría con apoyo puntual de ERC y Comuns. Los sondeos lo mantienen primero, pero con pérdidas.
El partido más antiguo en activo de Cataluña (1931) cayó a 20 escaños en 2024, la mitad que tres años antes. Facilitó la investidura de Illa y los últimos barómetros lo devuelven a la segunda posición.
Heredero de la antigua Convergència, sumó 35 escaños en 2024 con Carles Puigdemont todavía en el exilio. El CEO de julio lo sitúa en 16-18, una pérdida de hasta la mitad de su grupo.
Entró en 2024 con 2 escaños desde la alcaldía de Ripoll. El primer barómetro de 2026 le da un 15% y hasta 25 diputados: tercera fuerza y primera del independentismo en algunos sondeos.
Pasó de 3 a 15 escaños en 2024 absorbiendo la práctica totalidad del voto de Ciudadanos, que desapareció del Parlament tras haber ganado las elecciones de 2017.
Con 11 escaños, es el partido al que más daño le hace la irrupción de Orriols: más del 20% de sus votantes de 2024 se marcharían hoy con Aliança Catalana, según el CEO.
Los 6 escaños del espacio que gobernó Barcelona con Ada Colau completan la mayoría de investidura de Illa. Los sondeos los dejan en 4-5.
Llegó a tener 10 diputados en 2015 y a decidir quién presidía la Generalitat. Hoy es el grupo más pequeño, aunque el 94% de sus votantes sigue siendo partidario de la independencia.
El eje independentista: la curva que no coincide con los escaños
El independentismo es, probablemente, el fenómeno político español mejor medido de las últimas dos décadas: el Centre d’Estudis d’Opinió pregunta por él desde 2011 con la misma formulación. Y esa serie permite ver algo que la aritmética parlamentaria oculta: el apoyo social a la secesión y la fuerza parlamentaria del independentismo no se mueven a la vez.
La lectura es nítida. El «Sí» tocó techo en octubre de 2017, el mes del referéndum, sin llegar nunca a ser mayoritario: 49% frente al 43% del «No». Después llegó una travesía descendente que terminó en el 40% de noviembre de 2024, con el independentismo ya fuera del Govern. Y el primer barómetro de 2026 marca un repunte hasta el 45%, el mejor registro desde antes de la pandemia, aunque el rechazo sigue ocho puntos por delante.
Cuando la pregunta se plantea en términos de encaje territorial y no de sí o no, el retrato cambia de textura: un 36% prefiere un Estado independiente —que vuelve a ser la primera opción por delante de la comunidad autónoma—, un 22% un Estado dentro de una España federal y un 7% una simple región. Por partidos, el independentismo es casi unánime entre los votantes de Junts (95%) y la CUP (94%), amplio en ERC (73%) y minoritario en PP y Vox, por debajo del 20%. El dato más contraintuitivo: más de un 13% de los votantes de Vox en Cataluña se declara partidario de un Estado independiente.
Ese desacople se ve mejor con la serie de voto del bloque independentista en las cinco elecciones del ciclo. Nótese el detalle que tanto se citó en 2021: fue la única vez en que las listas independentistas superaron juntas el 50% de los votos, y sin embargo fue también el año de la participación más baja.
El eje se parte: la irrupción de Aliança Catalana
Si el procés organizó la política catalana en un único eje —independencia sí o no—, lo que está ocurriendo ahora es la aparición de un segundo eje que lo cruza. Aliança Catalana, que gobierna Ripoll desde 2023 y entró en el Parlament con dos diputados en 2024, combina independentismo con un discurso frontal contra la inmigración, y esa combinación rompe los bloques clásicos por los dos lados.
Los datos del primer barómetro del CEO de 2026 son los de un fenómeno excepcional: la formación de Sílvia Orriols supera por primera vez el 15% y se acerca a los 25 escaños, adelantando a Junts y disputando la segunda plaza a ERC. Y lo hace bebiendo de dos fuentes que hasta ahora no se mezclaban: más del 20% de los votantes de Vox de 2024 y una fuga masiva desde las filas de Puigdemont. Los sondeos de verano apuntan además a una geografía muy marcada, con Lleida y Girona como campo de batalla y una intención directa de voto que en las comarcas leridanas llega a superar el 35%.
El efecto sobre la Diada es visible en la calle. La manifestación unitaria de este 2026, convocada por la ANC, Òmnium, el Consell de la República y otras entidades bajo el lema «Hi soc. Hi som. Pel present i pel futur: independència», vuelve a ser descentralizada —Barcelona, Girona y Amposta—, una fórmula que evita la comparación directa con las mareas de 2012 y 2014. El nuevo presidente de la ANC, Josep Vila, ha pedido recuperar la movilización de los mejores años del procés. La pregunta que sobrevuela la jornada es otra: si el independentismo social se recompone o simplemente cambia de manos.
Una Diada de números cruzados
Cataluña llega a este 11 de septiembre con un cuadro de cifras que se contradicen entre sí, y ahí está la gracia del análisis. La economía crece por encima de la media española y el país suma población a un ritmo que no se veía desde los años sesenta, pero la lengua que define su identidad retrocede en porcentaje mientras avanza en hablantes absolutos. El apoyo a la independencia repunta al 45% justo cuando el independentismo acumula su peor resultado parlamentario en doce años. Y el partido que más crece es, a la vez, independentista y ajeno a todo lo que el independentismo hizo entre 2012 y 2017.
Trescientos doce años después de 1714, la Diada sigue haciendo lo que siempre ha hecho: funcionar como termómetro. No del pasado, que está fijado en los libros, sino de un presente que este año se mide en tres ciudades a la vez y con el eje político catalán partiéndose por la mitad. El recuento de asistentes de esta tarde será, como cada septiembre, la primera encuesta del curso político.





















































































































































































































































































































































































































































































































































































































