Die Linke aspira a la victoria en la elección más abierta de la historia de Berlín

Berlín vota este domingo con cuatro partidos dentro de un margen de seis puntos, un alcalde que ha renunciado a presentarse, un candidato socialdemócrata investigado por la fiscalía a cinco días de la urna y una pregunta que hace tres años habría sonado a ciencia ficción: si Die Linke va a gobernar por primera vez el Rathaus rojo. Sea cual sea el resultado, hay una certeza previa: la capital tendrá un alcalde o una alcaldesa distinto al que tiene hoy.

Casi cuatro millones, y una cuarta parte sin pasaporte alemán

A 30 de junio de 2026 Berlín tenía 3.917.196 habitantes, casi quince mil más que un año antes y un máximo histórico desde la reunificación. De ellos, 972.941 —en torno a una cuarta parte— no tienen nacionalidad alemana: un 27,9% procede de la Unión Europea, un 31,2% del resto de Europa y un 26,9% de países asiáticos. Ese dato es central para entender la política berlinesa, porque una parte muy considerable de quienes viven la crisis del alquiler no podrá votar mañana. El censo electoral ronda los 2,5 millones de personas.

La ciudad es joven para los estándares alemanes —42,9 años de edad media frente a los 47,5 de Mecklemburgo— pero muy desigual por distritos. Friedrichshain-Kreuzberg y Mitte tienen una edad media de 39,9 años; Steglitz-Zehlendorf, el suroeste acomodado, llega a 46,7. Más de la mitad de los berlineses (54,1%) están solteros. El crecimiento se concentra hoy en el este: Treptow-Köpenick ganó un 1,8% de población en 2025, mientras Reinickendorf perdía un 0,9%.

9,1%
de paro: el decimoquinto peor dato de los dieciséis länder
3.982 €
salario mediano a tiempo completo: el segundo más alto del país
90.000 €
de PIB por ocupado: también segundo puesto nacional
2%
de viviendas vacías: la tasa más baja de Alemania

Esos cuatro indicadores dibujan la anomalía económica berlinesa y explican su política. Quien tiene trabajo en Berlín gana bien y produce mucho: la ciudad es la segunda de Alemania tanto en salario mediano como en productividad por ocupado, arrastrada por la administración federal, las universidades, la investigación biomédica, la industria del software y el mayor ecosistema de startups del país. Pero el acceso a ese mercado laboral sigue siendo notablemente peor que en el resto: con un 9,1% de paro, Berlín ocupa el puesto quince de dieciséis. La capital es a la vez el motor y el furgón de cola, y en el Länderfinanzausgleich —el sistema de compensación fiscal entre estados— continúa siendo uno de los grandes receptores netos.

La grieta se manifiesta en el mercado de la vivienda, y ahí el dato del 2% de viviendas vacías es demoledor. Berlín construye más que ningún otro land en términos relativos —4,36 viviendas nuevas y 3,78 licencias por cada mil habitantes, primer puesto en ambos indicadores— y aun así no hay dónde meter a nadie. Es una ciudad que ha pasado en veinte años de ser la capital europea barata, con alquileres que asombraban a cualquier madrileño o parisino, a expulsar de sus barrios centrales a quienes la hicieron atractiva. En la última encuesta de Infratest dimap para la RBB, el 32% de los berlineses señala la vivienda y los alquileres como el principal problema de la ciudad, muy por delante de cualquier otro asunto.

Del bastión socialdemócrata al pentapartidismo

Durante casi toda la historia de la República Federal, Berlín Oeste fue territorio socialdemócrata; tras la reunificación, la ciudad alternó una década de gobierno democristiano con Eberhard Diepgen y un largo ciclo rojo que empezó en 2001 con Klaus Wowereit y su célebre fórmula sobre una ciudad «pobre, pero sexy». Wowereit gobernó primero con el PDS y después con la CDU; Michael Müller le sucedió en 2014 y desde 2016 encabezó la primera coalición rojo-rojo-verde de la capital, con Die Linke y los Verdes. Franziska Giffey la mantuvo tras 2021.

El giro llegó por una vía insólita: las elecciones de 2021 se celebraron con un caos organizativo tan grave —colas, papeletas equivocadas, colegios sin material— que el tribunal constitucional del land las anuló y obligó a repetirlas el 12 de febrero de 2023, solo para el tiempo restante de la legislatura. En esa repetición la CDU de Kai Wegner ganó con el 28,2%, primera vez que era la fuerza más votada desde 1999, mientras el SPD firmaba su peor resultado en más de un siglo y salvaba el segundo puesto sobre los Verdes por cincuenta y tres votos. Wegner necesitó tres votaciones en la cámara para ser investido, el 27 de abril de 2023, al frente de una gran coalición con el SPD.

Un partido de tenis derribó al alcalde de Berlín.
El 3 de enero de 2026 un incendio provocado en un puente de cables sobre el Teltowkanal, junto a la central de Lichterfelde, destruyó cinco cables de 110 kV y diez de 10 kV y dejó a decenas de miles de hogares sin electricidad durante días en pleno invierno. Kai Wegner CDU ocultó que había jugado al tenis aquella mañana y fue acumulando versiones contradictorias sobre sus llamadas. El 10 de julio, nueve semanas antes de la votación, renunció a la candidatura: «Fue una chapuza, y soy yo el que más se enfada por ello».

La CDU sustituyó a Wegner por su senador de Finanzas, Stefan Evers, de 46 años, nombrado además presidente regional en funciones. Wegner continúa como alcalde en funciones hasta que se forme un nuevo Senado. Pero el daño estaba hecho: durante semanas la campaña berlinesa giró exclusivamente en torno a con quién había hablado el alcalde y a qué hora, y la CDU se desangró en los sondeos justo cuando Die Linke crecía.

El ascenso de la izquierda no empezó, sin embargo, en enero. Su punto de inflexión fueron las federales del 23 de febrero de 2025, cuando Die Linke —a la que casi todo el mundo daba por muerta tras la escisión de Sahra Wagenknecht— fue la fuerza más votada en Berlín con el 19,9%, por delante de CDU (18,3%), Verdes (16,8%), AfD (15,2%) y SPD (15,1%). Aquel resultado, apoyado en un voto urbano, joven e inquilino, es el que la formación intenta trasladar mañana a la escala municipal.

Cuatro partidos en seis puntos

Durante casi todo 2026 los sondeos berlineses han descrito un cuádruple empate. En enero la CDU rondaba el 22% y Die Linke el 17%; en primavera la horquilla se comprimió hasta dejar a CDU, Verdes, AfD e izquierda pegados entre el 15% y el 21%. Tras la caída de Wegner el movimiento se ordenó: la CDU se estabilizó en torno al 20% y Die Linke escaló al primer puesto. En las cuatro últimas encuestas, la formación de Elif Eralp aparece entre el 21% y el 22%, la CDU en el 20% y la AfD estable en el 18%.

Media de los últimos sondeos · 18 de septiembre de 2026
Die LinkeDie Linke
21,3
CDUCDU
20,0
AfDAfD
18,0
GrüneGrüne
15,5
SPDSPD
12,0
BSWBSW
4,3
FDPFDP
2,5
Media ponderada de cuatro sondeos publicados entre el 10 y el 18 de septiembre (Forschungsgruppe Wahlen, Civey, INSA e Infratest dimap), con 7.138 entrevistas acumuladas. Otros partidos suman el 6,4%. Fuente: dawum.de.

Comparado con febrero de 2023, el mapa se ha dado la vuelta por completo. Die Linke sube nueve puntos, la AfD casi nueve, y los dos socios de gobierno se desploman: la CDU pierde ocho puntos y el SPD seis y medio, camino de su peor resultado histórico en la ciudad. Los Verdes ceden casi tres.

Variación sobre las elecciones del 12 de febrero de 2023
PARTIDO2023MEDIA HOYDIF.
Die Linke12,221,3+9,1
AfD9,118,0+8,9
Grüne18,415,5−2,9
SPD18,412,0−6,4
CDU28,220,0−8,2

Cinco candidatos que casi nadie conocía

Die Linke
Die Linke
Izquierda · oposición
Elif Eralp

45 años, jurista. Sería la primera alcaldesa de izquierda de Berlín y la primera con historia migratoria —de origen turco— al frente de la ciudad. Promete bajar los alquileres y accionar «cada maldita palanca» para volver a hacer Berlín asequible; lleva colgado al cuello un colgante con la palabra Mietendeckel.

CDU
CDU
Democristianos · gobierno
Stefan Evers

46 años, senador de Finanzas y candidato de urgencia desde julio. Ha centrado la campaña en seguridad —querría convertir toda la ciudad en zona de prohibición de cuchillos y ampliar la videovigilancia asistida por IA— y en mantener «a los extremistas lejos del poder», señalando a la vez a AfD y a Die Linke. Su lema: «Alguien tiene que ser razonable».

AfD
AfD
Derecha radical · oposición
Kristin Brinker

54 años, repite candidatura. Podría duplicar el 9,1% de 2023 sin ninguna vía hacia el gobierno: ningún partido negociará con ella. Pide dar prioridad a los berlineses en la adjudicación de vivienda. Renunció a un acto final multitudinario alegando motivos de seguridad y cerró campaña repartiendo folletos en Alexanderplatz.

Grüne
Grüne
Ecologistas · oposición
Werner Graf

45 años, codirige la candidatura con Bettina Jarasch. Pierden fuelle respecto a 2023, pero su posición es inmejorable: están en las dos únicas coaliciones viables. Apuestan por reconvertir oficinas vacías en vivienda y respaldan la socialización de los grandes tenedores.

SPD
SPD
Socialdemócratas · gobierno
Steffen Krach

47 años, expresidente de la Región de Hannover y líder del SPD berlinés. Promete 20.000 viviendas nuevas al año y rechaza las expropiaciones. La fiscalía de Hannover abrió la semana pasada diligencias por presunta aceptación de ventajas en dos casos y registró su domicilio; lo niega todo y rige la presunción de inocencia.

BSW
BSW
Izquierda soberanista · extraparlamentario
Alexander King

Debuta en unas berlinesas junto a Michael Lüders. Wagenknecht proclamó en el acto final que el «regreso» del partido empezó en Sajonia-Anhalt, donde entró por los pelos, pero aquí la formación pelea sobre todo por superar el 5%.

El dato que mejor resume esta campaña lo publicó Infratest dimap en julio, tras la marcha de Wegner: dos de cada tres berlineses eran incapaces de elegir un favorito entre los cinco aspirantes. Evers era el mejor situado con un exiguo 11%, seguido de Eralp (9%), Krach (7%), Brinker (5%) y Graf (3%). En el último Politbarómetro, el 23% de los electores seguía sin decidirse. Es, probablemente, la elección berlinesa más abierta desde la reunificación, y también la más despersonalizada.

La batalla de la expropiación

En 2021 los berlineses aprobaron en referéndum, con un 59% de votos a favor, socializar mediante indemnización a las inmobiliarias con más de 3.000 viviendas en la ciudad. Cinco años después no se ha ejecutado nada, y la consulta ha vuelto al centro del debate. Die Linke promete cumplirla —su líder federal, Ines Schwerdtner, la ha convertido en condición para entrar en cualquier gobierno— y los Verdes se declaran dispuestos a acompañar. La CDU y la AfD se oponen. El SPD es el nudo del problema: Krach lo descarta sin matices, pero el ala izquierda del partido berlinés piensa lo contrario.

A esa tensión se añadió en julio un movimiento federal que en Berlín sentó como un jarro de agua fría: la coalición de Merz acordó prohibir por ley que los länder expropien a los grandes grupos inmobiliarios. Es decir, que la principal promesa del partido que podría ganar mañana podría quedar bloqueada desde el Bundestag por un gobierno del que forma parte el SPD berlinés. Ese choque competencial —y no la aritmética de escaños— es probablemente el conflicto más serio que dejará esta votación. Merece la pena señalar, eso sí, una tensión de fondo: aunque la vivienda encabeza la lista de preocupaciones, las encuestas no detectan hoy una mayoría social clara a favor de la socialización como respuesta.

Los escenarios: solo caben tripartitos

La Cámara de Diputados tiene un mínimo de 130 escaños: 78 se eligen por mayoría simple en distritos uninominales y 52 se reparten proporcionalmente dentro de cada uno de los doce distritos administrativos, con mandatos compensatorios si hace falta. El umbral es del 5%, aunque un partido que gane al menos un distrito entra igualmente en reparto proporcional: esa cláusula es la tabla de salvación teórica del BSW y de la FDP. Se vota a la vez a las asambleas de distrito, y el alcalde gobernador no se elige de forma directa, sino por la propia cámara.

Con la media actual el reparto teórico sería de 32 escaños para Die Linke, 30 para la CDU, 27 para la AfD, 23 para los Verdes y 18 para el SPD. La conclusión aritmética es inapelable: CDU y SPD suman 48 de 130 y pierden la mayoría, y como nadie va a pactar con la AfD, solo quedan dos combinaciones realistas.

Escenario 1 · 73 de 130
Vuelve el rojo-rojo-verde, ahora liderado por la izquierda

Die Linke, Verdes y SPD reeditarían la coalición de 2016-2023 con los papeles invertidos: la izquierda al frente y el SPD como socio menor. Es el escenario que Wegner pidió expresamente evitar al anunciar su retirada. El obstáculo no es la aritmética, sino la expropiación y la resistencia de Krach a entrar como tercero en una coalición dirigida por Eralp.

Escenario 2 · 71 de 130
Una «Kenia» capitalina: CDU, Verdes y SPD

Evers conservaría el Rathaus rojo sumando a los dos socios de la izquierda moderada, con solo cinco escaños de margen. Exigiría que los Verdes aparquen la socialización tras haberla defendido en campaña, y que el SPD entre en un gobierno conservador justo después de su peor resultado histórico. Frágil, pero es la única alternativa.

Escenario 3 · El comodín
Si el BSW entra, las dos mayorías se tambalean

Cada punto que se quede fuera del reparto engorda a los que entran. Con el BSW dentro de la cámara, los tripartitos pierden entre tres y cinco escaños y la opción conservadora se quedaría al filo de la mayoría. Sería el peor desenlace posible: una capital sin gobierno claro justo cuando Sajonia-Anhalt tampoco lo tiene.

Hay una lectura que se pierde entre los titulares del duelo por el primer puesto: quien realmente decide mañana no es quien gana, sino quien queda cuarto y quinto. Verdes y SPD están en las dos únicas coaliciones posibles. Dicho de otro modo, los dos partidos que más votos pierden respecto a 2023 son los que entrarán en el próximo Senado casi con seguridad, y probablemente con la capacidad de fijar el precio. Es una de esas paradojas del sistema proporcional alemán que conviene tener presentes antes de leer los resultados en clave de vencedores y vencidos.

Lo que se juega la República Federal

Para Friedrich Merz, Berlín es el segundo asalto de un domingo que puede decidir su futuro. Tras el desastre de Sajonia-Anhalt del 6 de septiembre —AfD 43,8%, CDU 17,2%— y con su partido peleando por no desaparecer del Landtag de Schwerin, perder además la capital dejaría al canciller con tres derrotas en quince días. El politólogo Wolfgang Muno lo compara con un boxeador que encaja tres golpes seguidos: la pregunta del lunes será si sigue en pie. En la CDU circulan ya los nombres de Hendrik Wüst, Boris Rhein y Markus Söder, aunque ninguno tiene prisa por heredar el problema.

Para el SPD, el diagnóstico es aún más incómodo. Krach ha atribuido abiertamente su desplome al efecto del gobierno federal y ha criticado la agenda de reformas que su propio partido pacta con la Unión en el Bundestag. Un resultado en torno al 12% en la ciudad que los socialdemócratas han gobernado durante casi toda la posguerra alimentará el debate interno sobre si tiene sentido seguir sosteniendo esa coalición. La respuesta orgánica, previsiblemente, será que sí, por la misma razón que en Mecklemburgo: unas elecciones anticipadas solo beneficiarían a la AfD.

El tercer efecto es el más estructural y tiene que ver con Die Linke. Un partido que en 2023 estuvo a punto de desaparecer del Bundestag llevaría el mismo día a una alcaldesa a la capital federal y disputaría el papel de principal fuerza de oposición por la izquierda. Eso reordena el campo progresista alemán y añade una variable al Bundesrat, donde los cuatro votos de Berlín se emitirán a partir de ahora según un reparto de poder distinto, con la vivienda y la política fiscal como primeros puntos de fricción.

Queda la AfD. Estabilizada en el 18% en la ciudad más cosmopolita del país, duplicando su resultado de 2023 y sin la menor posibilidad de gobernar, su avance en Berlín tiene un valor distinto al del este rural: demuestra que el techo del partido ya no está donde se suponía. La campaña ha sido además la más violenta que se recuerda en la capital: unos 500 delitos registrados desde agosto, más de 380 daños, cerca de mil carteles destrozados —652 de la AfD, 145 de la CDU, 94 de Die Linke— y 39 representantes de partidos agredidos.

Qué mirar el domingo

Los colegios cierran a las 18:00 y las primeras proyecciones llegarán casi de inmediato, aunque en Berlín conviene recordar que el recuento de las asambleas de distrito puede alargarse. Tres claves. La primera, el umbral: si BSW y FDP se quedan fuera, los tripartitos respiran; si alguno entra o gana un distrito, la formación de gobierno se complica seriamente. La segunda, la geografía del voto: la AfD compite por distritos uninominales en los barrios exteriores del este mientras Die Linke y los Verdes se reparten el anillo central, y cada mandato directo arrastrado en esa frontera altera el reparto compensatorio dentro del distrito administrativo.

La tercera clave es la que puede tardar meses en resolverse. Con un 23% de indecisos, dos aspirantes golpeados por escándalos en plena recta final y solo dos coaliciones aritméticamente posibles, es perfectamente plausible que el domingo por la noche Berlín tenga un ganador y ninguna mayoría evidente. Wegner seguirá despachando en el Rathaus rojo hasta que se forme el nuevo Senado; nadie descarta que eso ocurra ya entrado el invierno. Sería, después de todo, una forma muy berlinesa de resolverlo.

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