Marruecos vota en el año más convulso de Mohamed VI

Marruecos elige este miércoles 23 de septiembre a los 395 diputados de su Cámara de Representantes en la primera cita con las urnas después del año más convulso del reinado de Mohamed VI. Votan 15.801.162 inscritos —2,1 millones menos que en 2021— en un país de 38 millones de habitantes donde los jóvenes de 18 a 24 años apenas son el 4% del censo, las encuestas están prohibidas y el nombre del futuro jefe de Gobierno no sale directamente de las urnas, sino de la mano del Rey. Estos son los partidos, las cuentas y las sombras de una jornada que decidirá quién gobierna la década del Mundial.

El Reino vota un año después de la GenZ 212

La legislatura que ahora se cierra terminó en la calle. El 27 de septiembre de 2025, tras la muerte de ocho mujeres embarazadas en el hospital Hassan II de Agadir, miles de jóvenes convocados desde servidores de Discord y vídeos de TikTok bajo la etiqueta GenZ 212 —el prefijo telefónico del país— iniciaron la mayor ola de protestas desde el Movimiento 20 de Febrero de 2011. La consigna que resumió todo era aritmética: «tenemos estadios, ¿dónde están los hospitales?». Marruecos organiza la Copa África y coorganiza con España y Portugal el Mundial de 2030, con cerca de 20.000 millones de dólares comprometidos en infraestructuras, mientras el paro juvenil ronda el 37% y la sanidad y la educación públicas acumulan décadas de deterioro.

El Ejecutivo de Aziz Ajanuch respondió con dinero: el presupuesto de 2026 elevó hasta unos 13.000 millones de euros la partida conjunta de sanidad y educación. No bastó. El movimiento, horizontal y sin liderazgo visible, pasó de reclamar servicios a redactar un documento de once páginas que reclamaba «la activación del pacto constitucional», es decir, que la Constitución de 2011 se aplicase de verdad. Ahí el discurso rozó la única institución que en Marruecos no se discute en voz alta: el arbitraje del Palacio. En su intervención ante el Parlamento, Mohamed VI defendió que invertir en estadios no era incompatible con la justicia social, y la respuesta del movimiento en sus foros fue de decepción.

Más de mil personas procesadas y 660 en prisión por las protestas: la represión es hoy la principal reivindicación del movimiento juvenil.

GenZ 212

La contestación se apagó en los tribunales. Según los datos manejados por las organizaciones de derechos humanos marroquíes, más de mil personas han sido procesadas y unas 660 siguen en prisión; hubo detenciones de activistas durante todo 2026, incluida una militante arrestada en el aeropuerto de Marrakech al regresar de Francia, y causas abiertas por «ofensa a los valores sagrados» a partir de publicaciones en redes. Amnistía Internacional, Human Rights Watch y la AMDH han alertado de una regresión en libertad de expresión y de prensa. En el ordenamiento marroquí siguen vigentes tres líneas rojas penalmente protegidas —la monarquía, la religión y la integridad territorial, que incluye el Sáhara Occidental—, y ese perímetro explica por qué el debate sobre el reparto real del poder se libra casi siempre en clave de «gobierno» y casi nunca en clave de «régimen».

Un Ejecutivo que llega a las urnas dividido

La coalición que ha gobernado desde 2021 —RNI, PAM e Istiqlal— compite el miércoles dividida y con acusaciones cruzadas. El PAM ha reforzado sus listas fichando dirigentes con implantación territorial procedentes del propio RNI y de Istiqlal, un trasvase que ha envenenado la campaña entre socios. Su incorporación más llamativa es la de Fouzi Lekjaa, ministro delegado de Presupuesto y presidente de la Federación Marroquí de Fútbol, señalado por los analistas locales como favorito para la jefatura de Gobierno.

La fractura se ha hecho pública en dos frentes. En el deportivo, Lekjaa dio por hecho que la final del Mundial de 2030 se jugará en el futuro estadio Hassan II de Benslimane y Ajanuch le replicó desde su propio Gobierno, pidiendo respeto a los socios español y portugués y recordando que la decisión corresponde a la FIFA. En el diplomático, el ministro de Justicia Abdellatif Ouahbi (PAM) reclamó un «derecho histórico y geográfico» sobre Ceuta y Melilla y propuso una comisión bilateral con España para negociar su «retorno», mientras el jefe del Ejecutivo evitaba sumarse a la escalada y centraba su campaña en el empleo. Istiqlal, con Nizar Baraka, sostiene que Marruecos «no cederá ni un centímetro» y a la vez defiende a España como socio estratégico. Detrás de todo permanece Fouad Ali El Himma, condiscípulo del Rey, consejero real y fundador del PAM en 2008: sigue sin ocupar cargo formal en el partido y sigue siendo uno de los hombres más influyentes del reino.

Un sistema diseñado para que nadie gane

La Cámara de Representantes reparte 305 escaños en 92 circunscripciones locales y 90 en doce circunscripciones regionales reservadas a candidatas. Desde la reforma de 2021 no hay umbral, pero el cociente electoral se calcula dividiendo el número de electores inscritos, y no el de votos emitidos, entre los escaños de cada demarcación: un partido puede ganar con holgura en una circunscripción y aun así llevarse un solo diputado. El resultado es un Parlamento fragmentado por diseño, en el que la mayoría absoluta de 198 escaños es materialmente inalcanzable y el gobierno de coalición es obligatorio.

El Rey nombra al jefe de Gobierno «de entre el partido que haya quedado en primera posición», sin necesidad de que haya sido candidato, y conserva la última palabra sobre las carteras de soberanía: Interior, Exteriores, Defensa y Asuntos Religiosos. Tampoco hay voto exterior para los más de cinco millones de marroquíes residentes fuera —deben viajar o delegar su voto— ni encuestas publicadas: la ley las prohíbe, de modo que el único punto de referencia son los resultados de hace cinco años.

Escaños en las legislativas de 2021

RNI
102
PAM
87
Istiqlal
81
USFP
34
MP
28
PPS
22
UC
18
PJD
13
Otros
10

Aquel reparto dejó dos lecturas que siguen vigentes. La primera, que el RNI ganó con el 27,7% de los votos en listas locales y se quedó en 102 escaños, muy lejos de la mayoría. La segunda, que el PJD islamista, que venía de gobernar una década, se desplomó de 125 a 13 diputados en una sola noche, el mayor hundimiento de la historia electoral marroquí. Que aquel colapso fuese reversible o definitivo es, seguramente, la única incógnita auténtica del miércoles.

Quién es quién: los ocho partidos que importan

Concurren 28 formaciones con 1.850 listas y 7.288 candidaturas, más de 18 aspirantes por escaño. Cada partido se identifica ante el elector por un símbolo —la paloma, el tractor, la balanza, la lámpara, la rosa— pensado para ser reconocible sin necesidad de leer el nombre, una herencia de los tiempos de alta tasa de analfabetismo que sigue organizando la papeleta.

RNI
RNI
Agrupación Nacional de Independientes · Gobierno
102 esc.

Símbolo: la paloma. Fundado en 1978 por Ahmed Osman, cuñado de Hassan II, es el arquetipo del partido gestor marroquí: liberal en lo económico, pragmático, sin doctrina rígida y muy próximo a Palacio. Lo preside Aziz Ajanuch, magnate de los hidrocarburos y jefe del Gobierno saliente. Su campaña promete un millón de empleos, poder adquisitivo y servicios públicos, y evita la escalada retórica sobre Ceuta y Melilla. Sus críticos lo llaman «el partido de los patronos».

PAM
PAM
Autenticidad y Modernidad · Gobierno
87 esc.

Símbolo: el tractor. Creado en 2008 por el consejero real Fouad Ali El Himma, es un partido liberal y explícitamente monárquico, concebido para ocupar el centro del tablero frente al islamismo. Dirigido hoy por Fatima Ezzahra El Mansouri, tiene en el ministro de Justicia Abdellatif Ouahbi a su voz más beligerante —reclama negociar con España el «retorno» de Ceuta y Melilla— y ha fichado a Fouzi Lekjaa, el hombre del Mundial, como principal activo electoral.

Istiqlal
Istiqlal
Partido de la Independencia · Gobierno
81 esc.

Símbolo: la balanza. Nacido en la clandestinidad en 1943-1944, es el partido más antiguo del país y el que condujo la lucha por la independencia. Nacionalista y conservador, con un componente social heredado de Allal El Fassi, mantiene un fuerte bastión en las provincias del Sáhara. Su secretario general, Nizar Baraka, ministro de Equipamiento y Agua, combina la reivindicación de Ceuta y Melilla con la defensa de España como socio estratégico.

PJD
PJD
Justicia y Desarrollo · Oposición
13 esc.

Símbolo: la lámpara. Islamista de referencia, gobernó entre 2011 y 2021 y se hundió de 125 a 13 diputados. Bajo el liderazgo del exjefe de Gobierno Abdelilah Benkirane —que ha renunciado a presentarse como candidato— busca reconstruirse con un discurso anticorrupción: sus 467 medidas apuntan contra monopolios, rentas y conflictos de interés, y propone gravar a las empresas en situación de oligopolio. Es también la única fuerza con opciones que cuestiona la normalización con Israel.

USFP
USFP
Unión Socialista de Fuerzas Populares · Oposición
34 esc.

Símbolo: la rosa. Socialdemócrata, miembro de la Internacional Socialista y heredero de la izquierda histórica que lideró Mehdi Ben Barka, encabezó la «alternancia» de 1998 con Abderrahmán Yusufi. Dirigido por Driss Lachgar, arrastra el desgaste de décadas de integración institucional y compite por recuperar un espacio que hoy le disputan tanto el islamismo social como la abstención juvenil.

MP
MP
Movimiento Popular · Oposición
28 esc.

Símbolo: la espiga. Fundado en 1957 por Mahyubi Aherdán, es la gran formación berberista y agraria, conservadora y leal a la monarquía, con la identidad amazigh y el mundo rural como ejes. Su fuerza no está en el programa sino en la red de notables locales que controlan el voto en el Atlas, el Rif y el sur, un capital que el sistema de circunscripciones pequeñas premia con eficacia.

PPS
PPS
Progreso y Socialismo · Oposición
22 esc.

Símbolo: el libro. Heredero directo del Partido Comunista Marroquí, es hoy una formación de izquierda moderada plenamente integrada en el sistema, que llegó a gobernar en coalición con los islamistas del PJD. Con Nabil Benabdallah al frente, defiende el Estado social, la escuela pública y una lectura progresista de la identidad amazigh.

UC
UC
Unión Constitucional · Oposición
18 esc.

Símbolo: el caballo. Creada en 1983 en la órbita del Palacio de Hassan II por Maati Buabid, es una formación liberal-conservadora que vivió su apogeo en los años ochenta y hoy funciona como partido bisagra, con implantación en Casablanca y el litoral atlántico y un papel decisivo en la aritmética de cualquier coalición.

Las dudas sobre la limpieza del proceso

El primer interrogante está en el censo. Tras una revisión extraordinaria de las listas ejecutada por el Ministerio del Interior, el registro electoral ha perdido más de 2,1 millones de electores, un 12%, y se ha quedado en 15,8 millones sobre una población en edad de votar estimada en 28 millones. La depuración de fallecidos y duplicidades no explica por sí sola una caída de ese tamaño, y su efecto es demográficamente asimétrico: los menores de 35 años han pasado de representar en torno al 27% del censo a moverse entre el 18% y el 19%, mientras los mayores de 60 suben del 23% al entorno del 30%. Los electores de 18 a 24 años son ya apenas el 4% del cuerpo electoral, justo el segmento que llenó las calles hace un año.

El censo se depura, las encuestas se prohíben y el escrutinio lo organiza el mismo ministerio que nombra el Rey: las tres piezas que explican por qué nadie puede verificar el resultado por su cuenta.

Interior

La segunda objeción es estructural. Marruecos no tiene una autoridad electoral independiente: el proceso lo organiza, gestiona y proclama el Ministerio del Interior, cuyo titular designa el Rey. La creación de una comisión nacional autónoma con supervisión judicial y una plataforma que publique resultados mesa a mesa figuraba entre las propuestas que casi todos los partidos trasladaron a la reforma del código electoral, y no ha llegado a estas elecciones. El contrapeso es la observación: el CNDH ha desplegado 3.006 observadores —783 propios y 2.023 de asociaciones marroquíes— y la comisión especial ha acreditado a 26 ONG nacionales y 30 entidades internacionales. En 2021 ese mismo dispositivo concluyó que los comicios fueron transparentes, pero documentó que a sus observadores se les impidió el acceso a colegios en trece ocasiones, registró proselitismo durante la jornada de reflexión y recogió denuncias de compra de votos; el entonces jefe de Gobierno, el islamista El Otmani, denunció además que se habían retenido actas a sus interventores.

La tercera sombra es la del clientelismo. El propio objetivo declarado del nuevo código electoral era combatir la compra de votos y el «paracaidismo» de candidatos sin arraigo, un reconocimiento oficial de hasta qué punto el fenómeno es sistémico. Dos datos de esta campaña lo iluminan: el 57% de los diputados salientes repite candidatura y al menos quince han cambiado de partido en el último mes para asegurarse el escaño, en un trasvase que el PAM ha convertido en estrategia y que sus socios de coalición le reprochan abiertamente. Con las encuestas prohibidas, lo único que circula son simulaciones informáticas difundidas en medios políticos marroquíes que, con todas las cautelas, apuntan a un PAM primero, un Istiqlal estable, un fuerte retroceso del RNI y una recuperación considerable del PJD, muy dependiente del nivel de participación.

A todo ello se suma el boicot. El movimiento islamista Al Adl Wal Ihsan, ilegalizado pero con enorme capacidad de movilización, y la izquierda radical de Vía Democrática han llamado a no votar por considerar que no existen condiciones de competencia libre; durante la campaña se han producido detenciones de militantes que repartían propaganda a favor de la abstención. Nada de eso se traducirá en escaños, pero sí en la única cifra que el miércoles nadie podrá maquillar: en 2016 se abstuvo el 57% del censo y en 2021, casi el 50%, y los analistas locales anticipan un retroceso de la participación que dejaría al próximo Gobierno apoyado en una minoría cada vez más estrecha del país real.

De ahí que la pregunta del 23 de septiembre no sea tanto quién gana como con cuánta legitimidad. El partido que quede primero heredará la legislatura del Mundial, veinte mil millones de dólares en obra pública, un pulso abierto con España por Ceuta y Melilla y una generación entera que ya no está en el censo. Pero heredará también un margen de maniobra tasado: las carteras de soberanía seguirán dependiendo de Palacio, el Parlamento seguirá fragmentado por diseño y la agenda estratégica —Sáhara, migración, relación con Madrid y con Tel Aviv— seguirá decidiéndose donde se ha decidido siempre. Las urnas marroquíes no reparten poder: reparten responsabilidad sobre decisiones que se toman en otra parte, y esa distancia es exactamente la que los jóvenes de la GenZ 212 pusieron sobre la mesa hace un año.

Claves de la jornada

23-S
Votación (miércoles)
395
Escaños (305 locales + 90 regionales)
15.801.162
Electores inscritos
28
Partidos concurrentes
7.288
Candidaturas en 1.850 listas
24-S
Resultados provisionales

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