El land más despoblado de Alemania vota este domingo con dos preguntas sobre la mesa. La primera es si la AfD logra en la costa báltica lo que hace dos semanas consiguió en Sajonia-Anhalt: ganar unas elecciones regionales con una ventaja incontestable. La segunda, mucho menos comentada fuera del país, es si la CDU del canciller Friedrich Merz sobrevive al 5% en un parlamento que hace cinco años presidía como segunda fuerza. Entre ambas se juega la carrera de Manuela Schwesig, la socialdemócrata que en septiembre de 2025 estaba diecinueve puntos por detrás y que llega al 20-S en empate técnico.
Un país vacío a orillas del Báltico
Mecklemburgo-Pomerania Occidental es, en términos estrictamente estadísticos, el land más vacío de la República Federal: 69 habitantes por kilómetro cuadrado repartidos en 23.295 km², la densidad más baja de los dieciséis estados federados. En casi la mitad del territorio no se llega a 25 habitantes por kilómetro cuadrado. La comparación resulta útil para un lector español: es una superficie algo mayor que la de Galicia habitada por poco más de la mitad de su población.
Ese vacío no es natural, es reciente. En 1990, el año de la reunificación, vivían allí 1,92 millones de personas; hoy son alrededor de 1,57 millones. Tres décadas y media de emigración hacia el oeste —selectiva, joven y mayoritariamente femenina— han dejado un land con una edad media de 47,5 años y más de 441.000 personas mayores de 65, en torno a un 28% del censo. Es el retrato demográfico que la ciencia política lleva veinte años asociando a la desafección: comarcas que perdieron primero el empleo industrial, después el médico de cabecera, luego la escuela y por último la línea de autobús.
La red urbana es tan liviana como el conjunto. Rostock, la ciudad hanseática y universitaria que mira al Báltico, es la única que pasa de 200.000 habitantes (209.191). Schwerin, la capital —con su castillo neorrenacentista sobre el lago, sede del Landtag—, no llega a los 100.000. Detrás vienen Neubrandenburg (63.761), Stralsund (59.418) y Greifswald (59.232). El resto del land son 745 municipios, la mayoría de pocos centenares de vecinos.
La economía descansa sobre tres patas históricas y una nueva. Las históricas: la agricultura, que ocupa cerca del 60% de la superficie del land; la industria alimentaria asociada a ella; y el turismo, del que depende uno de cada diez empleos gracias a las islas de Rügen y Usedom, a la costa báltica y al laberinto lacustre de la Mecklenburgische Seenplatte. La cuarta pata es más reciente y tiene que ver, paradójicamente, con la guerra de Ucrania. La quiebra del grupo MV Werften, que parecía sentenciar los astilleros del land, acabó resolviéndose por la vía del rearme: el Estado federal se quedó el astillero de Warnemünde y lo convirtió en arsenal de la Marina, mientras Wismar pasó a manos de ThyssenKrupp Marine Systems, el constructor de submarinos, con perspectiva de emplear hasta 1.500 personas.
A esa reconversión se suma la energía. La eólica emplea ya a más de 8.000 personas en cerca de 200 empresas, el puerto de ultramar de Rostock se ha llenado de fabricantes de componentes, el astillero Neptun ha ganado un gran contrato de plataformas convertidoras para parques marinos —unos 500 empleos industriales— y H2Apex proyecta una planta de hidrógeno verde de 100 MW en Lubmin para 2027. En Dummerstorf, cerca de Rostock, se construye el mayor centro de datos de Alemania por encargo del grupo Schwarz (Lidl y Kaufland). El mayor empleador industrial del land, con unos 2.000 trabajadores, sigue siendo la fábrica de grúas de Liebherr. El problema es que nada de eso ha corregido todavía la brecha salarial ni el desempleo, y que la percepción dominante en las comarcas del interior es que el dinero y los empleos se quedan en la costa.
Veintiocho años de hegemonía socialdemócrata
La historia electoral del land se divide en dos actos. El primero, muy corto, es democristiano: la CDU ganó las dos primeras elecciones tras la reunificación, en 1990 (38,3%) y 1994 (37,7%). El segundo dura ya veintiocho años. En 1998 Harald Ringstorff llevó al SPD al gobierno con el 34,3% y formó la primera coalición rojirroja de la historia alemana, con el PDS —antecesor de Die Linke—, un experimento que entonces escandalizó a Bonn y que hoy resulta rutinario. Desde ese día el SPD no ha soltado la Cancillería regional: Ringstorff hasta 2008, Erwin Sellering hasta 2017 y Manuela Schwesig desde entonces.
Bajo esa estabilidad de superficie ha corrido siempre una segunda corriente: la del voto de extrema derecha. El NPD, el partido neonazi clásico, estuvo representado en el Landtag de Schwerin durante diez años (7,3% en 2006 y 6,0% en 2011) y solo desapareció cuando la AfD ocupó ese espacio y lo multiplicó. En 2016 el partido de Frauke Petry irrumpió con el 20,8% y se convirtió en segunda fuerza por delante de la CDU. Lo que ocurre este domingo no es, por tanto, una ruptura repentina: es la maduración de un proceso de veinte años.
El precedente inmediato es 2021, y conviene tenerlo presente para medir lo que ocurra mañana. Schwesig arrasó con el 39,6% y se llevó 34 de los 36 distritos uninominales, un resultado tan desproporcionado que obligó a ampliar el Landtag de 71 a 79 escaños por la vía de los mandatos suplementarios y compensatorios. Con seis escaños de margen para la mayoría absoluta, la ministra presidenta eligió a Die Linke como socio en lugar de a la CDU con la que había gobernado la legislatura anterior. Simone Oldenburg, la dirigente de la izquierda, es desde entonces vicepresidenta del gobierno y ministra de Educación.
Todo se torció después. La factura la pasó Nord Stream 2. En enero de 2021 el land creó la Stiftung Klima- und Umweltschutz MV, una fundación climática dotada con dinero del consorcio del gasoducto cuyo objeto real era proporcionar cobertura jurídica a las empresas implicadas frente a las sanciones estadounidenses. Cuatro días después de la invasión rusa de Ucrania, Schwesig anunció su disolución; en abril de 2022 el Landtag abrió una comisión de investigación que ha llegado a celebrar más de medio centenar de sesiones, ha interrogado a Gerhard Schröder, Olaf Scholz, Peter Altmaier y Sigmar Gabriel, ha terminado con un registro policial en la sede de la fundación en mayo de 2026 y aprobó su informe final con los votos de SPD y Die Linke, con voto particular de los Verdes. En la primavera de 2022 una mayoría de alemanes pedía su dimisión y Friedrich Merz, entonces líder de la oposición, reclamaba su cabeza. Schwesig aguantó. Ese detalle explica buena parte de lo que ha pasado en los últimos doce meses.
La remontada: del 19% al empate técnico
En septiembre de 2025, a un año vista de la cita, Infratest dimap situaba a la AfD en el 38% y al SPD en el 19%: diecinueve puntos de distancia y la sensación generalizada de que Schwerin caería como Turingia. Lo que ha ocurrido desde entonces es una de las remontadas más nítidas que se recuerdan en una campaña regional alemana. En enero la brecha era de diez puntos; en mayo, de nueve; en julio, de siete. En agosto se estrechó a tres y en la primera semana de septiembre a cuatro o cinco. El 17 de septiembre, la Forschungsgruppe Wahlen publicó el primer sondeo de todo el ciclo con el SPD por delante: 37% frente al 36% de la AfD.
AfD
SPD
Die Linke
CDU
Grüne
BSW
FDPLa dispersión entre casas sigue siendo notable y merece una advertencia. En los cuatro sondeos que componen la media, la AfD se mueve en una horquilla estrechísima —del 36% al 38%— mientras el SPD oscila entre el 30% de pollytix y el 37% de la Forschungsgruppe Wahlen. Es decir: el voto de la AfD parece un bloque sólido y medido con precisión, y toda la incertidumbre está en cuánta gente acaba movilizándose para frenarlo. Con un 21% de indecisos declarados a cuatro días de la votación, la horquilla real de resultados es más ancha de lo que sugiere cualquier media.
La explicación de la remontada tiene un nombre propio. En el Politbarómetro de la ZDF, el 61% de los encuestados prefiere a Schwesig como ministra presidenta frente al 28% que opta por Leif-Erik Holm, y la ministra presidenta gana en confianza en casi todos los ámbitos —economía, empleo, escuela, infraestructuras—. El SPD ha construido toda la campaña sobre esa asimetría, con un lema que resume la estrategia sin disimulo: «Die Frau gegen Blau», la mujer contra los azules. Es una apuesta de alto riesgo: funciona si moviliza, pero deja al partido sin relato propio si el amortiguador personal falla.
Quién se juega qué
Ministra presidenta desde julio de 2017 y quinta legislatura consecutiva de gobierno socialdemócrata. Partía de 39,6% en 2021 y llega con 34,1% de media. Defiende su escaño en el distrito 8 de Schwerin frente al propio candidato de la AfD.
Aspira a duplicar el 16,7% de 2021 y a rematar el ciclo abierto en Sajonia-Anhalt. Su apuesta final es la movilización de abstencionistas, la palanca que allí disparó la participación hasta el 77,8%. Enrico Schult encabeza formalmente la lista.
Vicepresidenta del gobierno y ministra de Educación. Ronda el 9,9%, exactamente su resultado de 2021, pero con un saldo de valoración negativo (27% de satisfechos frente al 36% de críticos). Cierra campaña en Rostock con Ramelow, Bartsch y Reichinnek.
El gran damnificado del ciclo: de 13,3% a una horquilla de 6-7%, con riesgo real de quedarse fuera del Landtag. Seis de cada diez votantes no saben qué opinar de él. Fue excluido del debate televisado de RTL por su posición en los sondeos.
Se juega la permanencia en el filo del 5%. Tres de cada cuatro electores no la conocen. En el cierre de campaña en Rostock pidió el voto para su partido el exdemocristiano Michel Friedman, que se declaró no verde pero sí partidario de quienes «se dejan la piel por la democracia».
Llegó a marcar 17% en el land en septiembre de 2024 y hoy pelea por el umbral. En las federales de 2025 obtuvo aquí el 10,6%. Su entrada o no en el Landtag es una de las incógnitas que más condiciona el reparto final de escaños.
Sobre la agenda hay un dato que desmiente el tópico. Preguntados por el principal problema del land, los electores de Mecklemburgo no ponen en primer lugar la inmigración, sino la educación (25%), seguida de economía (16%), migración (16%), desempleo (14%), sanidad (10%) y pensiones (10%). En un territorio con menos población extranjera que casi cualquier otro land, el voto a la AfD se explica mejor por la sensación de abandono institucional que por el contacto real con la inmigración: es la vieja paradoja del contacto que la sociología electoral alemana lleva una década documentando.
Los escenarios del domingo
El Landtag tiene un mínimo de 71 escaños, 36 de ellos elegidos en distritos uninominales y el resto por listas cerradas con reparto Hare/Niemeyer y umbral del 5%. Votan los mayores de 16 años: unos 1,3 millones de electores. Traducida a escaños, la media actual da 28 diputados a la AfD, 26 al SPD, 8 a Die Linke, 5 a la CDU y 4 a los Verdes. Con esos números, la coalición rojirroja se queda en 34 de 71, a dos escaños de la mayoría.
El SPD llega primero o a un escaño de la AfD y necesita ampliar la coalición. Las dos combinaciones sobre la mesa son SPD-Linke-Verdes (38 escaños) y SPD-Linke-CDU (39). La primera es ideológicamente coherente pero depende de que los Verdes superen el 5%; la segunda obligaría a una CDU humillada a entrar como tercera pata de un gobierno de izquierdas, algo difícil de vender en Berlín.
En Sajonia-Anhalt la AfD superó en casi cinco puntos su mejor sondeo gracias a la movilización de abstencionistas. Si el efecto se repite, Holm puede acercarse al 40% sin que ello cambie la ecuación de gobierno: ningún partido negociará con él. Sí cambiaría el simbolismo y el poder de bloqueo, porque con un tercio del Landtag la AfD veta reformas constitucionales.
Es el escenario que nadie está contando y aritméticamente el más elegante. Si CDU y Verdes se quedan por debajo del 5%, solo AfD, SPD y Die Linke reparten escaños: sobre el 80,7% de voto útil, SPD y Linke sumarían el 54,5% de la cámara y gobernarían con holgura. La derrota de Merz sería, literalmente, lo que mantenga a Schwesig en el castillo de Schwerin.
Conviene matizar el tercer escenario, porque el efecto es de doble filo. Si solo cae la CDU y los Verdes aguantan, el SPD y Die Linke rozarían el 50,5% del reparto: una mayoría de un escaño, exactamente el tipo de mayoría que en la política alemana obliga a gobernar mirando el reloj en cada votación. Y si la CDU aguanta pero los Verdes caen, el bloque conservador-radical crece y la ampliación a tres se vuelve obligatoria. En un land donde los sondeos acertaron en 2021 con un error medio de apenas 0,73 puntos, medio punto arriba o abajo en la CDU vale más que dos puntos de diferencia entre los dos primeros.
Por qué esto se decide en Berlín
Un land de 1,57 millones de habitantes con 71 escaños no debería mover la política federal. Pero llega en el peor momento posible para el canciller. El 6 de septiembre la AfD de Ulrich Siegmund ganó en Sajonia-Anhalt con el 43,8% —39 de 83 escaños, a tres de la mayoría absoluta— mientras la CDU se hundía al 17,2%, su peor registro histórico allí. En el Politbarómetro posterior, el 75% de los encuestados dijo que Merz había perjudicado a su propio partido durante la campaña. El canciller respondió endureciendo el tono, calificando el concepto de «remigración» de la AfD de limpieza étnica por color de piel y origen, lo que a su vez agitó el debate interno.
Sobre ese fondo, Mecklemburgo puede convertirse en el tercer golpe de una serie. Sahra Wagenknecht la ha bautizado directamente como la «elección que derriba a Merz». El politólogo Wolfgang Muno usa la metáfora del boxeo: tras Sajonia-Anhalt y con la pérdida probable de la alcaldía de Berlín el mismo día, la pregunta del lunes será si el canciller sigue en pie. En la CDU se manejan ya nombres de relevo —Hendrik Wüst, Boris Rhein, Markus Söder— aunque ninguno de ellos tiene incentivo para mover ficha con una legislatura federal recién empezada.
La otra cara de la moneda es el SPD. Un triunfo de Schwesig sería el primer resultado claramente bueno del partido desde 2021 y le daría a su dirección federal un argumento contra la creciente presión interna sobre la agenda de reformas pactada con la Unión. Que Schwesig haya remontado atacando frontalmente a la AfD y no imitándola es, además, una tesis estratégica con consecuencias: si funciona en el land más envejecido y peor pagado del este, la dirección del SPD tendrá difícil justificar el giro restrictivo que reclaman algunos de sus barones.
Y luego está el cálculo frío de la coalición federal. Ningún socio del gobierno de Merz tiene interés en romper: unas elecciones anticipadas, con la AfD instalada por encima del 40% en el este, solo beneficiarían a la derecha radical. Eso significa que, gane quien gane el domingo en Schwerin, el resultado más probable en Berlín no es una crisis abierta sino algo más corrosivo: una coalición que sigue en pie porque ninguno de los dos socios se atreve a tumbarla.
Qué mirar el domingo
Los colegios cierran a las 18:00 y las primeras proyecciones llegarán de inmediato. Tres indicadores dirán más que el titular. El primero, la participación: en 2021 se quedó en el 70,7% y en Sajonia-Anhalt la AfD ganó con un récord del 77,8%; cada punto adicional de movilización favorece hoy a quien más abstencionistas tenga en la recámara. El segundo, los 36 distritos uninominales: el SPD ganó 34 hace cinco años y un derrumbe ahí obligaría a rehacer el Landtag con mandatos compensatorios. El tercero, y decisivo, el marcador de la CDU: si empieza con un 4 delante, el resultado de Mecklemburgo dejará de ser una noticia regional.
En el cierre de campaña de Warnemünde, con un coro marinero al pie del faro y media docena de ministros presidentes socialdemócratas arropándola, Schwesig resumió la situación en una frase que sirve también de advertencia sobre lo que valen los sondeos: el repunte del SPD, dijo, todavía no es un resultado. Frente a ella, en un pabellón de Neubrandenburg, novecientas personas coreaban el nombre del ganador de Sajonia-Anhalt mientras tres mil quinientas se manifestaban en la puerta. Mañana se sabrá cuál de las dos imágenes describía mejor a Mecklemburgo.






















































































































































































































































































































































































































































































































































































































