La CDU podría cruzar esta noche una frontera que nunca había cruzado en el este de Alemania: quedarse fuera de un parlamento regional. En Mecklemburgo-Antepomerania, el partido que gobernó el land durante décadas y que llegaba a la cita con doce escaños se ha quedado en el entorno del 5% y pelea por no desaparecer del Landtag de Schwerin. Dos semanas antes había perdido veinte puntos en Sajonia-Anhalt. Y en Berlín, aunque el resultado es menos malo, se queda sin ninguna opción de gobernar. Friedrich Merz ha reconocido el «desastre» y ha pedido paciencia. La pregunta es cuánta le queda.
Un año electoral partido en dos mitades
El 2026 electoral alemán empezó bien para los democristianos y ha terminado en catástrofe. En marzo, la CDU sumó más de cinco puntos en Baden-Wurtemberg —aunque se quedó a medio punto de los Verdes de Cem Özdemir— y ganó Renania-Palatinado con el 31,0% de los votos de lista, donde Gordon Schnieder arrebató a la SPD un land que los socialdemócratas gobernaban desde 1991. Aquellos dos resultados de la primavera sostuvieron durante meses el argumento de Merz: que la Unión era el único dique frente a la AfD. El otoño ha desmontado esa tesis en tres domingos.
| ELECCIÓN | FECHA | CDU | VAR. | RESULTADO |
|---|---|---|---|---|
| Baden-Wurtemberg | 8 mar | 29,7 | +5,6 | Segunda, a medio punto de los Verdes |
| Renania-Palatinado | 22 mar | 31,0 | +3,3 | Victoria; Schnieder, ministro-presidente |
| Sajonia-Anhalt | 6 sep | 17,2 | −19,9 | Pierde el gobierno; AfD 43,8% |
| Berlín | 20 sep | ~18,8 | −9,4 | Pierde el Ayuntamiento Rojo |
| Mecklemburgo-Ant. | 20 sep | ~4,8 | −8,5 | Al borde de quedarse fuera del Landtag |
El dato de Schwerin no tiene precedente. La CDU ha estado en el parlamento de Mecklemburgo-Antepomerania desde la reunificación, gobernó el land entre 2006 y 2021 como socio de los socialdemócratas y todavía lo era hasta hace cinco años. Quedarse por debajo del 5% en un land del este no es un mal resultado: es la desaparición institucional de un partido que aspira a ser la alternativa de gobierno en toda Alemania. Y llega apenas dos semanas después de que Sajonia-Anhalt le costara veinte puntos y el gobierno regional a Sven Schulze, uno de los ocho ministros-presidentes democristianos.
La respuesta de Merz: reconocer el desastre, no cambiar el rumbo
El canciller había convocado al presídium de la CDU en la sede del partido para seguir la noche electoral, una señal de que esperaba lo peor. Compareció poco después de los primeros datos y no intentó maquillarlos.
«El resultado de Mecklemburgo-Antepomerania no lo podemos maquillar: es un desastre»
CDUFriedrich Merz, canciller federalSu explicación del descalabro en el noreste fue de mecánica electoral más que de política nacional: la CDU, dijo, quedó «triturada» en la polarización entre la SPD y la AfD, y le faltó el viento de cola de la política federal. Del resultado de Berlín habló en cambio como de algo «decente», y agradeció expresamente a Stefan Evers haber levantado la candidatura en unas condiciones imposibles, con apenas diez semanas de campaña tras la retirada de Kai Wegner.
El resto de su intervención fue una defensa cerrada del rumbo: «Alemania es capaz de reformarse», insistió, y anunció que la coalición con la SPD mantendrá su agenda de reformas sin diluirla. Añadió una lectura cultural del momento —el tono social se ha vuelto «más áspero e irreconciliable», la confianza en las instituciones cae y los partidos radicales la erosionan aún más— y confirmó lo que sus críticos internos querían oír menos: piensa seguir siendo canciller. En esencia, Merz pide tiempo. El problema es que buena parte de su partido ya no cree que las reformas vayan a dar fruto antes de que lleguen las siguientes urnas.
Qué opciones tiene para frenar la crisis
La discusión sobre la continuidad de Merz no empezó anoche. Venía de Sajonia-Anhalt, se disparó cuando los sondeos nacionales situaron a la AfD en torno al 27% frente al 21% de la Unión y se volvió insostenible cuando el ARD-DeutschlandTrend midió su aprobación personal en el 13% y una encuesta de INSA para Bild encontró que solo el 14% de los alemanes —incluida una mayoría de votantes de la Unión— lo consideraba el canciller adecuado. Estas son las salidas sobre la mesa.
Es la opción elegida: mantener la coalición, acelerar las reformas y confiar en que la economía y el calendario den un respiro antes de la primavera de 2027. Juega a su favor que los ocho ministros-presidentes de la CDU firmaran el 16 de septiembre una declaración conjunta contra los debates de personal. Juega en contra que aquel texto, cuidadosamente negociado, no mencionara ni una sola vez el nombre de Merz: hablaba solo de «el canciller federal».
El llamado Kanzlertausch. Los dos nombres que circulan son Hendrik Wüst, ministro-presidente de Renania del Norte-Westfalia, y Markus Söder, líder de la CSU. El obstáculo es doble: Wüst tiene su propia reelección en abril de 2027 y no se moverá antes, y un cambio de canciller a mitad de legislatura exigiría o bien una cuestión de confianza o bien una moción constructiva, con todo lo que eso significa a la vista de lo ocurrido con el gobierno de Scholz.
Circuló como hipótesis y la Cancillería la desmintió tajantemente. Los ministros-presidentes la rechazaron de forma explícita en su declaración: Alemania necesita «un gobierno federal estable y capaz de actuar con mayoría propia en el Bundestag». Söder ha sido igual de rotundo, recordando los cuatro meses posteriores al final del tripartito de Scholz, cuando, según él, «ya no se movía nada».
La tentación que asoma cada vez que la AfD gana: revisar el veto a cualquier cooperación. La declaración de los länder cerró esa puerta por la vía positiva —la CDU está dispuesta a colaborar «con todas las fuerzas democráticas»—, pero la presión aumentará en Sajonia-Anhalt, donde la AfD tiene 39 de 83 escaños y ninguna mayoría alternativa se ha formado todavía. Cada semana sin gobierno en Magdeburgo refuerza el argumento de que la estrategia de aislamiento no funciona.
Las próximas citas clave
La buena noticia para Merz es que, tras esta noche, no hay ninguna elección regional durante siete meses. La mala es que, cuando vuelvan, llegarán tres en dos semanas y en territorios donde la CDU sí tiene algo que perder.
La reunión del día después. Es el foro donde, según se especuló tras Sajonia-Anhalt, podría comunicársele a Merz que ha perdido la confianza de la dirección. Su capacidad de imponer el relato de esta noche se mide aquí.
Sajonia-Anhalt sigue sin ministro-presidente y la AfD reclama el mandato de gobernar. En Berlín, Die Linke negociará con socialdemócratas y verdes. En Schwerin, Schwesig intentará su tripartito. La CDU no pinta nada en ninguno de los tres, y esa irrelevancia es en sí misma un mensaje.
La 18ª Bundesversammlung se reúne en el Reichstag para elegir sucesor de Frank-Walter Steinmeier, cuyo mandato expira el 18 de marzo y que no puede repetir. La coalición negro-roja dispone de mayoría propia en la asamblea, así que el cargo es, además de un símbolo, una moneda de cambio interna: el nombre que se acuerde dirá mucho sobre quién manda en la Unión.
Dos elecciones el mismo día y en direcciones opuestas. En el Sarre gobierna la SPD con mayoría absoluta y la CDU parte desde muy abajo; en Schleswig-Holstein, Daniel Günther es uno de los pocos activos intactos que le quedan al partido. Un tropiezo de Günther sería devastador; una victoria holgada, el primer alivio en un año.
El land más poblado de Alemania y el feudo histórico de la CDU occidental, con Hendrik Wüst jugándose la reelección una semana después de las otras dos. Es la cita que explica buena parte de la coreografía interna: Wüst no tiene ningún incentivo para asaltar la Cancillería antes de esa fecha, y sí todos los incentivos para que Merz no siga arrastrando a la marca en las encuestas. Será, además, el primer test serio del voto occidental tras el ciclo del este.
El land más pequeño y un bastión socialdemócrata desde la posguerra. Poco en juego en términos de poder, mucho en términos de titular si la AfD vuelve a crecer en el oeste urbano.
Cierra el ciclo de 2027. La CDU llega en forma: ganó las municipales de septiembre pese a perder apoyos, con la AfD triplicando resultados hasta el 15,9%. Si Merz sigue en el cargo, esta será su última gran prueba antes del tramo final de la legislatura.
Söder se juega su propia reelección en Baviera y Boris Rhein la suya en Hesse. Es también la antesala inmediata de la campaña federal, el momento en que la Unión deberá decidir su candidato a canciller.
En primavera, Bundestag y Parlamento Europeo. En otoño, Sajonia, Turingia y Brandeburgo, los tres länder donde la AfD lleva años por encima del 30%. Si el ciclo actual se prolonga, ese otoño de 2029 puede ser el momento en que la ultraderecha gane tres parlamentos en un mismo trimestre.
La CSU: sostener a Merz sin comprometerse con él
La posición de Markus Söder ha sido, en apariencia, de lealtad. «De la CSU no saldrá en ningún caso un derrocamiento del canciller», ha repetido, y ha descrito la presión sobre Merz como una campaña «brutal», alimentada por actores externos: señaló que tanto Donald Trump como Vladímir Putin hicieron campaña abierta por la AfD durante la jornada de Sajonia-Anhalt. Junto al sajón Michael Kretschmer ha advertido de que un segundo derrumbe consecutivo de un gobierno federal, después del de Scholz, sería para la ultraderecha «un penalti sin portero».
Pero el apoyo viene con una cláusula que no conviene pasar por alto. Preguntado por lo que pueda hacer la CDU, Söder respondió que de ese partido «no soy responsable, no soy yo el presidente». Y a la pregunta de si la coalición aguantará hasta 2029 contestó con un escueto «eso espero». Es un respaldo que protege a la CSU de la acusación de conspirar y, al mismo tiempo, deja a la CDU la responsabilidad entera de lo que decida hacer con su líder. Söder lleva casi una década siendo la alternativa permanente que nunca llega a serlo, y el cálculo bávaro es reconocible: no cargar con el coste del magnicidio, permanecer disponible si otros lo cometen y llegar intacto a su propia reelección de 2028, la antesala de la designación del candidato a canciller para 2029.
Esa es, en el fondo, la situación de Merz esta noche. Nadie en la Unión quiere empujarlo, porque el precio de hacerlo lo pagaría quien empuje; pero nadie escribe ya su nombre en los comunicados de apoyo. Tiene siete meses sin elecciones para demostrar que las reformas funcionan y que el 21% nacional es un suelo y no un tobogán. El calendario le da ese margen. La aritmética de su propio partido, probablemente, algo menos.


























































































































































































































































































































































































































































































































































































































