Dos länder votan el mismo domingo y lo hacen por motivos casi opuestos. En Berlín la campaña ha girado alrededor de lo que los berlineses tienen delante de su portal: el alquiler, la basura, el carril bici, la sensación de inseguridad y una administración que no termina de funcionar. En Mecklemburgo-Antepomerania el debate ha sido otro: energía cara, escuelas sin profesores, un medio rural que se vacía y un duelo directo entre la ministra-presidenta socialdemócrata y el candidato de AfD, dos semanas después de que la ultraderecha ganase en Sajonia-Anhalt. Repasamos los ejes de ambas campañas, lo que propone cada partido y quién es cada uno de los candidatos que se disputan el poder.
Berlín: la vivienda se lo comió todo
Las grandes visiones sobre el futuro de la capital han brillado por su ausencia. La campaña berlinesa se ha librado en el terreno de lo cotidiano, y dentro de ese terreno un asunto ha aplastado a todos los demás: el precio de la vivienda. No es casual. Alrededor del 85% de los hogares berlineses viven de alquiler, y la ciudad arrastra sin resolver el resultado del referéndum de 2021 en el que una mayoría de votantes se pronunció a favor de expropiar —técnicamente, socializar— los grandes grupos inmobiliarios con más de 3.000 viviendas en la ciudad.
Ese expediente abierto ha ordenado el mapa. Die Linke ha hecho de la socialización su marca de fábrica y exige aplicar el referéndum ya; los Verdes se muestran abiertos; el SPD tiene un acuerdo de congreso que compromete su ejecución, pero su candidato prefiere hablar de construir; CDU y FDP lo rechazan de plano, y el propio senador de Finanzas encargó un dictamen que concluía que el proyecto era ilegal, un informe que la iniciativa ciudadana rebate. La factura de las indemnizaciones —miles de millones— es el nudo que puede atascar cualquier negociación de coalición a partir de mañana.
«Con nuestra casa no se puede especular»
Die LinkeElif Eralp, candidata a alcaldesa-gobernadoraEl segundo eje ha sido la seguridad, y llegó por la vía de los hechos. El 3 de enero, un ataque incendiario contra un puente de cables —reivindicado por un grupo de la extrema izquierda— dejó a unas 100.000 personas del suroeste de la ciudad sin luz ni calefacción durante días, en pleno invierno. El 26 de julio, una furgoneta embistió a la multitud que celebraba el Christopher Street Day junto al Tiergarten: una mujer murió y 29 personas resultaron heridas en un atentado que la fiscalía atribuye a un islamista de 21 años conocido por la policía. Los dos episodios han empujado el debate hacia la protección de infraestructuras críticas, la nueva ley de policía aprobada a finales de 2025 —con facultades ampliadas de videovigilancia que la oposición de izquierdas considera un recorte de derechos— y propuestas como las zonas libres de cuchillos o la videovigilancia asistida por inteligencia artificial que defiende la CDU.
El tercer eje es el modelo de ciudad: tráfico, limpieza y administración. La prolongación de la autopista urbana A100 y la marcha atrás en carriles bici enfrentan a la coalición saliente con Verdes y Linke; el estado del transporte público, la suciedad en el espacio público y los tiempos de tramitación administrativa aparecen en todos los programas. A ello se han sumado los accidentes políticos del mandato: el caso de las subvenciones culturales que el Tribunal de Cuentas calificó de manifiestamente ilegales y que costó el puesto a la senadora de Cultura, la retirada de Kai Wegner en julio tras su gestión del apagón, las acusaciones de plagio contra la senadora de Justicia y, ya en la recta final, la apertura de diligencias contra el candidato socialdemócrata por un procedimiento de adjudicación en su anterior cargo —él niega los hechos y rige la presunción de inocencia—. De fondo, la candidatura olímpica de Berlín, que se decide en noviembre y que la izquierda ha usado como contraste: alquileres asequibles antes que Juegos. Votan por primera vez los jóvenes de 16 y 17 años, unos 50.000 nuevos electores.
Qué propone cada partido en Berlín
Seguridad y orden, un Estado que funcione y crecimiento económico. Refuerzo de policía y justicia, mano dura contra el crimen organizado y expulsiones más rápidas de delincuentes extranjeros. En vivienda apuesta por obra nueva, licencias más ágiles y fomento de la propiedad, y rechaza la socialización de las grandes inmobiliarias. Más dinero para carreteras sin renunciar a mejorar la red ciclista, digitalización de la administración y una política climática orientada a la tecnología y la innovación.
Programa Wieder Berlin, centrado en la asequibilidad. Promete 100.000 viviendas nuevas, licencias aceleradas y reconversión de oficinas vacías, además de un registro de alquileres, una inspección de rentas y las bases jurídicas para un tope al alquiler. Mantiene la gratuidad desde la guardería a la universidad, comedor y abono escolar gratis, veto al móvil en primaria y más plazas de jornada completa e inclusión. En seguridad, más medios para policía y justicia junto a prevención y protección civil y cibernética.
Clima, alquileres y ciudad justa. Berlín climáticamente neutral en 2040, un millón de árboles más, obligación solar en edificios públicos y transformación en «ciudad esponja». Su ley de alquileres asequibles obligaría a los grandes caseros a ofrecer parte de los pisos muy por debajo del precio de referencia; también reconversión de oficinas y rechazo a edificar en el borde del Tempelhofer Feld. Paran la A100, piden vetar los vuelos privados en el BER y un abono climático gratuito para jóvenes. Contra la basura: tasa de envases y recogida gratuita de enseres.
Todo gira en torno al alquiler. Un año de congelación en las empresas públicas de vivienda y, después, subidas limitadas al 1% anual; un programa municipal de 7.500 viviendas al año; y ejecución del referéndum Deutsche Wohnen & Co enteignen para socializar los grandes patrimonios privados. Añade impuesto a las villas de lujo, ampliación del transporte público con congelación de tarifas, refuerzo de la sanidad y los servicios sociales, neutralidad climática en 2040 y el clima como objetivo en la Constitución del land.
Migración, seguridad interior, vivienda, escuela y tráfico. Reclama más policía, una policía de distrito adicional, sanciones más duras, una limitación estricta de la inmigración y muchas más deportaciones. En vivienda quiere reducir la regulación, facilitar la obra privada y la propiedad y dar preferencia a los berlineses en la adjudicación de pisos y suelo público. En educación, rendimiento y disciplina, alemán como lengua escolar, mantenimiento del sistema escolar segregado y rechazo a los programas de diversidad. La Oficina Federal de Protección de la Constitución la considera desde 2021 caso sospechoso de extremismo de derecha.
Libertad económica, menos burocracia y propiedad. Su idea más llamativa es el Frei-Kiez: una zona económica especial en un terreno sin edificar —por ejemplo, parte del Tempelhofer Feld— donde ensayar excepciones regulatorias. Defiende edificar el borde del Tempelhofer Feld, rechaza las socializaciones, pide un año preescolar obligatorio con pruebas de nivel de alemán, más presencia policial, limpieza y un curso estricto de consolidación fiscal con privatizaciones de empresas públicas del land.
Se presenta por primera vez en Berlín con un programa de 60 páginas, Berlin – Mit uns endlich vernünftig und gerecht. Combina política social de izquierdas con posiciones restrictivas en migración e identidad: ampliación del parque público de vivienda, tope federal al alquiler, apoyo a la socialización, preescolar y competencias básicas en la escuela, alivio para pymes y artesanos, refuerzo policial, crítica a la «cancelación» y a la wokeness, más democracia directa y revisión de la gestión de la pandemia. Se define como el «partido berlinés de la paz»: contra el rearme y los envíos de armas.
Aspira por primera vez a entrar en el Abgeordnetenhaus. Su eje es una administración digital, automatizada y evaluada por resultados, combinada con consejos ciudadanos, presupuestos participativos y más transparencia. En vivienda busca suelo para 300.000 pisos adicionales; en educación, preescolar obligatorio, pruebas tempranas de idioma, mejores ratios en guarderías, garantía de plaza de formación profesional y alojamiento barato para aprendices. Ofensiva solar, urbanismo resiliente y más cooperación con Brandeburgo.
Los candidatos de Berlín
Nació en Herdecke (Renania del Norte-Westfalia), creció en Paderborn y vive en Berlín desde 1999. Estudió Derecho en la Universidad de Potsdam y trabajó como asesor de diputados de la CDU en el Bundestag. Es diputado del Abgeordnetenhaus desde 2011, cargo que estrenó ya como vicepresidente del grupo parlamentario hasta 2018; fue portavoz de la gestión del grupo entre 2018 y 2023 y secretario general del partido en Berlín desde finales de 2016 hasta el otoño de 2023. Desde 2023 es senador de Finanzas y número dos del gobierno regional, y desde la primavera de 2026 asumió además Cultura tras la dimisión de la titular. Llegó a la candidatura en julio, a diez semanas de la votación, cuando Kai Wegner renunció; también preside el partido en funciones. Tiene fama de estratega rápido y polemista duro en campaña, y ha planteado estos comicios como una elección de bloques contra «los radicales».
Nacida en Múnich, es hija de socialistas que huyeron de Turquía, una biografía que ha situado en el centro de su discurso público. Jurista de formación y vecina de Kreuzberg, fue miembro de la dirección regional de Die Linke entre 2018 y 2023 y es diputada desde 2021, donde ejerce de vicepresidenta del grupo y portavoz de migración, participación y antidiscriminación. Su nominación, en otoño de 2025, se impuso a la opción de perfil más conocido de Katja Kipping y marcó un giro hacia la confrontación con la CDU. Ha hecho campaña puerta a puerta y en redes, con el alquiler como única gran bandera —tope a las rentas, impuesto a las villas de lujo y socialización de las grandes inmobiliarias—, ha citado a Zohran Mamdani como referente y ha rechazado priorizar la candidatura olímpica. Sus semanas más difíciles llegaron con las acusaciones de tolerancia hacia el antisemitismo en sectores de su partido, a las que respondió con un plan de cinco puntos.
Nacido en Hannover en 1979 y afiliado al SPD desde 1998, hizo casi toda su carrera en Berlín: jefe de gabinete de dos senadores de Educación, responsable de la coordinación federación-länder del grupo parlamentario socialdemócrata y, entre 2014 y 2021, secretario de Estado de Ciencia e Investigación con Michael Müller, etapa en la que fue de facto el hombre fuerte de la política universitaria. En 2021 ganó la presidencia de la Región de Hannover —un cargo comparable al de un presidente de diputación para 1,2 millones de habitantes— tras imponerse en segunda vuelta, y de ahí lo rescató el SPD berlinés en 2025 para intentar frenar su declive. Es copresidente del partido junto a Bettina König desde la dimisión de la anterior dirección y se presenta por el distrito de Südende. Cultiva un perfil de gestor pragmático más que de político de izquierdas, con la «mafia del alquiler», la limpieza y la ciudad amable con las familias como ejes. En la recta final, la fiscalía de Hannover abrió diligencias contra él por un procedimiento de adjudicación; niega las acusaciones.
Nacido en el Alto Palatinado bávaro, hijo de familia obrera y abiertamente gay, Graf suele describir Berlín como la ciudad que le dio libertad. Adscrito al ala izquierda del partido, aunque sin fama de dogmático, fue durante años dirigente de los Verdes berlineses antes de pasar a copresidir el grupo parlamentario junto a Bettina Jarasch, exsenadora de Transportes, con la que ha formado el tándem de campaña bajo el lema Raus aus dem Rückwärts («fuera de la marcha atrás»). Su apuesta ha sido una campaña sobria y centrada en el contenido: vivienda asequible mediante la reconversión de oficinas vacías, apertura a la socialización, transporte público, carriles bici y clima. Ha descartado pactar con la CDU y defiende abiertamente una coalición con SPD y Die Linke, aunque su partido no cierra otras puertas.
Nacida en Bernburg (Sajonia-Anhalt), es diputada del Abgeordnetenhaus desde 2016, presidenta de la AfD berlinesa desde marzo de 2021 y jefa del grupo parlamentario desde septiembre de ese mismo año. Es la primera mujer que la AfD presenta como candidata al Ayuntamiento Rojo y repite como cabeza de lista por tercera vez consecutiva —2021, 2023 y 2026—, algo inédito en un partido acostumbrado a las guerras internas: su etapa al frente del land ha sido llamativamente estable y sin los grandes escándalos de otras federaciones. Se la considera parte del sector menos radical del partido; en 2021 se impuso a Beatrix von Storch en la pugna por el liderazgo. Su campaña se ha apoyado en un retrato sombrío de la capital —transporte que no funciona, escuelas y puentes deteriorados, violencia en el espacio público— y en los ataques a Wegner por la gestión del apagón. Todos los demás partidos descartan cualquier acuerdo con ella.
Berlinés de nacimiento (1975), creció en Wilmersdorf y vive en Steglitz. Se formó como empleado de banca en el Dresdner Bank antes de estudiar Derecho en la Viadrina y la Universidad Libre y ejercer como abogado; entre 2012 y 2017 trabajó en la dirección de la filial alemana de Rockwool. Afiliado desde 1993, fue diputado regional entre 2002 y 2011 y presidente del grupo liberal en el Abgeordnetenhaus de 2009 a 2011. Dirigió el partido en Berlín entre 2010 y 2012 y de nuevo desde 2018. De 2017 a 2025 fue diputado del Bundestag, miembro de la Comisión de Presupuestos y vicepresidente del grupo federal liberal encargado de política financiera. Su misión es devolver a la FDP al parlamento regional, del que quedó fuera en 2023; hereda el liderazgo tras la marcha del partido de Sebastian Czaja, cabeza de lista en las tres convocatorias anteriores.
King (Tubinga, 1969) es geógrafo de formación y vive en Berlín desde 2002. Militó casi un cuarto de siglo en el PDS y Die Linke, quince años de ellos como asesor del grupo parlamentario en el Bundestag, y llegó al Abgeordnetenhaus con esas siglas en 2021; en 2023 abandonó partido y grupo para sumarse al BSW, de modo que es el único diputado del partido en la cámara, sin grupo propio. Hoy copreside la federación berlinesa —con apenas un millar de afiliados— y encabeza la lista. Entre sus propuestas figuran una ley de amnistía por las sanciones de la pandemia, mantener a la Bundeswehr fuera de las escuelas y un veto ciudadano contra las leyes aprobadas por el parlamento regional. Le acompaña en el número dos Michael Lüders, islamólogo, publicista y conocido analista de Oriente Próximo, vicepresidente federal del BSW, que concurre al distrito de Neukölln 2 y centra su campaña en el electorado de origen extranjero.
Mecklemburgo-Antepomerania: la economía, la escuela y la ola azul
El noreste alemán vota con la mirada del resto del país encima. Dos semanas después de que la AfD ganase las elecciones de Sajonia-Anhalt, este land de 1,6 millones de habitantes se ha convertido en la segunda prueba de fuego del ciclo. La campaña se ha personalizado al extremo en el duelo entre la ministra-presidenta socialdemócrata, en el cargo desde 2017, y el candidato de la ultraderecha, que la desafía directamente en el distrito de Schwerin. La cadena RTL llegó a desinvitar de su debate a los candidatos de CDU y Die Linke para dejar un cara a cara entre ambos, decisión que indignó a los dos partidos excluidos.
El primer eje ha sido la economía y el coste de la vida. Aunque el PIB regional creció el año pasado muy por encima de la media alemana, el land sigue teniendo el paro por encima del promedio federal y los salarios más bajos del país; empresas y hogares se quejan del precio de la energía. Más del 70% del valor añadido procede de los servicios, con el turismo y una potente economía sanitaria —casi uno de cada cinco ocupados— como motores, junto a los astilleros, los puertos y una eólica marina en expansión. El segundo eje, la educación: pese a la contratación de cientos de profesores, la falta de docentes, el absentismo y el malestar escolar siguen siendo el gran punto débil del gobierno saliente, hasta el punto de que unos 800 estudiantes se manifestaron en Schwerin en marzo. El debate enfrenta a quienes quieren duplicar las escuelas comunitarias e impulsar la inclusión (SPD, Verdes, Die Linke) con quienes defienden mantener los centros de educación especial y reforzar los Gymnasien (CDU, AfD, BSW).
«28 años de SPD» y «un país arruinado»: el eslogan con el que la ultraderecha cerró su campaña
AfDLeif-Erik Holm, candidato a ministro-presidenteEl tercer eje es la energía, y ahí la fractura es total. SPD, Verdes y Die Linke quieren acelerar la transición con eólica, solar e hidrógeno verde; la CDU comparte el rumbo pero pide hacerlo «con mesura»; AfD y BSW reclaman la reapertura del Nord Stream 2 y el regreso del gas ruso, y la ultraderecha añade la vuelta a la energía nuclear y un mayor uso de combustibles fósiles. Muy cerca de esa discusión aparece la seguridad y la defensa: el BSW pide detener la ampliación de la infraestructura militar, incluido el cuartel general de la OTAN para el Báltico en Rostock, mientras el gobierno regional presume de los contratos multimillonarios atraídos a los astilleros.
El cuarto eje es el medio rural, decisivo en un land con la menor densidad de Alemania: consultas médicas en la comarca, transporte público, vida en los pueblos. La CDU promete igualar condiciones de vida entre campo y ciudad, el SPD insiste en la atención sanitaria de proximidad, Verdes e izquierda apuestan por abonos de transporte más baratos y la AfD enfoca el problema en clave demográfica con un cheque de bienvenida de 3.000 euros por bebé para ciudadanos alemanes y más peso para el coche. Cierra el cuadro la migración y la seguridad —el land tiene la menor proporción de población de origen extranjero de toda Alemania, un 9%, pero la ultraderecha ha hecho de ella «la madre de todas las crisis»— y, en las últimas semanas, la irrupción de los asuntos federales: las reformas sociales del gobierno de Berlín y, en particular, la supresión de la jubilación anticipada sin penalización a los 63 años tras 45 años cotizados.
Qué propone cada partido en Mecklemburgo-Antepomerania
Programa Aufschwung, Zusammenhalt und Respekt. Un plan de inversiones de casi 2.000 millones de euros adicionales en infraestructuras, una banca pública regional de fomento y la suspensión durante dos años de varias obligaciones de información para las pymes. En educación, más de 1.000 millones para colegios, mantenimiento de las guarderías gratuitas, un «pacto educativo» que alivie la carga lectiva de los docentes, devolución de 400 profesores desde la administración a las aulas y refuerzo del trabajo social escolar. Apoyo a astilleros, puertos, artesanía y tecnologías de futuro, atención médica en la comarca y nuevos instrumentos de participación ciudadana.
Seguridad, migración, escuela y un cambio de rumbo económico y energético. Quiere mejor dotación para policía y justicia, «ayudantes voluntarios de seguridad», una policía de fronteras y retornos propia y una inmigración filtrada por profesión y cualificación. En educación, escolarización de los niños con discapacidad en centros especiales y mantenimiento del sistema segregado. En economía, energía asequible, menos burocracia y supresión del impuesto al CO₂ y de la ley de adjudicaciones con cláusulas salariales. Reapertura del Nord Stream 2, vuelta a la nuclear y rechazo a seguir ampliando las renovables. Su candidato promete además denunciar de inmediato el tratado del audiovisual público.
Alivio para las empresas mediante reducción de burocracia y digitalización, licencias más rápidas y mejores condiciones para invertir, con el foco en la pyme, la artesanía y la industria manufacturera. Promete un cheque vivienda para familias de ámbito regional y condiciones de vida equiparables entre el campo y la ciudad. En educación, los niños sin suficiente nivel de alemán quedarían aplazados en su escolarización y pasarían por programas obligatorios de refuerzo lingüístico; defiende los Gymnasien y la atención a los alumnos de altas capacidades. Refuerzo de personal en policía y justicia y renovables «con mesura».
Socio menor del gobierno desde 2021, con dos ministras. Reclama grupos más reducidos en las guarderías y una plaza de trabajador social en cada colegio, y quiere convertir los centros de educación especial en escuelas ordinarias inclusivas. Apuesta por las empresas municipales y cooperativas de vivienda, un plan de acción contra la pobreza y el transporte público gratuito para los menores de 21 años. Pide que las ayudas públicas y los contratos se condicionen a salarios de convenio y buenas condiciones laborales, con apoyo preferente a pequeñas empresas y artesanía.
Clima y energía por encima de todo. Quieren inscribir la protección del clima como objetivo de Estado en la Constitución del land y alcanzar la neutralidad en gases de efecto invernadero en 2035. Su medida más original: quien viva cerca de un parque eólico o solar dejaría de pagar peajes de red. La electricidad barata de origen renovable debería servir de imán para atraer industria electrointensiva, en una estrategia de transformación verde, innovación y valor añadido regional. Completan el programa la ampliación del transporte público y abonos más baratos en el medio rural.
Entraron cinco diputados en 2021, pero una expulsión y una baja les dejaron sin grupo parlamentario. Proponen dotar a los colegios de presupuesto propio y volver a un sistema escolar de varias vías. En economía, liberar a las pymes de burocracia simplificando la ley de contratación pública y suprimiendo la prohibición de abrir en domingo. Reclaman mejores infraestructuras de transporte, internet en todo el territorio y un Estado de derecho modernizado, bajo el lema de campaña «¿Quieres romper algo? Nosotros también».
Pide que el land se comprometa con la paz y el desarme y que se detenga la ampliación de la infraestructura militar, empezando por el cuartel general de la OTAN para el Báltico en Rostock. En lo social reclama un salario mínimo de al menos 15 euros; en energía, la reanudación del suministro de gas ruso, aunque sin renunciar a ampliar las renovables. Quiere hacer a la región menos dependiente de las cadenas globales de suministro apostando por el valor añadido local, y es la única fuerza que se abre a una cooperación con la AfD bajo un ministro-presidente independiente en un «gobierno de expertos».
Los candidatos del noreste
Nacida en Fráncfort del Óder (Brandeburgo) y economista de formación tributaria, es la política más reconocible del noreste. Empezó en la política municipal, fue ministra de Asuntos Sociales del land y, entre 2013 y 2017, ministra federal de Familia en el gobierno de Angela Merkel. Regresó en 2017 para suceder a Erwin Sellering al frente del gobierno regional y del SPD de Mecklemburgo-Antepomerania; gobernó primero con la CDU y, desde 2021, con Die Linke. Fue vicepresidenta federal del SPD, colíder interina del partido en 2019 y presidenta del Bundesrat entre 2023 y 2024. Su marca son la política de familia y social —su proyecto insignia es la guardería gratuita—, el refuerzo de la economía y la defensa de los intereses del este alemán. Busca su tercer mandato con una campaña deliberadamente cercana, sin apoyos de Berlín y marcando distancias con el SPD federal; presenta como aval los grandes contratos atraídos al land.
Holm (56 años) es el candidato a ministro-presidente: nacido en Schwerin, electricista de formación y luego economista, trabajó durante años como locutor de radio, entre otras emisoras en la pública NDR, a la que hoy quiere aplicar la denuncia inmediata del tratado estatal del audiovisual. Es militante de la primera hora de la AfD, fue cabeza de cartel en 2013, entró en el Bundestag en 2017 y allí es portavoz de política económica del grupo; en 2023 se presentó a la alcaldía de Schwerin sin éxito. Esta vez desafía a Schwesig en su propio distrito y, llamativamente, no figura en la lista regional: si pierde el escaño directo se queda en Berlín. Encabeza la lista en su lugar Enrico Schult (47), topógrafo natural de Demmin, diputado regional desde 2021, copresidente del partido en el land y jefe del grupo parlamentario, especializado en educación y finanzas y para quien la «crisis migratoria» es «la madre de todas las crisis».
Politólogo y natural de Rostock, hizo sus primeras armas como colaborador de Eckhardt Rehberg, durante años jefe del grupo parlamentario democristiano en el land y después diputado federal de peso presupuestario. Hoy ocupa él mismo la primera fila de ese grupo en el castillo de Schwerin y preside la CDU regional. Ha hecho una campaña de proximidad reivindicando «el centro» del tablero y, de forma deliberada, sin traer a dirigentes federales: atribuye buena parte del enfado ciudadano con el gobierno de Berlín no al canciller sino a su socio socialdemócrata. Se muestra dispuesto a un gobierno en minoría si no hay mayoría clara, pero descarta coaliciones tanto con la AfD como con Die Linke.
Maestra y directora de colegio en Wismar antes de entrar en política, empezó en el ámbito municipal y llegó al parlamento regional en 2011, donde se labró un nombre como especialista en educación y acabó dirigiendo el grupo parlamentario. Desde 2021 es ministra de Educación y vicepresidenta del gobierno en la coalición rojo-roja, y repite como cabeza de lista tras haberlo sido ya en aquella convocatoria. Además del expediente educativo —del que responde ante los votantes con los malos datos escolares encima de la mesa—, representa el perfil más marcadamente izquierdista y antifascista de la campaña, que su partido ha sintetizado en el lema «Golpeamos hacia arriba». Quiere prolongar la coalición con el SPD.
Nacida en Rostock, estudió Baltic Management en Stralsund y trabajó en el sector turístico antes de dedicarse a la política. Economista de empresa y madre de dos hijos, fue presidenta de los Verdes en el land y es diputada del Bundestag; durante el gobierno tripartito de Olaf Scholz ocupó el cargo de coordinadora del Gobierno federal para la economía marítima y el turismo, una responsabilidad hecha a medida de su región. Llegó a la cabeza de lista a principios de año, en una reelección de la candidatura tras fuertes desencuentros internos. Su argumento de campaña ha sido el del fiel de la balanza: sostiene que sin los Verdes no habrá una mayoría democrática estable en Schwerin.
Schirmer encabeza la lista: jurista y profesor universitario, vive en el balneario báltico de Heringsdorf y defiende un Estado esbelto, una economía fuerte y un Estado de derecho modernizado. Le acompaña en el número dos Jessica Mendle, enfermera y empresaria autónoma. El dúo se ha presentado con la campaña «¿Quieres romper algo? Nosotros también», en un intento de recuperar el estatus de grupo parlamentario que los liberales perdieron a mitad de la legislatura por una expulsión y una baja voluntaria.
Schabbel (59), presidente del partido en el land, es berlinés de nacimiento y llega desde un terreno poco habitual en política: es naturópata y osteópata por cuenta propia, además de enfermero especializado y técnico de emergencias sanitarias, de modo que la política de salud figura entre sus prioridades. Le acompaña en el número dos Sabine Firnhaber (49), agricultora y empresaria cuya trayectoria política arrancó como coorganizadora de las protestas del campo; en 2020 fue elegida vicepresidenta de la asociación agraria regional, cargo que mantiene en suspenso mientras dura la campaña. El BSW se juega su primera entrada en el parlamento de Schwerin apenas dos años después de fundarse.
Lo que se decide esta noche
En Berlín, la pregunta de la noche no será solo quién queda primero, sino quién es capaz de atraer socios. La coalición saliente de CDU y SPD llega con serias dificultades para revalidar su mayoría, y la aritmética apunta a fórmulas a tres bandas: un bloque de izquierdas con Die Linke, SPD y Verdes, o una alianza de CDU, SPD y Verdes. El SPD, históricamente la columna vertebral de la ciudad, puede quedar como cuarta o quinta fuerza y aun así resultar imprescindible para formar gobierno, lo que anticipa una negociación larga y un debate interno feroz. La AfD, que aspira a ganar varios mandatos directos en los distritos del este —Marzahn y Hellersdorf, sobre todo—, queda fuera del juego: todas las demás formaciones descartan cualquier acuerdo con ella.
En Mecklemburgo-Antepomerania el dilema es más grave. Si la AfD resulta la fuerza más votada, seguirá sin poder gobernar: todos los partidos del parlamento saliente rechazan pactar con ella, y el BSW solo se ha abierto a una cooperación bajo un ministro-presidente independiente. Eso deja a Manuela Schwesig con dos caminos: encontrar un tercer socio —la CDU descarta a Die Linke, lo que complica cualquier combinación amplia— o intentar un gobierno en minoría. Cuántos partidos superen el 5% será, por tanto, tan decisivo como el orden de llegada. Tras el resultado de Sajonia-Anhalt, la noche electoral alemana volverá a medirse con la misma vara: hasta dónde aguanta el cortafuegos.


























































































































































































































































































































































































































































































































































































































