Hay finales que enfrentan a desconocidos. Esta no. Cuando el balón eche a rodar en Nueva Jersey, sobre el césped se encontrarán dos naciones que hablan la misma lengua, rezan a la misma virgen, comparten apellidos y guardan, cada una a su manera, la memoria de un divorcio del siglo XIX que tardó medio siglo en firmarse y una eternidad en cicatrizar. Este es el relato de esa relación: de la conquista al desencuentro, del desencuentro al reencuentro, y de un pasado que todavía asoma en cada roce diplomático del siglo XXI.
El origen: cuando Argentina era España
La historia común empieza en el barro. En 1536, el adelantado Pedro de Mendoza fundó junto al Río de la Plata un primer asentamiento condenado por el hambre y los ataques indígenas. Buenos Aires no arraigó de verdad hasta su segunda fundación, la de Juan de Garay en 1580. Durante más de dos siglos, lo que hoy es Argentina fue una periferia pobre y contrabandista del Imperio español, un territorio de espaldas a la metrópoli y de cara al mar prohibido.
Todo cambió en 1776, cuando Carlos III creó el Virreinato del Río de la Plata con capital en Buenos Aires. La ciudad dejó de ser un puerto marginal para convertirse en la cabeza de un vasto dominio que abarcaba la actual Argentina, Uruguay, Paraguay y buena parte de Bolivia, con la riqueza de la plata de Potosí de por medio. Fue la última gran reforma imperial: paradójicamente, la que dio a Buenos Aires la conciencia de sí misma que, treinta años después, la empujaría a romper con Madrid.
Un ensayo general de la independencia. Entre 1806 y 1807, Gran Bretaña intentó apoderarse de Buenos Aires en las llamadas Invasiones Inglesas. El virrey huyó, pero fueron los propios porteños quienes, organizando milicias criollas, expulsaron dos veces a los invasores. La lección quedó grabada: podían defenderse solos, sin España. La semilla del 1810 ya estaba plantada.
La herida: la guerra que separó a madre e hija
El desencuentro definitivo llegó con la Revolución de Mayo de 1810. Aprovechando que Napoleón había invadido España y encarcelado a Fernando VII, los criollos de Buenos Aires depusieron al virrey y formaron una Junta de gobierno propia. No fue una guerra “entre dos países” en sentido estricto —Argentina todavía no existía—, sino una guerra civil dentro del Imperio: patriotas contra realistas, muchos de ellos también españoles americanos. Pero su resultado fue la amputación de una de las joyas de la Corona.
La guerra fue larga y cruenta. El Ejército del Norte chocó una y otra vez contra las fuerzas realistas que bajaban desde el Alto Perú. Y de aquellos años emergió la figura que uniría para siempre a media Sudamérica: José de San Martín, militar formado, precisamente, en los ejércitos de España, que puso su experiencia al servicio de la emancipación.
Las batallas que decidieron la separación
Formalmente, las Provincias Unidas del Río de la Plata habían declarado la independencia en Tucumán, el 9 de julio de 1816. Pero España no lo aceptó. Durante décadas siguió considerando a Argentina un territorio rebelde, y el reconocimiento diplomático tardaría casi medio siglo en llegar.
El divorcio en papel: un reconocimiento tardío
No hubo grandes guerras directas entre la Argentina independiente y España —la distancia y la debilidad de ambas lo impidieron—, pero sí un largo período de hielo. España no firmó el Tratado de Reconocimiento, Paz y Amistad hasta 1859–1863, medio siglo después de la ruptura. Aun así, la sombra de la reconquista planeó sobre el continente: entre 1864 y 1866, la flota española combatió a Perú y Chile en la Guerra del Pacífico, y Argentina —recelosa de cualquier retorno imperial— simpatizó abiertamente con sus vecinos sudamericanos frente a Madrid.
Fue el último coletazo del viejo antagonismo. A partir de entonces, lo que había sido enemistad militar se transformaría en algo mucho más profundo y difícil de nombrar: una relación de sangre.
El abrazo: cuando media España se mudó a Argentina
Entre 1857 y 1930, más de dos millones de españoles —gallegos, asturianos, vascos, andaluces— cruzaron el Atlántico rumbo a Buenos Aires. Huían de la pobreza y de las guerras carlistas; buscaban las tierras fértiles de la pampa y el trabajo del puerto que crecía sin freno. Para muchos argentinos, “gallego” pasó a ser sinónimo de “español”, y la palabra “che” y el habla porteña se llenaron de ecos peninsulares.
Aquella marea humana reconstruyó, por otra vía, el vínculo que la guerra había roto. Ya no era la metrópoli imponiéndose a la colonia: eran familias enteras rehaciendo su vida y fundiendo dos culturas. El tango, el fútbol, el asado, la literatura de Borges y de Cortázar, todo lleva la huella de esa fusión. Hoy se calcula que más de la mitad de los argentinos tiene algún antepasado español.
El exilio a la inversa. El siglo XX invirtió el sentido del abrazo. Tras la Guerra Civil española (1936–1939), Argentina acogió a miles de refugiados republicanos: intelectuales, científicos, editores y artistas que enriquecieron la vida cultural del país. Editoriales como Losada o Sudamericana nacieron de aquella diáspora. Por primera vez, era España la que enviaba a sus exiliados al sur.
El pan y el poder: Perón y Franco
A finales de los años cuarenta, España vivía aislada y hambrienta tras la Segunda Guerra Mundial: las democracias vencedoras condenaban al régimen de Franco al ostracismo. Fue entonces cuando llegó una mano inesperada desde el sur. La Argentina de Juan Domingo Perón firmó en 1948 un protocolo que garantizó a España envíos masivos de trigo y carne a crédito, aliviando la escasez en un momento crítico.
El gesto tuvo su contrapartida diplomática. En 1947, Eva Perón realizó su célebre “Gira del Arcoíris” por Europa y fue recibida por Franco con honores de Estado en Madrid, ante multitudes. Dos regímenes autoritarios, muy distintos entre sí, sellaban una alianza de conveniencia que devolvía a la vieja metrópoli algo de aire y proyectaba a Perón como líder de la hispanidad. La relación entre madre e hija se había invertido una vez más: ahora era la hija quien alimentaba a la madre.
Iguales al fin: socios, inversores y viejas heridas
Con la llegada de la democracia a España (1978) y a Argentina (1983), la relación maduró hacia una asociación entre iguales. El V Centenario de 1992 y la creación de la Comunidad Iberoamericana institucionalizaron los lazos. En los años noventa, las grandes empresas españolas —Repsol, Telefónica, los bancos— desembarcaron en Argentina y se convirtieron en actores centrales de su economía.
Esa cercanía también generó fricciones muy modernas. La mayor fue la expropiación de YPF en 2012: el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner nacionalizó la filial argentina de Repsol, desatando una crisis diplomática y una larga batalla judicial internacional que todavía colea. Ya no eran ejércitos, sino tribunales de arbitraje; ya no era plata de Potosí, sino petróleo de Vaca Muerta. Pero el fondo —quién controla la riqueza del Plata— resonaba con ecos muy antiguos.
El último desencuentro. En 2024, la relación vivió su choque más sonado en décadas. Tras un intercambio de descalificaciones entre el presidente argentino Javier Milei y el Gobierno de Pedro Sánchez, España llamó a consultas a su embajadora en Buenos Aires en un episodio de tensión inédito entre dos gobiernos democráticos hermanos. La afinidad ideológica —o su ausencia— volvía a marcar la temperatura de una relación que nunca ha sido tibia.
Cinco siglos en una línea
1580
1810–1818
1863
1857–1930
1947–1948
2012–2026
Noventa minutos de historia
Cuando España y Argentina se enfrenten por el título mundial, no será solo un partido. Será el último capítulo de una relación que empezó con una conquista, se rompió en una guerra, se recompuso con dos millones de emigrantes y hoy se discute en tribunales y en redes sociales. Dos naciones que se separaron peleando y se reencontraron abrazándose, condenadas —por la lengua, por la sangre y por la historia— a mirarse siempre de frente. En el fondo, la final más íntima que podía deparar este Mundial.

























































































































































































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